Según los resultados del pasado mes de febrero sobre la audiencia que tienen las distintas cadenas televisivas, los telediarios de La 1 han alcanzado el punto más bajo de su historia. Un descenso en picado que se inició con el control doctrinal de TVE por parte de Podemos; y no digo por parte del Gobierno puesto que quien lo preside carece de doctrina alguna. Un descenso que coloca a esa televisión pública por debajo del de Antena Tres (el doble de seguidores), Telecinco y hasta de La Sexta. De hecho, las noticias de La 1 sólo son seguidas por lo más devoto de la sociedad autoproclamada «progresista».
La explicación del fenómeno es simple: nadie quiere aguantar que después de cada noticia le suelten un sermón laico de buenos y malos, es decir, lo buena que es la gente «avanzada» y lo malo que son los conservadores y el capitalismo; lo malísimo que es «lo privado» y lo buenísimo que resulta «lo público»; o sea, una simpleza.
Y es una lástima, porque TVE cuenta con los mejores corresponsales del periodismo español. Un periodismo malgastado bajo unas rígidas instrucciones sobre la línea ideológica a seguir y el vocabulario a emplear en los menores detalles. Pero puesto que la ideología es sólo simplificación del pensamiento, el discurso que transmite Televisión Española se construye a golpes de lugares comunes, frases hechas, ideas recibidas e imágenes manipuladas ampliadas y recortadas para que parezca lo que no es. A eso ha quedado reducido el púlpito de quienes alardeaban de una supuesta superioridad moral e intelectual. Ya han dejado de escucharles.





