Las imaginativas encuestas de José Félix Tezanos, donde siempre Pedro Sánchez aparece ganador, han vuelto a poner de manifiesto el dispendio que significa mantener un organismo oficial (el CIS) que ha perdido su prestigio al convertirse en mero artefacto propagandístico.
Se contaba de Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania nazi, que cuando ponía en circulación uno de sus bulos, éste daba la vuelta al mundo y al regresar a su punto de partida Goebbels era el primero en creerse aquel fabricado embuste. Lo mismo debe estar pasándole a Pedro Sánchez con los constructos del CIS.
La realidad no manipulada es fácil de resumir. En Madrid el Partido Popular gana y Sánchez pierde; en Castilla-León el PP queda el primero y el PSOE baja, Sánchez vuelve a perder. En las próximas elecciones andaluzas parece cantado que ocurrirá lo mismo; la figura de Sánchez (y no digamos nada si va acompañada de la de Zapatero) se convierte en nociva para el PSOE. Al sanchismo le quedan sólo dos años de vida. El nerviosismo histérico de la cadena SER, anunciando la inminente llegada del fascismo, saca a la luz el desconcierto de la supuesta izquierda española en retirada.
No parece previsible otro próximo futuro. Salvo que Pablo Casado se empeñe en seguir creyendo que Vox no existe.





