En 1522, cuando la imprenta aún era niña pero se expandía por toda Europa y los libros se abarataban, el escritor, impresor y librero veneciano Antón Francisco publicó un impreso donde daba la voz de alarma por los daños que estaba provocando la difusión de libros llenos de heterodoxias y obscenidades. Por fortuna para la civilización nadie le hizo caso y el libro barato (con herejías e inmoralidades incluidas) cambió el mundo. Quinientos años después la revolución digital vuelve a despertar las alarmas.
En el siglo XVI, uno de los estamentos perjudicados por la invención de la imprenta fue el de los copistas. Hoy, gente mucho más poderosa que el humilde copista se alza contra la revolución que suponen las redes sociales. Y llamo aquí «redes sociales» al conjunto que circula por Internet, compuesto de las opiniones individuales de ciudadanos libres, los periódicos digitales independientes, los blogs y sitios civilizadores que encontramos por ejemplo en facebook. Contra estas redes se han juramentado gobiernos y grandes imperios mediáticos.
Sin duda, Internet está lleno de basura y bulos, pero no peores que los que circulan por televisiones, periódicos y agencias informativas. Entre falsedades, noticias sesgadas, servidumbres al poder político y económico, y, sobre todo, ocultamientos de realidades incomodas esos medios están deslegitimados para condenar la información y opiniones que circulan por la red. Las evidentes mentiras de Fox News, la cadena televisiva más importante de Estados Unidos, acaban de poner de manifiesto la inmoralidad de esos imperios monopolizadores de la información.
Desde China hasta Lisboa, pasando naturalmente por España, se pretende censurar el último instrumento de libertad de expresión y pensamiento que les queda a legos y humanistas. Nos jugamos mucho en esta batalla por la libertad en las redes.





