Una nota previa y necesaria sobre esta «Tablilla» de hoy. Siento un enorme respeto y simpatía hacia el estamento médico y farmacéutico; por eso, si el lector aprecia un talante crítico en estas líneas sepa que no me refiero a ellos; también ellos son víctimas de la estulticia política.
Ayer mismo acudí a la farmacia para comprar pasta de dientes y una caja de Enalapril que regula la tensión y tomo desde hace treinta años sin necesidad de recetas. Esta vez, no obstante, la simpática joven que despachaba me sorprendió pidiéndome la receta. Le mostré mi asombro: comprendo que se exijan para despachar antibióticos u opiáceos, pero no conozco a nadie que ande «colocado» por ahí mascando pastillas contra la tensión alta. Ahora la autoridad nos obliga a exigirla, siguió la joven, la próxima vez que venga usted a lo peor le pedimos receta para un tubo de dentífrico.
La autoridad se divide en dos especies, a saber, la materna que protege y tutela a los hijos aunque ya sean mayores, y la paterna que los empuja a buscarse la vida cuanto antes. Dicho más seriamente: políticos intervencionistas que se meten hasta en nuestra vida privada y políticos de talante libertario que suelen dejarnos en paz. De momento, y en buena parte como efecto de la pandemia con sus confinamientos y prohibiciones, la autoridad materna e intervencionista ha ganado la batalla. Y sí, la próxima vez que vaya a mi médico le pediré una receta para un cepillo de dientes.





