Murió en 2015, pero su último libro («Diarios. A ratos perdidos»), obra póstuma pues, ha sido publicado en este año de 2021, hace sólo un par de meses. Me molesta referirme con espíritu crítico a alguien que ya no puede defenderse, de aquí que únicamente use las iniciales; sin embargo, los alardes publicitarios de la editorial y los elogios de sus afines me obligan a no guardar silencio. Ya va siendo hora de que hablemos sobre la inferioridad moral e intelectual de la progresía.
R. CH. Pertenece a la variedad comunista del progre: alusiones constantes a su padre obrero (por más que el autor no haya cogido en su vida un pico o una pala, sino que vivió siempre la soltería como un » burgués» acomodado), cierta nostalgia de Stalin, constante distinción pedagógica entre los autores «excelsos» (siempre de izquierdas) y los escritores «fachas» impresentables (todos los demás). He aquí una muestra referida a «Imán», la conocida obra de Sender: «Libro excelso escrito contra Dios, la Patria, el Rey, el Ejército que los defiende y la puta que los parió a todos ellos».
Pero qué bien escrita está la primera parte de estos «Diarios» donde narra día por día sus amores en el mundo gay y su alcoholismo. Lástima que en la segunda parte deje de contar cosas aunque sean desagradables y se dedique a pergeñar breves y superficiales ensayos sobre literatura, historia y filosofía, pues es aquí donde queda de manifiesto la ignorancia consuetudinaria característica del progrerío.
Confunde a Carlos V con su hijo Felipe II; reseña a «Heliópolis», la extraordinaria novela filosófica de Jünger, como propaganda nazi; cree que la figura heráldica y ficticia de los «mauritanos» que aparece con frecuencia en distintos escritos de Jünger son los «moros» del Magreb, lo cual le permite culpar a Jünger de racismo; y, en fin, como espectacular colofón de sus eruditas disertaciones llega a calificar de «franquistas» a todos los libros de Pérez Reverte.
Desde luego, no tiene pelos en la lengua cuando arremete contra la «corrección política» y el «lenguaje obligatorio», siendo así que en realidad él forma parte destacada de tales constructos. Fabulosa ceguera de la progresía. Un libro amargo y sin esperanza.





