El concepto de cultura es mucho más amplio de lo que suele entenderse por alta cultura. Paradójicamente no es un concepto cultural, sino metapolítico. El no comprenderlo así, y el no haberlo comprendido nunca, explica en España la brevedad de los gobiernos de derechas y el porqué del empeño de una mayoría de españoles por calificarse a sí misma como de izquierdas.
Cultura como término metapolítico no es gustar de la ópera, del gran arte, de la visita a los museos, de la profundidad y belleza de una novela; todo eso está muy bien y es el disfrute de una minoría selecta, de una aristocracia del saber y del espíritu. Pero yo, aquí y ahora, hablo de una interpretación del mundo y de la Historia, de ideas fuertes sin complejos ni miedos reverenciales, de un lenguaje reconocible, de tener claro que no sólo de pan vive el hombre.
Y he aquí otra nueva paradoja, pues resulta que la derecha tradicional española (hoy representada por el PP) coincide con la más genuina vulgata marxista y al estar convencida de que sí, de que sólo de pan vive el hombre, de que todo es economía, deja de esta manera libre el campo de la cultura para ser ocupado, no ya por la izquierda (desaparecida de España), sino por la progresía.
Entendámonos: no me estoy refiriendo a algo así como a incrementar el presupuesto del Ministerio de Cultura. Se trata más bien de no sentir vergüenza por el uso de palabras borradas del vocabulario progre («honor», «honra», «rango», «caballerosidad», «esfuerzo»… escribíamos en la Tablilla de la pasada semana). ¿Entiende lo que estoy diciendo el Partido Popular?





