Es confusión peligrosa en el lenguaje político igualar democracia con libertad. No son lo mismo; porque si bien es cierto que no hay libertad sin democracia, sí existe y han existido democracias sin libertades: la peor de las tiranías por ser la tiranía de los más sobre los menos.
Democracia significa poder de la mayoría, una forma histórica de organización social como cualquier otra; libertad, por el contrario, es uno de los derechos del hombre por nacimiento. La democracia sin libertad comparece en la vida de los pueblos cuando la mayoría, invocando precisamente la democracia, priva de sus derechos a la minoría empezando por quitarle su libertad de expresión. La censura. Es lo que está ocurriendo hoy en la democracia española.
Si critico la «ideología de género», si me río de la creencia supersticiosa en «el calentamiento global» provocado por el hombre, si rechazo la impostura de la Media Memoria Histórica, si me alarmo por la creciente inmigración ilegal que llega de África, si replico y no guardo silencio ante el antiteísmo (no hablo del agnóstico ni del ateo), si considero equivocado el dogma popular de que la mayoría siempre tiene razón, podría caer sobre mí todo el poder de la censura, ser despedido del trabajo y hasta acabar delante de un tribunal.
La creciente censura gubernativa sobre las opiniones, facilitada por los sucesivos estados de alarma, más la permanente vigilancia ejercida en las televisiones públicas no afectas al gobierno central por «sindicatos de la casa», genuinos neoinquisidores e inquisidoras de estricta obediencia progre, están llevando a España hacia el pensamiento único obligatorio. La democracia sin libertad. La mayoría totalitaria.






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No caben comentarios, si una ovación. Gracias, maestroi.