Es propio de los partidos que se radicalizan persistir en el error cuando fracasan, convencidos de que el fracaso se debe a no ser suficientemente radicales; y así hasta la extinción final.
Pedro Sánchez ha perseverado en su radicalización cometiendo dos errores que ya cometió antes en Madrid y en Castilla-León; errores que le han llevado al desastre de este domingo.
Su primera equivocación consiste en convertir unas elecciones locales en un plebiscito sobre sobre su persona en toda España, de modo que el domingo los candidatos socialistas a las diversas alcaldías y gobiernos regionales recibieron un bofetón que estaba destinado a Pedro Sánchez.
El segundo error consiste en su constante utilización del discurso del miedo: «El PP -nos dice- pretende aliarse con Vox para gobernar en España entera». Desgraciadamente para Sánchez los españoles le han perdido el miedo al partido de Abascal y ya nadie cree que se coma a los niños fritos, sobre todo cuando ese discurso del miedo viene de quien está apoyado por separatistas y los enemigos de la Constitución.
Los resultados del plebiscito no tienen marcha atrás, y en una maniobra desesperada Sánchez convoca ahora elecciones generales para finales del próximo mes de julio: ¿van a votarle los candidatos socialistas a regiones y alcaldías que han perdido por su culpa? (Por la culpa de Sánchez, naturalmente).





