Paso por delante de un kiosko y constato la rápida desaparición de los periódicos: cada vez se venden menos, y temo que de aquí a nada solo quedarán los diarios en papel que hayan sabido escapar a la trampa en que cayó el resto de los rotativos.
En los orígenes de la prensa periódica estaban claros sus fines: informar y sobre esa información crear una opinión pública. Lamentablemente en el siglo XXI por razones crematísticas o políticas se está ocultando mucha información; y lo que es peor, en lugar de formar la opinión los diarios siguen por lo general la opinión mayoritaria de la masa. Pero la masa por definición no lee, de modo que la minoría lectora abandona la populista desinformación impresa. Mala cosa, pues tampoco esa minoría ve la televisión, único producto del mercado que empeora con la competencia. Y esta es en efecto la trampa en que han caído muchos medios informativos. Hace un siglo que Ortega lo vio venir: «Un periódico o es creador de opinión o bien es siervo de ella».
Quedan internet y las redes sociales, tan denostadas. Es cierto que la información «on line» está llena de mentiras y bruticie, pero también existen en las redes sitios ejemplares, cultos y virtuosos. Hay centenares de diarios digitales independientes, grandes y pequeños; millones de blogs; infinidad de páginas llenas de información, análisis serios, y cultura. Hay pues donde buscar y elegir e incluso dar la propia opinión con toda libertad. Hoy por hoy (no sabemos si mañana) la censura está ausente de las redes.





