Muy al contrario de lo que opina una buena parte de opinadores y tertulianos es posible que el gobierno de Pedro Sánchez dure más de 20 años. Desde luego, está claro que la actual coalición gubernativa nunca se romperá por muchos roces y desencuentros que en su interior se produzcan. Sólo si en unas elecciones generales los escaños de la oposición suman la mayoría se producirá el gran cambio; cosa que depende de la misma oposición.
¿Es consciente Pablo Casado de este hecho elemental? Dada la práctica desaparición de Ciudadanos si el PP quiere gobernar un día no tiene más remedio que contar con Vox como aliado. Pero a un necesario y futuro aliado, guste o no guste, hay que tratarlo con guiños y buenas maneras, no con desplantes y ya imposibles cordones sanitarios. De aquí, los esfuerzos de Sánchez para impedir a toda costa esa posible concordia.
Desde hace algunas semanas en Andalucía el discurso de Juan Espadas no ofrece ninguna duda: el PSOE, como partido virtuoso, se ofrece sacrificadamente para apoyar los presupuestos de la Junta si el presidente del Gobierno andaluz da la espalda a Santiago Abascal. ¡Cabe mayor santidad! Un tosco y oxidado anzuelo para atrapar tortugas bobas. No descarto que alguna pueda picar.





