Allá por los años 50 del pasado siglo se contaba una anécdota, sin duda apócrifa, pero que retrata bien el carácter de los ingleses. Se trataba de una gran tormenta en el Canal de la Mancha que dejó al Reino Unido sin comunicaciones marítimas, sin teléfono y sin telégrafo. La BBC anunció: «El Continente ha quedado aislado». Una historieta que me viene a la cabeza estos días cuando se hace evidente el fracaso de la política de sanciones llevada a cabo por la Unión Europea contra Rusia.
La UE ha querido aislar a Rusia, cosa imposible. Rusia es mucho más que un país pues a su inmensidad territorial hay que añadir la China, la India, Irán, los países Árabes, gran parte del África negra. O sea, la mitad del mundo. Quien sí se está viendo perjudicada con el supuesto bloqueo antirruso es la Unión, y la OTAN, que por su parte se ha quedado sin armas y municiones. A comienzos del pasado mes de marzo la publicidad de la UE anunció llena de entusiasmo que treinta países apoyaban a Ucrania, olvidó añadir que a día de hoy el globo terráqueo tiene 192 países.
En vísperas de Semana Santa el Papa Francisco ha revelado la verdad de la actual situación: el pueblo ucraniano está harto de guerra y de un régimen autoritario y corrupto, las deserciones se multiplican, las destituciones punitivas políticas y militares no cesan y el 73 por ciento de la opinión ucraniana pide un acuerdo con Rusia. La rendición. De paso, el pontífice con sus declaraciones libera de la mordaza a los que no aceptan la propaganda de guerra convertida en discurso obligatorio.
Por cierto, tampoco resulta posible aislar al Papa.





