Si alguien lo tiene crudo en Andalucía para ejercer su labor política, esa es Susana Díaz, que a esta hora no sabe si las fechas que se aproximan son las de Navidad o las de Halloween y no sabe si ponerse un capirote o una peineta y el traje de flamenca.
A Susana Díaz no le han achicado el espacio electoral los partidos que le arrebataron al PSOE el gobierno de Andalucía, que la mantienen viva sólo por tenerla como ‘sparring’ y hacer guantes con ella, sino Pedro Sánchez y la turba peliaguda que apoya los Presupuestos Generales del Estado.
Cada nuevo acuerdo que anuncian Sánchez y Marichús Montero es, antes que nada, un zarpazo a las arcas andaluzas y un afrenta al bienestar de los ciudadanos y, como consecuencia de ello, cada vez que habla un socio de ERC, del PNV, de EH Bildu o de Podemos, Susana Díaz se cae a la piscina y se mete ella sola un remojón con los tacones puestos, como en una película de Charlot y de caricatos.
Nadie en el PSOE de Andalucía sabe qué decir y la manivela repetida de que VOX apoya a este gobierno ya aburre y no le dice a nadie nada, porque, pese a la impostura, nadie alcanza a ver cuál es el peligro al que se refieren y Susana sigue enjaulada por las excentricidades contra la Constitución y contra la Corona por parte del sanchismo.
Peligro cierto, le recuerdan a Susana, es que el secretario general de su partido haya empotrado la nave del Estado contra las rocas del separatismo y de los filoterroristas vascos. Tantos fustazos como ella se gastaba contra los podemitas andaluces para terminar tragándose en silencio, como el muppet de los teleñecos, las galletas comunistas a dos manos.
¿Truco o trato?, le preguntarán un día a Susana desde la ejecutiva federal de Madrid y ya no podrá guardar silencio y tendrá que pronunciarse de una vez si apoya que las transferencias presupuestarias al País Vasco se eleven un 102% mientras a Andalucía le roban hasta las alpargatas y nos sustituyen los túneles de la SE-40 que atraviesen el Guadalquivir por la barcaza de Antonio a la altura de Coria del Río.
Para colmo, va Moreno Bonilla y le reabre el Hospital Militar «Vigil de Quiñones» en Sevilla, aquel en el que ella misma enterró un pastizal de todos y que los suyos llenaron de promesas incumplidas y mentiras.
A cada medida que el comité de expertos de Jesús Aguirre en Andalucía recomienda, bajan los contagios; o sea, que las medidas les funcionan y ella, Susana, se queda agarrada a la brocha y sin escalera, sin saber qué decir y con el rigor mortis de una ex faraona embalsamada en su piso de Triana.
La única alegría que recibe Susana últimamente es que muchos de los suyos se están librando de las condenas de los ERE por prescripción de los delitos cometidos, pero, maldita sea la guasa, porque cada prescripción en uno de los suyos le cae a ella encima como una losa, porque nos recuerda a todos que esos delitos caducaron precisamente gracias al empeño que ella misma puso para que así sucediera, colocando a Emilio de Llera al frente de la Consejería de Justicia, maniobrando para sustituir a la juez Alaya o retrasando los expedientes, escondidos en cajas fuertes semi ocultas, que le solicitaban desde los juzgados.
Aún recuerdo a la tropa mediática que la parapetaba exhibiéndose sin el menor recato cuando defendía que ya la Junta había recuperado buena parte de los 680 millones de euros malversados a cambio de que Susana sacara la regadera de la publicidad y les mojara los pies con subvenciones.
Ahora que ya no tiene regadera, a Susana Díaz le llueven chuzos desde Madrid y se esconde, porque si asoma la cresta la acabarán hermanando con los tíos de Bildu, que son los primos de los que asesinaron a Alberto Jiménez Becerril y a Ascén o a Muñoz Cariñanos.
La cosa está tan mala en el PSOE del susanismo que puede que Sánchez haya dado por perdidas las próximas elecciones en Andalucía y para semejante envite quizá hasta le interese dejar que se presente Susana de cartel, para que prolongue su calvario político. pene su desgracia y para que se meta ella sola el estacazo.
Susana vive atrapada entre la desafección del viejo partido que reniega de Sánchez y la aupó a San Telmo (Chaves, Griñán, Felipe, Guerra…) y su afán de que el sanchismo (y Gómez de Celis) le permita seguir viva de algún modo habida cuenta que ella se casó «con un tieso» (Susana dixit) y no cuenta para nadie…, a menos que George Soros se apiade de ella y le consienta organizar un pucherazo al estilo del de Kamala Harris y Joe Biden, con epicentro en el voto por correo y en la dejación culposa de las juntas electorales provinciales.
La Junta de Andalucía ya no regala ordenadores que no servían para nada a los escolares ni promete vacaciones gratis a las amas de casa, toda aquella inmensa barahúnda de demagogias juntas que exhibían Chaves y Griñán cuando el estipendio socialista era una fiesta y nada los frenaba en su destrozo cotidiano de regalías y subvenciones infinitas que no nos conducían a ninguna parte.
El susanismo quiso prolongar un sultanismo sin recato que casi nos convence a todos de que Andalucía era un cortijo de su propiedad después de más de 30 años contratando a su capricho lo que es de todos. Hasta que Andalucía despertó de su letargo y, aunque el dinosaurio seguía allí, lo metieron en una jaula.
He dicho.





