¿Qué está pasando? ¿Cómo hemos dejado que la actuación al más puro estilo de charlatán del salvaje oeste americano irrumpa de esa manera en la vida política de nuestro país?
Lo que antaño veíamos en la tele literalmente partidos de risa, hoy nos intenta dar órdenes de convivencia. Y hablo de Benny Hill, Mr. Bean, los Roppers…
Meter a Abascal en el mismo espacio propagandístico electoral de Sánchez y Díaz es como cuando a los animalistas de turno les da por grabar a su mascota casándose con la del vecino. Hay tanta diferencia de todo, que esperar un debate moderado, coherente y aclaratorio, es cuanto menos, impensable. El León y las hienas. El sol y las sombras. El sheriff y los cuatreros. Así no vale. A un debate con Abascal como participante tiene que ir gente de su altura, de su honradez, de su transparencia, de su nivel. Es difícil, lo sé, tratándose de candidatos cuyos partidos están más cerca de Waco que del Valle, pero no es imposible.
Santiago no tiene ninguna prisa, sabe que para que el bizcocho salga perfecto hay que respetar sus tiempos de cocción. Lo demás son cupcakes preciosos por fuera e incomibles desde el primer bocado.
No ha habido prisas en Vox, pero tampoco pausas. Los recorridos a lo largo de toda la geografía española, empezando por tres ilusionados en la calle Asunción de Sevilla megáfono en mano, se han ido convirtiendo en multitudinarias concentraciones de gente harta de promesas incumplidas que escuchan atentos y esperanzados las propuestas de Santiago y su equipo.
¿Y dónde está el problema? Por qué, si Vox es tan bueno como dicen, ¿los socialcomunistas no le dejan paso? Muy sencillo. Se llama bullying político. Lo que ellos condenan a viva voz en los colegios, lo hacen día a día en el Congreso, en las calles, en la prensa. Tienen miedo a perder e insultan, agreden, amenazan, mienten, difaman… La diferencia está en que Vox no se achanta, no cede ni se acobarda. De cada guantazo, se levanta más fuerte. Es un entrenamiento a pie de calle para llegar limpiamente a la altura necesaria desde la que volver a ordenar un país de ensueño. No queremos un presidente con tanta mugre camuflada con corbata ni una presidenta arrugada que se pase horas planchando y mucho menos un presidente yo-yo que lo mismo es indio que vaquero. Necesitamos urgentemente una persona decente que coja las riendas con firmeza de este país desbocado que va camino del barranco en el que ya otros países maravillosos cayeron y del que es muy difícil salir.
¿Y si el 23J lo intentamos?






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si señora. totalmente de acuerdo