Una de las primeras lecciones que aprendimos al estudiar Ciencias Naturales era la distinción entre animales vertebrados e invertebrados, estando los primeros dotados de cráneo y columna vertebral ósea o cartilaginosa, pero no fue hasta pasados muchos años cuando descubrí que el verbo vertebrar significa dar consistencia o estructura interna, organización y cohesión a un cuerpo, animal o social.
Se cumple este año el primer centenario de la publicación de “España invertebrada”, obra de José Ortega y Gasset (1883-1955) donde el insigne filósofo madrileño se propuso analizar la crisis política y social de la España de su época, y en la que llegaba a la conclusión de que la desarticulación de nuestro país como nación radicaba en la crisis histórica de su proyecto de vida en común, ¿les suena?
Lo que me llama la atención y deseo exponer en estas líneas, es que las causas que se exponen en dicho ensayo, bien pudieran ser de aplicación a otros ámbitos sociales de nuestro país, de menor tamaño. Así, la primera causa señalada era el particularismo, es decir, la tendencia a que cada grupo social busque solamente su propio interés o beneficio, sin considerar el interés del conjunto de la nación, la necesaria promoción del bien común.
Es fácil ver esto entre los particos políticos, pero ¿y entre comunidades autónomas?; ¿y entre ayuntamientos de una misma comarca?; ¿y entre departamentos de una misma Facultad universitaria?; ¿y entre clubes de fútbol sobre los derechos televisivos?; ¿y entre los distintas secciones del organigrama de una empresa?… Quizás su más radical expresión sean el separatismo y el nacionalismo, pero no la única: hay un particularismo de los empresarios y los trabajadores, de los gremios y de las profesiones. El particularismo, versión corporativa del egoísmo, destruye la nación, la rompe.
En segundo lugar, se situaba la acción directa, que es la tendencia a negarse a convencer al adversario, dando por hecho, erróneamente, que a uno le asiste la razón y la justicia, lo que le lleva a imponer su verdad absoluta por el camino más corto, llegando si es preciso a la violencia, y despreciando el necesario diálogo: ¡cómo añoro aquellos debates del programa “La clave” de José Luis Balbín, emitido por la 2 de TVE (conocida entonces como UHF) desde 1976 a 1985 y posteriormente en Antena 3 entre 1990 y 1993, donde con la excusa de una película exponían sus opiniones, con educación y templanza, personas con autoridad en la materia a tratar!
Los devotos de la acción directa aborrecen al adversario, a quien ven no como la oposición con la que convivir, sino como el enemigo a destruir. No quieren convencer sino imponer. Los suyos (el endogrupo) son los elementos a defender y a favorecer, a quienes cualquier error se les justifica (“son casos aislados”). Los otros (el exogrupo) son los equivocados, el enemigo a batir, a quienes el mismo error que hayan podido cometer los del endogrupo se les atribuye de forma genérica con facilidad (“son todos iguales”) cayendo en el llamado sesgo endogrupal: “todo para mi gente, y al resto se le aplica la legislación vigente”.
La tercera causa de la invertebración era la ausencia de los mejores en los puestos de responsabilidad. Al hablar de los mejores me refiero a aquellas personas que reúnen más méritos para estar al frente en la toma de decisiones al más alto nivel. Son, o mejor, deberían ser, el ejemplo a seguir por quienes aspiran a ocupar las plazas reservadas a aquellos que están cerca del timón de la nave: de un ayuntamiento, de una comunidad autónoma, de una nación, pero también, de un decanato o un rectorado universitario, de un departamento de una empresa, de un club social, de una Fundación,…
Son muchos los ejemplos en los que vemos que no son los mejores los que ostentan el poder, porque o bien los criterios de elección no tienen en cuenta los méritos contraídos, o porque ellos mismos renuncian a ocupar el puesto para el que su preparación les capacita, o, en muchas ocasiones, la envidia, pecado hispánico por excelencia, de los que no le llegan a su altura, le diseña una campaña para echar por tierra su currículum.
“España invertebrada” es un ensayo excelente, donde se traza un diagnóstico certero de los errores de España. Que en nuestros días los estamos repitiendo, resulta, para mí, evidente.
Alberto Amador Tobaja: Aapic1956@gmail.com






1 Comment
Una vez más, un análisis profundo y que ha resultado ser válido para la España actual ochenta años después. La pregunta es… Hay esperanza de poder evolucionar a una sociedad mejor? ….