Todo está relacionado, hay una sola realidad. ¿Alguien piensa que es frívolo ocuparse ahora de los parquecitos infantiles de plástico de colores o de la propaganda en autobuses diciendo “Cuida tu mascota”?
Todo está relacionado.
Media hora de abrir los ojos, de salir a la calle, de ver una pantalla, nos muestran la increíble realidad de unos gobiernos que no saben ya qué hacer con el dinero, en qué necedad derrocharlo a manos llenas. ¿Para qué se gasta, la Junta, el Ayuntamiento o quien sea, el dinero en unos letreros gigantescos en autobuses indicando paternalmente “Cuida tu mascota y disfrútala”? (por cierto, ¿conciben que haya alguien que no tenga mascota?). Pero es más, el Gobierno central costea anuncios diciendo: “Si has decidido aumentar la familia con una mascota…”. ¡Aumentar la “familia”!
Podría fijarse en 2004 una fecha decisiva en el cambio de signo de la política en general. Antes, podía decirse que los gobiernos estaban para cosas que el ciudadano de a pie no podía hacer (obras públicas, lucha contra la delincuencia, defensa de los intereses de España en el exterior). De los asuntos privados (mi casa, mis hijos, mi perrito si lo tengo) ya me ocuparé yo.
El funesto advenimiento de Zapatero supuso un grotesco cambio de tuerca. De un plumazo suprimió un Plan Hidrológico Nacional que el Gobierno anterior había estado años elaborando, y acababa de conseguir, después de enormes dificultades para conciliar a todas las autonomías implicadas (parecía como milagroso haberlas puesto de acuerdo). Pero, ¿qué hizo entonces?¿sugirió un plan alternativo? No, empezó a decir que “cómo nos atrevemos a mirar a los homosexuales a los ojos si no les concedemos la posibilidad de casarse”. Esto fue el principio de una nueva era. De ahí deriva Pablo Iglesias años después en el Congreso diciendo “quiero una ley que me obligue a cambiar los pañales de mi hijo” (olvidemos las infraestructuras, las cosas que sólo los Gobiernos pueden hacer; entrometámonos en la privacidad de las personas).
La impresión general hoy día es que los que gobiernan (Ayuntamientos, Moncloa, todos)… pues se centran en querer cambiar la parte íntima, privada de la existencia.
En el lenguaje quedan residuos de cuando las cosas tenían una lógica: “Tiene una agenda como un ministro”. Se sobreentendía que “un Ministro”, por ejemplo, de Obras Públicas, necesariamente era una persona entendidísima, con enormes conocimientos técnicos, y rodeado de expertos con más conocimientos aún, cargado de responsabilidad, en cuyas manos s hallaba el bienestar de futuras generaciones. Hoy, un ministro es como el alumno medio de una clase mediocre cuyo maestro les pone la actividad de “Inventaros un eslogan para que la gente cuide bien a sus perritos”, y centra su esfuerzo en eso. A inventarse eslóganes, y a gastar millones en que el anuncio salga en los medios.
Cada pueblo y ciudad de España y aun Europa, ha hecho construir recientemente unas letras de plástico duro gigante con su nombre y “I (love)…”. Al derroche se une la falta de imaginación.
Los despropósitos de lo que estamos viendo son demasiado descomunales para poder ni expresarnos bien (falta la distancia emocional). Otro asunto es ahora el juicio que se llevará a cabo por los ataques hacia las autoridades el pasado domingo en Paiporta; se juzgarán entre otras cosas, los “daños”. Es decir: en un mundo en el que los daños producidos por robo o intentos de robo en domicilios o negocios son algo que se solventa con las aseguradoras pero cuyos culpables directos nadie piensa en perseguir… ahora resulta que el único “daño” material que se va a juzgar en España es el de la ventanilla de un coche presidencial en esas circunstancias.
Son demasiadas cosas.
Pero ahora nos piden donativos por todas partes. Pues muy bien. Pero, ¿por qué no “donan” todos los Ayuntamientos de España, Diputaciones, y Gobierno central, por qué no destinan a eso los ingentes millones que se gastan en letras de plástico duro, en paneles, en anuncios gigantescos diciéndonos lo que hemos de hacer en la privacidad de nuestros hogares? Esto no es desviar el tema. Contemplamos impotentes cómo se nos esquilma, se nos confisca todo lo que tenemos para gastarlo en mentecateces que estropean el paisaje (¡y esas rotondas! ¡Y las obras faraónicas e innecesarias en Sevilla que no terminan nunca! Literalmente no saben ya qué hacer con tanto dinero, al ciudadano sustraído). Y ante los desastres naturales nos piden donaciones.
Las daremos, claro.
Pero, ¿para qué están los gobiernos?






1 Comment
Apasionante este análisis de lo que ocurre en España.Podria escribir casi lo mismo sobre la situación política y económica en Francia,tanto dinero gastado en tonterías y decisiones que quieren imponernos en nuestra vida privada.Fuerza a todos los afectados por tan horrorosa DANA!