“Yo me pongo la corbata, mas no llevo reloj.
Y me enfundo la chaqueta que mi mama,
mi mama me compró”.
Pive Amador ”con circunstancias de Silvio”.
En este mundo que nos ha tocado malvivir, donde todo el mundo sabe de todo porque google tiene respuestas para tutto, yo me sigo apuntando a la minoría de los que dudan. Porque solo sigo sabiendo que no sé nada de nada. Esto lo aprendí, entre otros maestros, de don Silvio Fernández Melgarejo, del que se cumplen hoy veinte y cuatro años de su muerte, dejando la ciudad tan sola cuando se fue, con tres pasitos trianeros, al cielo —paa, paaaa, pa…—.
Silvio dudaba. Y por esto existía. Creo que era su sino, el destino que llevaba en las líneas de las manos Silvio dudaba y se ponía a ver la televisión para que se le pasara “la duda de la resaca”. El hijo de Santiño, el redactor del ABC en los años cincuenta y sesenta, miraba a su alrededor con las lentes invertidas —¿qué difícil es eso, verdad?—. Y algunos, los más, paseando sin vergüenza alguna su sabiondismo y su sabelotodosimo por las calles y las plazas de la mediocridad.
El Coloso de la Roda (Pedro Cruz, de Los Picapiedra, dixit) fue —sigue siendo— un ejemplo para muchos. Ya lo pueden tildar los sensibleros y listillos de alcohólico y de lindezas similares. ¿Qué sabrán ellos de los que es ser coherente y tirar para adelante con lo que uno es? Nos da igual. Nos “importa pito”, que decía él, con su voz atronadora que, cuando cantaba, se convertía en terciopelo de los faldones de un paso de palio por la Avenida al compás de Virgen de las Aguas.
Dudar es aprender. Dudar es querer saber, sino “Adivina, adivinanza…”. Dudar fue enseñar y mostrar sin querer enseñar ni mostrar, que él buscaba vivir y no dar clases a nadie. Un magisterio, en definitiva, que nos educó a muchos en el amar la vida y tratar de no protestar, aunque sólo él lo consiguiera.
Yo no quiero ser tan sabio, que ya está uno para ir sabiendo menos y dejar sitio a los listos y a los aprovechateguis. Yo, por lo menos, quiero seguir aplicando en esta perra vida el magisterio del maestro. Y por muchos años.





