La moda de rodar películas y series televisivas en Sevilla se está convirtiendo en algo tan banal como peligroso. Nos llenan las calles y monumentos de cámaras y hasta de ratas. ¡Todo por la fama! Pues no, señores. Todo no.
Les relato a continuación la situación que se puede producir, que se produce.
Redundando en la palabra, los productores de las películas buscan extras por nuestra ciudad. Unas empresas de casting y contratación se encargan de ello. Todo correcto hasta que topamos con menores de edad. Irrumpen en un colegio, solicitan que informen a los alumnos para participar voluntariamente en el rodaje, los alumnos se creen Leonardo DiCaprio o Blanca Suárez, se apunta hasta el apuntador y comienza el “rodaje”. El “cámara-acción” empieza en un grupo de WhatsApp creado por dichas empresas en el que van añadiendo a unos cincuenta padres. Como primer paso pedir una serie de requisitos como afiliarse a la Seguridad Social el menor, ya que lo normal es que nunca haya trabajado. Las informaciones de cómo hacerlo son tan expectantes como una película de suspense, pero seguimos rodando. Los padres piden aclaraciones, se cogen días de permiso en el trabajo para acudir a rellenar papeles a no sé qué oficina, sus hijos faltan al colegio para ir a firmar también a la susodicha… se agolpan mensajes en el chat cada vez más confusos. El uno fue para nada a la oficina, el otro solo consiguió perder un día de asuntos propios porque no hubo manera de conseguir nada del papeleo y el ambiente se va calentando. Frío… frío, ¿recuerdan aquel juego? En qué va a acabar. Mal, ya veo que mal.
Tan mal que empiezan a escribir en el chat los menores, mandan sus fotografías del DNI, sus direcciones, teléfonos, número de la SS, “mi mamá me deja ir al rodaje”, “la mía también”… Ahora resulta que no creemos a nuestros adolescentes pero unas empresas los creen. Ya sé que hoy con dieciséis años puedes hacer cualquier cosa según la ley, pero está demostrado que según la ley de la vida no.
Señores, no estoy exagerando. Fotos, teléfonos y direcciones de menores de edad en un grupo de más de cincuenta personas. Que yo no digo que sean malos, cuidado. Pero tampoco los doy a todos por buenos. No los conozco, suficiente.
Apunto dos artículos de la LOPD:
Art. 6.1: “… el tratamiento de los datos de carácter personal requerirá el consentimiento inequívoco del afectado, salvo que la ley disponga otra cosa.”
Art. 10: “… el responsable del fichero y quienes intervengan en cualquier fase del tratamiento de los datos de carácter personal están obligados al secreto profesional respecto de los mismos y al deber de guardarlos, obligaciones que subsistirán aún después de finalizar sus relaciones con el titular del fichero o, en su caso, con el responsable del mismo”.
Si leer estos artículos no da miedo espero que aterrorice pensar que las sanciones pueden llegar hasta una multa administrativa de veinte millones de euros.
Pues una vez largado este “apunte” les llamo a la sensatez. Seamos sensatos, con ley o sin ella.
Lo que escribo no es un artículo de opinión, es una realidad. Y tampoco es una película.





