…según su propio sofisma. Hablo de un anuncio televisivo visto sin querer (las personas sensibles tendrían que evitar la publicidad. Claro que tendrían que evitar también tantas cosas que no sabemos con qué podrían quedarse…).
Las heridas al alma vienen de todos lados, a mil por minuto. Un segundo de más en apagar la tele, y ya nos lanzan otro dardo envenenado al corazón, otro más para rematar el día. Un anuncio. De algo así como una entidad bancaria, o un producto financiero de ídem, pues argumentaban que ellos tenían en común con la lista de los reyes godos “el tener cero interés”.
Tal vez muchos dirán: “Huy, qué argumento tan ingenioso, qué simpático”. Con lo avanzada que está la “ciencia” del marketing, ya habrán calculado que esta comparación les hará gracia a muchos y herirá a muy pocos. Pero vamos a protestar; tal vez no seamos tan, tan pocos, y en todo caso, ¿no se habla tanto de respeto a las minorías? ¿A qué viene ese insulto, dicho así tan a la ligera, y sin mediar provocación alguna?
¿Explicaremos en dos párrafos lo que podría llenar libros – y los hay escritos ya? ¿Y cómo razonar lo obvio, lo evidente, lo que parece indiscutible y de cajón…?
Por envejecida que esté la población española, todavía el número de personas mayores de 65 años es inferior al del total de menores de esa edad. Es decir, la mayoría de los ciudadanos NO hemos estudiado jamás (aunque algunos lo lamentamos) la lista de los reyes godos. A los no tan jóvenes y aficionados a los libros antiguos nos suena, sí, por habérselo oído a nuestros padres, o por haber hojeado libros de Elena Fortún de nuestras madres. Pero no la hemos tenido que aprender nunca. Y dudo que la “ventaja” de habernos ahorrado diez minutos de memorización compense de la pérdida de un bien cultural más, inmaterial, que otras generaciones poseyeron durante toda su vida.
Tropezamos aquí con el eterno “¿de qué sirve…?”. ¿De qué sirve aprenderse los planetas? ¿Y las capitales de los países? ¿Y la tabla de multiplicar? ¿Y las notas de música? Total, no se va a usar.
(¿De qué sirve nacer? ¿De qué sirve vivir? Porque cuando se plantean las preguntas anteriores, es seguro que poco después la natalidad cae. No hay ganas de vivir).
Difícil responder en dos palabras, pero miren: la lista de la Unesco de los bienes declarados Patrimonio de la Humanidad poco importa a fin de cuentas. En última instancia, aquí cuenta la riqueza de cada uno. Y la riqueza más segura de una persona, la que ni la pobreza ni la soledad ni un virus le podrá arrebatar, es su riqueza interior. Y las poesías o canciones que se sabe, y hasta dónde llega el horizonte de su memoria histórica (esta expresión prostituida que tenía tan bello significado), pues incluye las nociones de historia de su país, y hasta estoy por afirmar que el moribundo en una sala de UCI sin familiares y sin móvil y hasta sin ropa puesta, fallecerá con más dignidad si en su haber moral cuenta con la lista de los reyes godos…
(Suena absurdo esto, pero con 500 páginas más se podría argumentar muy convincentemente).
Los reyes godos avalan el muchísimo tiempo que hace que existe la identidad española. Sin duda fue más “importante” Carlos III, y lo conocemos mejor, pero Witiza, del que personalmente apenas sabemos nada, nos ancla mejor en la historia; ensancha el horizonte de nuestra identidad.
En la Capilla Sixtina están pintados los treinta primeros Papas (algunos, por mano de Botticelli, y con un aire no tan distinto de su famosa Venus…). ¿Por qué los treinta primeros, de muchos de los cuales se sabe poquísimo, y no los treinta más importantes hasta entonces? Pues porque se sabrá poco de ellos, de algunos poco más que el nombre, pero indican el origen y la línea de continuidad. Dan legitimidad al Papado, no por ser los más santos, sino porque entroncan con el origen.
La petulancia con que afirma este anuncio – no es que lo cuestione, es que lo afirma – que la lista de de los reyes godos “tiene cero interés” (así como cosa sabida, como cosa hecha. Dándolo por sentado, sin admitir debate)… ¿tiene algo que ver con la impunidad con la que en Estados Unidos se derriban estatuas de grandes y nobles españoles, de santos y de reyes (San Junípero, Isabel la Católica, Cervantes…)?
Pues creo que sí.
Si nosotros mismos, sonriéndonos (“¡Huy, mira qué anuncio tan gracioso!”), dejamos que en España y para españoles se diga y se acepte tan ricamente que los titulares de nuestra Historia tienen “cero interés”, ¿qué esperamos de otros?





