Ha muerto en Madrid esta madrugada José Antonio Yturriaga, nuestro embajador. Tenía 90 años y no había aprendido a parar.
Nos deja el diplomático, el jurista, el profesor, el escritor incansable y, sobre todo, nos deja el amigo. Colaborador habitual de esta casa desde el primer día, maestro de maestros, una de las voces más lúcidas y generosas que han pasado por nuestras páginas.
Se va con 90 años recién cumplidos -nació en Granada el 12 de octubre de 1936- y se va como vivió hasta el último momento: con la cabeza en ebullición, con un artículo a medio escribir, luchando contra los ordenadores que a veces no le obedecían y con esa energía que nos avergonzaba a los más jóvenes. A sus 90 años iba andando desde su casa en Los Remedios hasta el Ateneo de Sevilla, en pleno centro, para presentar un libro, y vuelta a pie cruzando la Avenida hasta Virgen de Luján.
José Antonio era un cerebro prodigioso. De esos que ya no quedan. Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla, doctor por la Complutense, ingresó en la Carrera Diplomática en 1965 y sirvió a España en media docena de mundos. Fue embajador en Irak en los años más duros, en Irlanda, en la ONU en Viena, y entre 1996 y 1999 fue nuestro embajador en Rusia y, a la vez, en otros diez países nacidos de la antigua URSS: Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Fue embajador en Misión Especial para el Derecho del Mar, su gran pasión intelectual.
Jurista de Derecho Internacional, autor de más de una veintena de libros, historiador del Sáhara, de Gibraltar, de Utrecht, de Ucrania antes de que Ucrania estuviera en todos los telediarios. Todo lo sabía. Y todo lo explicaba con una humildad y un humor que desarmaban.
No me pidan que refleje en estas línea el curriculum completo de José Antonio, es imposible en extensión.
Quienes le tratamos en Sevillainfo sabemos que no había asunto que se le resistiera. Te mandaba un artículo sobre el Sáhara a las 8 de la mañana, te corregía una coma sobre la Convención del Mar a las 11, te llamaba para hablar de la guerra de Irak con una memoria de elefante sobre nombres, fechas y tratados que él mismo había vivido. Y siempre, siempre, con una educación exquisita y una curiosidad de chaval de 20 años.
Era andaluz en lo mejor de la palabra. Sevillano de formación y de corazón.
Hasta hace apenas dos semanas seguía enviando colaboraciones, con esa letra suya inconfundible y ese estilo claro, directo, sin rodeos, diciendo lo que pensaba. No sabía parar. No quería parar.
Se va un embajador de España en el sentido más noble del título. Un servidor público que creyó en la diplomacia, en el Derecho y en la palabra. Se va un maestro.
Desde Sevillainfo, que fue también su casa, mandamos un abrazo inmenso a su familia, a sus compañeros del cuerpo diplomático y a todos los lectores que disfrutaron de su sabiduría.
Don José Antonio, gracias por tanto. Le echaremos muchísimo de menos.
Descanse en paz.





