Sevilla a través de sus alcaldes (I): de Uruñuela a Rojas-Marcos
Soledad Becerril (1995-1999) – PP:
La etapa de Soledad Becerril se caracterizó por una buena gestión del día a día, en concreto, por la austeridad (que incluso se aplicaba personalmente), el saneamiento de las arcas públicas y la limpieza, de hecho, siendo alcaldesa, se baldeaba el centro todas las noches y Sevilla recibió el Premio Escoba de Oro como localidad más limpia de España, se redujo la deuda, no derrochó en una televisión pública ni en una fundación y prueba de su coherencia con la austeridad que predicaba es que renunció a sus dietas como representante de las empresas municipales, haciendo pública sus cuentas. En este sentido, cobraba un sueldo neto de 2600 euros (una cantidad que puede llegar a ser modesta tratándose de una de las principales capitales de provincia), en su legislatura sólo costó 6 millones de pesetas (36.000 euros) en viajes (en su mayoría para promocionar la candidatura olímpica) y menos de un millón de pesetas (6000 euros) en alojamiento y manutención, de modo que cuando viajaba a Madrid, se alojaba en casa de unos parientes.
Fruto de la sobriedad de su gestión, Rojas-Marcos la llamaba la “casita de Pin y Pon”, aunque más allá de una eficaz gestión diaria, se contribuyó a acrecentar la proyección internacional de Sevilla, celebrándose el Campeonato Mundial de Atletismo de 1999 que proporcionó ingentes ingresos a la ciudad, ya que atrajo a 25.000 turistas, con los correspondientes ingresos en alojamiento, restauración y transporte, creando 4300 empleos con motivo de las obras de acondicionamiento, todo ello con un coste de 186 millones de euros (31.000 millones de pesetas) y unos ingresos de 300 millones de euros (50.000 millones de pesetas).
En 1999, no se reeditó la coalición de gobierno PP-PA porque Rojas-Marcos prefirió echarse en brazos del PSOE, ya que quería el control absoluto sobre la delegación de Urbanismo y Soledad Becerril consideró (acertadamente) que al ser el partido más votado y detentar la alcaldía, no podía renunciar, al menos, a la supervisión de un área decisiva de la ciudad como el planeamiento urbanística, sobre todo cuando había tenido muchos encontronazos con Rojas-Marcos en el pasado por tomar decisiones sin informarle, enterándose en no pocos casos por la prensa, y a pesar de que su propio partido la presionó para aceptar las condiciones del líder andalucista, prefirió perder el gobierno y no cedió ante tan poderosas presiones. No obstante, Arenas le pidió en 2007 que volviese a repetir como candidata, y ante la experiencia anterior, pidió plena autonomía, por lo que no hubo acuerdo.
Alfredo Sánchez Monteseirín (1999-2011) – PSOE:
El PSOE utilizó la campaña del “urbanismo bajo sospecha” contra el PA, fiscalizando a través de la Cámara de Cuentas la gestión urbanística y las recalificaciones de los andalucistas, y el informe elogiaba el buen hacer de la Gerencia de Urbanismo por conseguir para la ciudad contraprestaciones incluso por encima de lo exigible, de modo que Monteseirín no hizo público el informe, de hecho, cuando el PA dejó de ser socio de gobierno de los socialistas, De Celis llegó a decir que el PA se había llevado incluso los ordenadores de sus despachos, cuando realmente eran de alquiler y se los llevó la empresa titular.
El motivo de aquella falaz campaña del PSOE fue que el PA no ofrecía a los socialistas un pacto global como hacía IU porque también pactaba con el PP (de hecho, es el PA quien rompe el aislamiento político del PP en Andalucía), siendo IU un socio seguro para el PSOE, que acusaba al PA de moverse por intereses particulares (es decir, poltronas) y no ideológicos, motivo por el que idearon la acusación genérica y sin pruebas concretas del “urbanismo bajo sospecha”, que era un golpe de efecto en plena época del boom inmobiliario y los pelotazos urbanísticos, a pesar de que Monteseirín era máximo responsable del ayuntamiento y del gobierno de coalición con el PA.
El PSOE diseñó un Plan Estratégico que, como tal contenía líneas genéricas de actuación y no tenía poder normativo, pero que le permitía presentarse como que marcaba las directrices del urbanismo de la ciudad en lugar del PGOU, que estaba en manos del PA, de hecho, en 1999, como consecuencia del pacto PSOE-PA, los andalucistas controlaban el 70 % del presupuesto del ayuntamiento (Urbanismo, Obras, Cultura y Deportes, Festejos y Participación Ciudadana). No obstante, el PSOE se beneficia de que Monteseirín era alcalde para aumentar el presupuesto de los distritos en manos de los socialistas para que se llevasen a cabo obras, pero al no tener los distritos ni personal ni técnicas especializadas para controlar la ejecución y la veracidad del presupuesto, se propone que sean visados por los técnicos de Patrimonio, algo que el PA acepta porque tenía el Distrito Sur y dicha fórmula le permitía visibilizar su acción allí. No obstante, el PSOE creció a costa del PA, ya que en los distritos dominados por los socialistas no se llevaron a cabo pequeñas obras, sino que se urbanizaron avenidas enteras con facturas fraccionadas como pequeños arreglos, de modo que aparecía impreso el sello del Distrito Macarena y no de la Concejalía de Urbanismo (en manos del PA).
La etapa de Monteseirín se caracterizó por proyectos megalómanos que contribuyeron a esquilmar las arcas públicas, siendo el caso de las Setas de la Encarnación, los 140 km de carril bici impulsados por el comunista Torrijos, la línea 1 del Metro y la ampliación del tranvía, entre otras.
En el caso de las Setas fue criticado por tratarse de un monumento modernista en pleno casco antiguo, pero lo más grave es que suponía un suntuoso e innecesario gasto de dinero para llevar a cabo un mercado, aunque luego se trató de justificar alegando que contribuyó a atraer turistas para dicha zona en lugar de la Catedral y los Alcázares como únicas zonas, lo cual se ve desmentido por los datos: los turistas de la Catedral pasaron de 1.4 a 1.53 millones entre 2011-2021 y los del Alcázar de 1.27 a 1.73 millones en el mismo período de tiempo. Por otro lado, las Setas fueron criticadas por alcaldes anteriores de distinta tendencia ideológica: Uruñuela (PA), Del Valle (PSOE) y Becerril (PP).
El tranvía (tal y como acertadamente señaló Uruñuela) era innecesario, ya que su ampliación a San Bernardo repetía el trazado del Metro y el autobús, y el carril bici (pese a ser necesario) se podría haber llevado a cabo de forma distinta, pintándolo en el suelo sin necesidad de incurrir en semejante coste económico y levantando parte de la ciudad para dificultar sobremanera el tráfico.
Su etapa quedó marcada por los mayores casos de corrupción del consistorio, que dejaron gravemente tocada la imagen de la institución, siendo el caso de Mercasevilla y las facturas falsas del distrito Macarena.
Juan Ignacio Zoido (2011-2015) – PP:
Zoido se enfrentó a una situación económica muy difícil, teniendo que reducir una deuda mayor de lo que esperaba (con facturas impagadas incluso en pesetas), por lo que no pudo llevar a cabo grandes obras, lo que le convirtió en un alcalde gris, aunque eficiente en lo que a la gestión económica se refiere, ya que saneó las arcas municipales, reduciendo la deuda de 645 a 500 millones de euros, y además, sin subir los impuestos, centrándose en la reducción del gasto público y en la subida de las tasas, lo que hizo que luego Espadas tuviese mayor capacidad financiera, teniendo Zoido una autonomía financiera del 44 % mientras que la del PSOE (de manera posterior) fue del 51 %.
Al principio de su mandato, el regidor popular congeló los impuestos y subió las tasas, creando tasas por otorgar VPO, sobre inspección técnica de edificios, incrementando las tasas sobre la grúa y la zona azul, siendo polémica la ampliación de esta última, especialmente en la zona Pirotecnia, una zona integrada fundamentalmente por universidades, por lo que los destinatarios de dicha medida serían estudiantes. Afortunadamente, gracias a que Ciudadanos se lo exigió a Espadas, se derogó la zona azul y se convirtió en zona verde, votando el PP en contra y negando haber aumentado la zona azul.
Dentro de sus medidas de austeridad, suprimió las dietas por asistencia a reuniones de los directivos de las empresas públicas, redujo en un 5 % el sueldo de los empleados de las empresas municipales de transporte y limpieza, cerró Giralda TV e impuso una tasa de reposición cero sobre los empleados municipales salvo en los servicios esenciales, evitando los despidos de trabajadores municipales, a lo que cabe añadir que los proveedores pasaron de 80 a 15 días en cobrar.
A partir de 2014 bajó el IBI, el ICIO, el IAE y el Impuesto sobre el Incremento de Valor de Naturaleza Urbana, una tendencia de rebaja fiscal que se vio suspendida por el gobierno de Espadas, debiendo añadir en favor de Zoido que, no aplicó la subida del 10 % del IBI que el gobierno de Rajoy permitía a los ayuntamientos para cumplir con el Plan de Ajuste.
Tuvo que tragar sapos por el interés de la ciudad en lo que a la Torre Pelli se refiere, ya que la nueva edificación medía 180 metros de altura (el doble que la Giralda), lo cual afectaba al paisaje de la ciudad, pues la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar estaban protegidos por la UNESCO, pues Monteseirín permitió su construcción sin hacer caso durante años a la UNESCO, que pretendía incluir a Sevilla en la lista de ciudades con edificaciones protegidas en peligro (lo cual habría sido un duro golpe para la imagen exterior de España), para lo que se tuvo que comprometer a que no se haría ningún rascacielos más y se aumentaría la zona protegida, adoptando medidas para reducir el impacto paisajístico, lo cual dejaba en evidencia a los socialistas, que lo habían negado en todo momento.
Otros elementos de la gestión de Zoido no fueron tan afortunados como su decisión de decomisar la recaudación de los gorrillas, segar el agua de las fuentes públicas para que no se las llevasen o no permitir que un coche aparcase en el mismo lugar más de quince días, medidas contra los pobres y no contra la pobreza que chocan con la sensibilidad social cristiana que dice abanderar, del mismo modo que otras medidas que iban contra la austeridad preconizada como aumentar el número de delegaciones de 11 a 13 y la cifra de cargos de confianza de 110 a 130.
Desde un punto de vista ideológico cabe elogiar que se negó a subvencionar el Orgullo LGTBI y a colgar la ideológica bandera arcoíris del balcón del ayuntamiento, quitando una calle a Pilar Bardem y poniendo muchas dedicadas a la Virgen, algo acorde con el arraigado sentir popular de la ciudad. Como contrapunto en este mismo área, recibió a la federación COLEGAS mientras que no hizo lo propio con las asociaciones pro-vida y pro-familia.
Juan Espadas (2015-2021) – PSOE:
Espadas llevó a cabo una política que (salvo algún elemento socioliberal) era troncalmente socialdemócrata, de hecho, duplicó el gasto social y aunque redujo la deuda (de 500 a 320 millones de euros), con carácter anual, la bajada de la misma fue inferior a la que Zoido llevó a cabo, del mismo modo que no reorganizó el gasto como hacía el PP, sino que trató de aumentar los ingresos subiendo impuestos y tasas. En este sentido, incrementó la tasa por licencia de obras, por licencia de ocupación, de vado, de carga y descarga, por recogida de vehículo retirado por la grúa, por los servicios de cementerio, incrementó el impuesto sobre vehículos de tracción mecánica hasta un 8 % y el IBI en los valores catastrales, no así en los inmuebles residenciales, que, sin embargo, de manera indirecta también experimentaban una subida, ya que el valor catastral incidía también el IRPF y en la plusvalía municipal, lo cual dejaba en nada la bajada del IBI del 3 % que Ciudadanos le impuso como condición en 2018.
Pese a ser bien valorado en las encuestas, los mismos encuestados que le aprobaban como líder político, no aprobaban su gestión al considerar que Sevilla no había avanzado a lo largo de sus dos legislaturas, ya que las subidas de impuestos y tasas no se traducían en nuevas infraestructuras, aunque contó con apoyo de la Junta de Andalucía (entonces en manos del PSOE), que le dio luz verde para ejecutar los proyectos que a Zoido bloqueaba.
Su popularidad se debió a su perfil bajo y su estilo moderado y dialogante, evitando la confrontación y llegando a pactos a izquierda y derecha para aprobar los presupuestos: primero, de la mano de IU y Podemos y luego, de PP y Ciudadanos, teniendo en la oposición líderes sin tirón hasta que apareció un duro competidor como José Luis Sanz.
En la oposición, Espadas copió el estilo cercano y populista de Zoido de hacer micropolítica, recorriendo los barrios puerta por puerta, lo que le permitió darse a conocer, aunque en 2015, su ascenso a la alcaldía no fue tanto una victoria suya como un voto de castigo contra Zoido por no cumplir con las expectativas esperadas, que se convirtieron en un arma de doble filo, ya que le dieron una contundente victoria para luego perder la mitad de los concejales recibidos. Prueba de ello es que Zoido (de manera innovadora) iba a la periferia, que siempre votaba a la izquierda, pero cuatro años después, los descontentos del PSOE le abandonaron y no volvieron a su antiguo partido (que apenas subió en votos) sino que se refugiaron en la abstención, mientras que en los barrios tradicionales del PP, parte de su votante clásico fue a Ciudadanos, por lo que el PP perdió una cuarta parte de los votos en zonas como Los Remedios y un tercio en zonas como Triana, la Macarena, el Distrito Sur y el Casco Antiguo.
Un elemento positivo de su mandato (teniendo en cuenta que se trataba de un alcalde del PSOE) es que contribuyó a desbloquear y atraer proyectos privados que crearon riqueza y empleo como el centro comercial de la Torre Pelli o una franquicia de la hamburguesería favorita de Obama, lo cual era un elemento que (unido a su carácter moderado) le permitió incluso quitar votos al PP, apelando directamente al voto católico cuando prometió en 2019 traer al Papa Francisco a Sevilla.
Antonio Muñoz (2021-2023) – PSOE:
El sucesor de Espadas intentó (afortunadamente sin éxito) implantar una tasa turística que dañaría dicha fuente de ingresos, agravándose las carencias de limpieza que se arrastraban desde su antecesor, convirtiéndose Sevilla en la tercera ciudad más sucia de España, con bolsas de basura en la calle e incluso con la presencia de ratas en la vía pública, descubriéndose una vez que el PP llegó al gobierno que el 84 % de los camiones de basura no funcionaban o estaban obsoletos, teniendo que adquirir nuevos vehículos para la limpieza, aunque las causas se debían, principalmente, a que, desde 2019 (con Espadas) se redujo la frecuencia de la recogida de basuras a la par que aumentaba el absentismo laboral de la plantilla encargada de la limpieza, con zonas enteras que nunca se cubrían.
Además de la limpieza, la seguridad se convirtió en otra de las grandes carencias de la ciudad, ya que, bajo su mandato, la inseguridad aumentó un 28 % (un 6 % por encima de la media nacional), incrementándose en un 31 % los delitos contra la libertad sexual y en un 26 % los delitos contra la vida, fruto del déficit de 400 policías nacionales.
Fruto de la desidia y el abandono al que el gobierno socialista tenía sometido a Sevilla es la acumulación de restos humanos en el cementerio tras la caída de la losa del osario, que permanecieron tirados por el suelo y acumulados en sacos (creando una fuente de insalubridad) al no funcionar siquiera los hornos para incinerar restos óseos y para colmo, no había siquiera suelo urbanizable para construir viviendas porque no dotó de fondos los convenios urbanísticos, encareciendo el coste de la vivienda.





