A pesar de que a partir de 2015 se habló de crisis del bipartidismo por la irrupción de nuevos actores como Podemos y Ciudadanos, y en 2018, VOX, el caso de la ciudad de Sevilla ha sido excepcional porque nunca ha habido un predominio indiscutible de los dos grandes partidos como ha sido la tónica habitual en la política local sino, que por el contrario han tenido mucho peso los terceros partidos (tradicionalmente, PA e IU), con sólo dos mayorías absolutas en la historia democrática, por lo que a través de las siguientes páginas pretendo hacer balance (ponderando las luces y sombras) de aquellos que han detentado el cargo de primera autoridad municipal en estas más de cuatro décadas de democracia.
Luis Uruñuela (1979-1983) – PSA:
El primer regidor andalucista de la democracia se caracterizó por ser un hombre moderado, dialogante y pactista. Se hizo con el bastón de mando de Sevilla fruto de la permuta de alcaldías de su partido con el PSOE, ya que los andalucistas se hacían con Sevilla (donde habían sido tercera fuerza política) a cambio de cederle Granada a los socialistas (donde había ganado el PSA), una estrategia que estaba orientada a proporcionar más proyección al partido de Rojas-Marcos y perfilarse como una formación de gobierno que disputase su espacio al PSOE utilizando como escaparate la capital andaluza, pero dicha estrategia se reveló errática, ya que los andalucistas no volvieron a levantar cabeza en Andalucía Oriental.
Durante su gobierno, Uruñuela se encontró una difícil situación (fruto de una naciente democracia) en la que todo estaba por hacer, creando las Juntas Municipales de Distrito y la Escuela Superior de Turismo, enfrentándose a la insuficiencia de fondos, ya que, en aquel momento, el Ayuntamiento disponía de 3690 millones de pesetas, mientras que en la actualidad, el presupuesto del consistorio sevillano es 60 veces superior, por lo que, al igual que otros alcaldes, presionó para que se pusiese en marcha la Ley de Bases de Régimen Local, aunque se sirvió de préstamos de 1000 millones de pesetas, que superaron el límite permitido de deuda para el ayuntamiento, dejando de lado la estabilidad en el gasto público, subiendo las tasas e impuestos para cubrir dicho desequilibrio. No obstante (al margen de los préstamos), dejó un presupuesto de 11.500 millones de pesetas.
Fue un alcalde con una visión de futuro que en no pocos casos no pudo materializar sus proyectos por la escasez de fondos, por lo que sus sucesores acabarían llevando a la práctica las ideas que él planteó, como es el caso de la Expo´92 (que fue iniciativa suya) o la peatonalización.
Hizo que la caseta municipal fuese por primera vez popular y construyó Sevilla Este (motivo por el que se encuentra allí la avenida que lleva su nombre), un proyecto que rechazaron sus socios de gobierno, PCE y PSOE, por lo que tuvo que sustentarse en el apoyo de UCD. Por otro lado, puso en marcha la Velá de Triana, el bienal de Arte Flamenco y las exposiciones culturales del Alcázar de Sevilla.
Su etapa estuvo marcada por un tripartito de izquierdas (PCE, PSOE y PSA), de modo que Hacienda quedó en manos del PSOE, Urbanismo en las del PCE y Cultura bajo el control del PSA, de modo que, desde Urbanismo, los comunistas adoptaron una medida que destruía riqueza y empleo en la construcción como paralizar todos los derribos de edificios hasta que los informes técnicos catalogasen aquellos que eran patrimonio histórico.
Intentó que todas las fuerzas políticas estuviesen presentes en el gobierno, ya que, en 1980, por medio del “Pacto por Sevilla”, intentó dar entrada en el mismo a la UCD, pero el acuerdo había nacido muerto, ya que ninguna de las tres fuerzas políticas (ni siquiera la suya propia) le cedió concejalías para que pudiese formar parte del Ejecutivo local.
Durante su etapa de gobierno, Uruñuela fue impopular, no presentándose a la reelección para concentrarse en la política autonómica, pero todos creyeron que fue ante las expectativas de unos malos resultados electorales que finalmente se produjeron, ya que en 1983, el PSA se quedó sin representación, capitalizando el PSOE (como banderín de enganche del rodillo que se daba a nivel nacional) todo el voto andalucista y parte del comunista, siendo 1983 la única vez hasta 2011 (de la mano de Zoido) que un alcalde se hizo con la mayoría absoluta, algo que ha sido muy poco habitual en Sevilla.
Manuel del Valle (1983-1991) – PSOE:
Manuel del Valle fue un hombre moderado y austero a nivel personal. Prueba de lo primero es que se oponía a la sectaria Ley de Memoria Histórica y ejemplo de lo segundo es que incluso después de haber sido alcalde siguió viviendo en el Polígono San Pablo.
Tuvo el acierto de diseñar el PGOU de 1987 que preparó Sevilla para la Expo de 1992, motivo por el que es considerado (con razón) el modernizador de la ciudad, llevando a cabo importantes obras e infraestructuras como la estación de Santa Justa, cuatro depuradoras de aguas residuales, siete rondas urbanas, demolió el muro de la calle Torneo, conectando las dos orillas y haciendo que Sevilla dejase de vivir de espaldas al río, haciendo ocho puentes sobre el mismo, ronda del Tamarguillo y ampliando el aeropuerto. No obstante, contó con una situación más fácil que la de su predecesor Uruñuela, ya que dichas obras se llevaron a cabo con motivo de la Expo, siendo financiadas parte de las mismas con fondos del Estado (gobernado por su partido).
Sin duda, Del Valle fue el artífice de la mayor transformación de Sevilla desde que en el siglo XIX se derribó la muralla almohade, aunque la mayor crítica que recibió fue la paralización del Metro, diciendo que los túneles iniciados por Uruñuela no servían cuando fueron posteriormente utilizados por Monteseirín, ya que el gobierno de Felipe González le dijo literalmente “o Metro o Expo”, haciendo en su lugar el Metro en Bilbao, por lo que el alcalde socialista esgrimió excusas que luego se demostraron falsas como que el Metro podría afectar a los monumentos, cuando no se han dejado de proteger porque en el trayecto de Puerta de Jerez-Plaza Nueva se haya hecho un tranvía.
Tras la caída de Guerra en 1991, fruto de su filiación guerrista fue relevado como candidato y sustituido por el felipista Luis Yáñez, a lo que cabe añadir que PP y PA sumaron para formar gobierno, ya que se acrecentaba el desgaste de gobierno como se había visto en 1987, cuando los socialistas perdieron la mayoría absoluta y tuvieron que apoyarse en IU, mientras que la oposición fue ganando posiciones: AP (de la mano de Soledad Becerril) se hicieron con el liderazgo indiscutible del centro-derecha al dejar sin representación a sus rivales del PDP y el CDS, y el PA (que se había quedado sin representación en 1983) reapareció con fuerza al conseguir siete concejales de la mano de un candidato carismático como Rojas-Marcos.
Alejandro Rojas-Marcos (1991-1995) – PA:
Como alcalde, Rojas-Marcos convirtió Sevilla en una ciudad turística y de congresos, pasando a ser la Ciudad del Deporte y creando la Facultad de Deportes que prendió la llama de la candidatura olímpica, elementos que dieron proyección internacional a la ciudad, a lo que se suma que reurbanizó el Prado de San Sebastián, creó el Patronato del Alcázar, llevó la cultura a la periferia por medio de conciertos, hizo más de 10.000 VPO, construyó parques como los de San Jerónimo y Miraflores y en muchos barrios hizo instalaciones deportivas, de congresos, centros cívicos y bibliotecas, del mismo modo que creó símbolos de la ciudad como la bandera y el escudo.
Para el Estadio Olímpico, Rojas-Marcos se basó en los estadios únicos de Turín y Milán y estaba inicialmente previsto para el Campeonato Mundial de Atletismo de 1999, que el PP quería llevarse a Madrid alegando que las obras no estarían terminadas en plazo, y como ni la Junta ni el gobierno central le daban dinero, tuvo que buscar financiación privada, fomentando la labor deportiva en las federaciones nacionales e internacionales para que Sevilla pudiese ser sede de la candidatura olímpica.
El Estadio Olímpico fue (bajo mi punto de vista) el gran punto negro del alcalde andalucista), ya que, con un coste de 120 millones de euros se encuentra claramente infrautilizado, siendo destinado principalmente a conciertos que se podrían hacer en el estadio del Betis o del Sevilla, algo que guarda relación con el principal propósito de la construcción del mismo, ya que Rojas-Marcos pretendía que la nueva edificación fuese el estadio conjunto de ambos equipos y que el ayuntamiento adquiriese tanto el Benito Villamarín como el Ramón Sánchez Pizjuán, liberando dicho espacio para la ciudad, pero el PP quería que el estadio fuese únicamente para el Betis para devolverle a Ruiz de Lopera el favor que había hecho al financiar la plataforma Vía Digital que actuaría como alternativa a PRISA.
En lo que al urbanismo se refiere, el PGOU de 1987 estaba agotado y no permitía desarrollar nuevos suelos, calando la acusación del PSOE del “urbanismo bajo sospecha” porque eran fechas cercanas al euro en las que salió a la luz mucho dinero oculto, a pesar de que todos los gobiernos en todos los ayuntamientos hacen recalificaciones, y bajo el gobierno de Rojas-Marcos fueron apoyadas por PP, PSOE y PA, siendo IU el único que se opuso a las mismas, de hecho, el PA se opuso a la recalificación del Prado de San Sebastián (con la que el PP pretendía un edificio de lujo frente a la Universidad) y La Buhaira (que PP y PSOE querían, y contra el criterio del PA se hicieron las dos torres), a lo que se suma que Rojas-Marcos hizo La Buhaira y zonas verdes en Prado de San Sebastián y La Buhaira.
El punto de inflexión del gobierno de Rojas-Marcos en lo que al turismo se refiere queda ilustrado en el hecho de que, tras la Expo de 1992, llegó la crisis de 1993 y el turismo se desplomó, teniendo los hoteles que ir a los aeropuertos a recoger a los turistas e invitarlos a la primera noche de estancia, de hecho, hay votantes del PP que consideran que el mejor alcalde ha sido Rojas-Marcos.
Cabe añadir que gracias al alcalde andalucista (después de dejar la alcaldía) se reanudó el Metro, ya que se lo puso como condición a Monteseirín para apoyarle.
Otro elemento menor (aunque significativo) es el hecho de que ya en 1993, como alcalde, Rojas-Marcos celebró el Día de la Bandera Andaluza, invitado a andalucistas de diferentes tendencias: uno de izquierdas y otro de derechas, respectivamente Salvador Távora y Clavero Arévalo.





