A poco que nos fijemos o reflexionemos sobre ello, fácilmente llegamos a la conclusión de que todo acto u omisión tiene consecuencias. Cuando hacemos o dejamos de hacer algo, cuando hablamos o callamos, después, más tarde o más temprano, se deriva un resultado, deseado o no, que tiene su origen en aquella decisión previa. Me viene a la mente esta reflexión cuando observo a esos padres que dejan en manos de sus hijos pequeños el móvil, sin percatarse de que a medio o largo plazo esta herramienta de comunicación puede afectarles a sus vidas de un modo no deseado.
Hace poco vi un reportaje de la periodista Ester Medina sobre la aparición de una nueva moda entre las niñas de seis años en adelante, recién perdidos los incisivos de leche, que la prensa ha dado en llamar Sephora Kids (niñas Sephora, en inglés, en referencia a una popular tienda de productos de belleza), y que consiste en maquillarse desde tan temprana edad, siendo grabadas con un móvil, en muchos casos con la anuencia de sus progenitores.
La sesión de vídeo comienza con la presentación de los productos de belleza que se van a utilizar, como si de la preparación de un menú se tratara y nos mostrara los ingredientes, y continúa con la rutina de belleza, maquillaje y cuidados faciales. Son niñas que ya han incluido en su lenguaje habitual términos como sérum, retinol, colágeno, peeling o ácido hialurónico, normalmente utilizados en un lenguaje adulto.
Les invito a que se fijen en el público que entra en una tienda de cosméticos y observen como ahora hay más niñas que acompañan a sus madres, cómo las marcas han aumentado su gama de productos incluyendo ahora el segmento de público infantil, haciéndolos apetecibles a niñas de ocho a diez años, y ampliando así un negocio multimillonario en expansión.
Las redes sociales han elevado a la categoría de ídolo todo lo relacionado con la imagen, el cuidado del cuerpo, la perfección facial sin granitos, ni lunares, ni pecas, ni sombras, ni, por supuesto, arrugas, ¡el rostro ideal, al que quiero parecerme para triunfar, tener muchos seguidores que se admiren de mi belleza! La cultura del skincare (cuidado de la piel, en inglés). Pongámonos por un momento en la mente de estas criaturas, que ven el mundo a través de una pantalla, que no tienen como referencia a su madre, a su hermana mayor, a su tía o a su abuela, porque prefieren parecerse a esa chica ante cuya imagen quedan deslumbradas, y entenderemos que es fácil colegir lo que sucederá a continuación.
Lógicamente, los ideales a los que están sometidas estas niñas son inalcanzables, y han dado lugar en los gabinetes de Psicología a una nueva modalidad clínica: la cosmeticorexia, un trastorno psicológico reciente que se caracteriza por la obsesión compulsiva por los tratamientos cosméticos o estéticos, y que cada vez es más frecuentes en niñas y preadolescentes.
También los dermatólogos han hecho valer sus opiniones al respecto y han advertido sobre las consecuencias que estas prácticas pueden suponer para una piel en construcción, pues a esas edades tan tempranas es mucho más fina y sensible, y el uso de cosméticos puede favorecer la aparición de acné, eccemas o dermatitis atópica, o irritaciones cutáneas.. De hecho, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios nos ha alertado al manifestar que durante el pasado año 2023, los efectos no deseados por el uso de cosméticos aumentaron un 130 %, es decir, se han más que duplicado.
Esto en cuanto a las repercusiones en la salud física, pero ¿qué decir de la salud mental? Es cierto que estamos ante un fenómeno relativamente reciente y no se han publicado muchos estudios sobre ello, pero si caemos en la cuenta de que las niñas están en la edad del pleno-desarrollo de su identidad, esta obsesión por la apariencia puede desembocar en una baja autoestima, inseguridades de todo tipo, debido a la comparación con estándares inapropiados para su edad, trastornos alimentaros y una gran insatisfacción corporal, pero también de identidad.
Si la edad mínima para abrirse una cuenta en Tik Tok o Instagram es de 13 años, ¿por qué las niñas utilizan estas redes? ¿Las abren sin el consentimiento de sus padres, o son ellos los que se dan de alta y con su presencia respaldan y apoyan esta actividad de sus hijas?
Resulta necesario y urgente que estas niñas vean una versión más real de sí mismas, que el entorno familiar realce el valor de las cualidades internas; que las madres les hagan ver a sus hijas que ellas se arreglan por mejorar un poco su imagen, pero que es algo secundario; que se fijen en otras realidades, cuerpos y personas diferentes, para que se den cuenta de que su valía no va ligada a su apariencia; de que la verdadera belleza, como tantas veces hemos constatado, está en el interior.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Alberto Tobaja opina acerca de la «mala educación» e incluso «desidia en la educación» de las niñas. Refuerzo su opinión en lo que socialmente completa la «contracultura progresista» desde todos los ámbitos: equivocada educación sexual, promoción de aborto voluntario, «orgullo gay», exageradas cuestiones por «violencia de género», etc. etc.
Aristóteles aconsejaba: ¡Cada cosa en su medida y armoniosamente!
Saludo cordial al autor.