Se funden cera y albero sobre el pétreo pavimento, cera de cirios tiniebla y de la feria el albero; faroles de guardabrisas se apagaron en los templos ahora serán farolillos en el Real los luceros. Se terminaron vigilias y los cuaresmales rezos, se acabaron las torrijas ya llega el jamón del bueno. Es ésta ciudad dual que llora y ríe al momento un escenario teatral del gozo tras el tormento. Sevilla atraviesa el río sin pausa y sin intermedio, a pie, en bicicleta, en moto, en autobús, en el metro; a caballo a la vaquera o en faetón postinero. Si algo sabe esta ciudad es pronto a cambiar de tercio. ¡Cuánto puede disfrutar con tan poquito dinero!
Sevilla es ciclo vital en un bucle sempiterno, se añora lo que se ha ido mientras se espera lo nuevo. Sus naranjos son testigos de todo el paso del tiempo; ahora flores de azahar que serán naranjas luego. Bienvenido el mes de abril con sus matas de romero, viene en trajes de flamenca ceñidos sobre esos cuerpos que derraman la alegría con sus volantes al vuelo. Y en caballistas montando con sus mejores arreos, luciendo con elegancia el traje corto campero. Estampa clásica histórica de la identidad de un pueblo; habrá quien le agrade más y habrá quien le guste menos. Del mundo entero vendrán quienes no pudieron verlo para admirar la belleza, el colorido, el secreto de una ciudad pura gracia que hace lo efímero eterno.
Ya está cayendo la tarde al Coso Baratillero, se ha anunciado un gran cartel con un hierro de abolengo. Torean maestros del arte que son del silencio diestros y en el ruedo maestrante lidian persiguiendo un sueño, un sueño que nadie ve y que lo tuvieron ellos. A eso entregaron sus vidas y por eso son toreros. Ya están rezando en Capilla y están templando los nervios. En el patio de cuadrillas hasta un caballo está inquieto porque esta tarde en Sevilla sobre el amarillo albero tres hombres juegan su vida enfrente de un toro negro. El tendido les añora, esperan sus subalternos, ganadero y mayoral, les aguarda el torilero. Suenan timbal y clarín, ahora ni se escucha el viento.
En sus parábolas Dios repartió igual los talentos y dividió el mundo en dos, fíjese usted que misterio. Medio ruedo está en Sevilla y el otro medio en El Puerto. Villalón, quien conocía estos caminos camperos fue aquel que lo definió sobre su jaco careto. Gira el mundo sin cesar desde el principio del tiempo y no parará jamás su circular movimiento.
Desde el albero a la arena del camino rociero; y del Rocío a la playa; y de la playa al colegio. Nacimiento de Jesús viene con el año nuevo. Así un año y otro año y vuelta a empezar de nuevo. Pascua de Resurrección, se funden cera y albero. Cera por los que se fueron y albero por los que estamos y que también nos iremos.





