La circunvalación SE-40 nació hace ya un cuarto de siglo como la gran infraestructura para mejorar la movilidad metropolitana de Sevilla. Sin embargo, desde su primer anuncio en el año 2000, la historia de esta autovía metropolitana ha estado marcada por la lentitud y la ineficiencia. De los 77,34 km proyectados, solo se han terminado 39 km en 18 años, apenas la mitad. El ritmo medio de ejecución ha sido decepcionante: poco más de 2 km por año, una cifra inadmisible para una obra de esta envergadura.
El presupuesto inicial fue de 400 millones de euros, pero se estima que la factura supere los 1.000 millones a la conclusión, no sabemos con seguridad cuándo, de las obras. De este aumento, más de 200 millones se consideran pérdidas vinculadas a la paralización, indemnizaciones, liquidación de contratos y adquisiciones fallidas, como la famosa tuneladora comprada por 37 millones, custodiada en Coria del Río durante 11 años por otros 11 millones, y vendida como chatarra, según fuentes oficiales, por apenas un millón de euros en 2023. Aunque otras fuentes aseguran que la tuneladora se vendió a terceros para la finalidad para la que se construyó, que no era otra que la realización de un túnel. Cabe pensar que en este caso, su precio de venta hubiera sido mucho mayor, aunque no hay datos concretos que verifiquen esta versión. Aunque conociendo al personal, no sería de extrañar y, como es lógico, pensar, que alguien se enriqueció a costa de los ciudadanos una vez más. Ateniéndonos a los datos existentes, sólo este “incidente” costó 48 millones de euros.
El túnel bajo el Guadalquivir, pieza clave del cierre sur, resume el caos administrativo. El proyecto original para dos túneles gemelos tuvo un presupuesto de 473 millones, adjudicados a distintas UTEs (Aldesa, Copisa, Bruesa para el sur; OHL, Sando, Azvi para el norte). En 2012, las obras se paralizaron por la crisis económica y desde entonces, la solución ha cambiado: ahora, los estudios de viabilidad apuestan por un puente porque en teoría es mucho más barato, siendo su presupuesto estimado de 523 millones frente, según nos dicen, los 2.000 millones que costaría terminar el túnel hoy. Como dato curioso decir que dichos estudios de viabilidad, tanto a favor del túnel como en contra, están realizados por las mismas ingenierías (Fhecor y Ayesa), uno cuando gobernaba el PP y el otro gobernando el PSOE. Y no existen datos publicados de cuanto costaron ambos estudios al erario público. Los expertos calculan, por comparación con otros estudios de viabilidad semejantes y recientes, que podrían costar al menos entre 1 y 3 millones.
¿Y la responsabilidad política?
En cada paso de este proceso, la responsabilidad se diluye entre distintos gobiernos de PSOE y PP, que nunca han dado explicaciones sobre los retrasos, los sobrecostes ni las pérdidas millonarias sufragadas por los ciudadanos. De una obra que iba a durar cinco años, hemos pasado a una esperanza de finalización en 2030, es decir, 25 años desde el inicio y aún sin garantía de cierre definitivo. Y de un presupuesto inicial de 400 millones, a un presupuesto final “estimado” en más de 1.000 millones de euros, de los cuales, 200 se han perdido entre deudas y decisiones políticas. Toda una generación pagando la incompetencia gestionada desde Madrid y Sevilla.
Pero, además, la SE-40 refleja también el peaje de la mala gestión pública en términos de movilidad, desarrollo, competitividad y calidad de vida para el área metropolitana de Sevilla. El fundamento para su construcción se basa en la descongestión del tráfico que a diario sufre la capital y sus alrededores: las entradas y salidas a Sevilla en horas punta, la circulación de la SE-30 y los atascos continuos en el Puente del Quinto Centenario.
Y son 25 años, un cuarto de siglo, sin dar solución al problema.
Mientras los gobiernos siguen lanzando nuevas promesas, la infraestructura clave avanza a trompicones y el “apagón” informativo tapa las vergüenzas de unos y otros. Al final, nadie asume responsabilidades y, como siempre, “el que paga eres tú”.





