Al igual que ha sucedido con célebres secuelas del cine de terror de las décadas de 1980 y 1990 que han sido recuperadas en los últimos años como Scream, Halloween y Sé lo que hicisteis el último verano, la sexta entrega de esta mítica saga de comedia no hace alusión al número que le corresponde, sino a su título originario, como si fuese la primera parte de la misma. Ello se debe al fenómeno del reboot que se está dando en el cine de terror, donde se vuele a la trama originaria, ya que el público quiere el rostro de los protagonistas iniciales, los cuales son combinados por otros nuevos.
En el caso concreto de Scary Movie, se puede concluir que la franquicia ha pasado por tres fases:
- La primera de ellas hace alusión a las dos primeras entregas, que son dirigidas por los hermanos Wayans, caracterizándose por los insultos, escenas sexuales explícitas, chistes raciales y escatológicos, girando la trama en torno al slasher, que, en el caso de la primera parte (la más exitosa) es Scream. No en balde, toma como título el nombre que inicialmente iba a tener la saga de Wes Craven, que era precisamente Scary Movie, siendo tal su impacto cultural que cuando alguien ve Scream le cuesta tomarse en serio a Ghostface al asociarlo inconscientemente a la parodia que se hizo del mismo.
Dicho estreno, con un presupuesto de 19 millones de dólares, recaudó 278 millones, por lo que, al estar en su punto álgido, la productora quiso aprovechar el tirón y sacar una secuela en un año, por lo que los hermanos Wayans tuvieron que desarrollarla en nueve meses. En esta ocasión, la trama giró en torno a casas encantadas, y a la espera de recaudar más, se duplicó el presupuesto hasta los 45 millones de euros, pero se recaudaron 141 millones. Al contarse con mucho menos tiempo, la originalidad de la segunda entrega fue menor que la de la primera.
- Tras discrepancias con Dimension Films, los Wayans salieron del proyecto, que continuó con la saga sin sus creadores, dándole un giro de timón, por lo que pasó a ser dirigida por David Zucker, con una sólida experiencia en el cine de parodia, que imprimió una nueva línea al proyecto. Pese a no estar los rostros de Marlon y Shaw Wayans en esta ocasión, sí seguían los de Anna Faris y Regina Hall.
Se eliminó el humor obsceno y escatológico, siendo sustituido por humor absurdo y más chistes de golpes que en las otras dos entregas, del mismo modo que, a diferencia de las que la precedieron, la protagonista no era pretendida sexualmente por otros, sino que se enamoraban de ella. Pasaba a tener un protagonismo indiscutible, ya que la trama gira alrededor de ella, en contraste con el pasado, cuando dicho protagonismo era más compartido, y en dicha ocasión, se parodiaban películas actuales y no pasadas. Con este giro se pretendía recaudar más al llegar a un público más amplio, pues si el límite de edad de las dos primeras entregas era de 18 años, la de la tercera se rebajó a 13 años.
A todo lo anterior se suma el cambio estético de Anna Faris, que en las dos primeras partes aparecía teñida con el pelo negro para asemejarse a la protagonista de Scream, Cindy Prescott, y ahora pasaba su color de pelo natural, rubio, igual que la actriz Naomi Watts en “The ring”, película sobre la que pivota esta tercera entrega. También se sumaron rostros cinematográficos reconocibles como Charlie Sheen y Leslie Nielsen.
Con este giro, la saga remontó con notable éxito (gastó 48 millones y recaudó 178), pero con la cuarta parte ya se inició el declive definitivo, pues el género de parodia estaba saturado y se volvía repetitivo.
- La tercera y última fase se circunscribe a la quinta entrega, y el cambio drástico radica en que no se cuenta con la protagonista indiscutible, pues Anna Faris estaba embarazada, y es posible que rehusase participar al no convencerle el guión, algo que no gustó a los fans de la franquicia, pues de la misma sólo quedaba el nombre, lo que generaba un problema de identidad.
El productor Harvey Weinstein, el muro infranqueable entre la saga y los hermanos Wayans, creadores de la misma, fue acusado de acoso y abusos sexuales contra mujeres, por lo que, al ser eliminado el escollo, los Wayans pudieron volver a hacerse con el control de la secuela. Pese a tener que abandonar Scary Movie en su momento, cosecharon varios éxitos posteriores que les llevó a la cima de Hollywood como la comedia “Dos rubias de pelo en pecho”, lo que demostraban que tenían una gran capacidad creativa.
Esta sexta entrega es una de las mejores de la saga, aunque no supera a la primera, que es unánimemente considerada la mejor, que aportaba frescura y un carácter innovador. No obstante, destaca por su fuerte creatividad y originalidad, ya que se dirige tanto al público fiel a la saga como a los jóvenes que van a verla por primera vez y buscan algo actual, sin dejar por ello de apelar a la nostalgia. En efecto, combina el humor absurdo de la tercera y la cuarta parte con el humor obsceno de las dos primeras entregas, a lo que se suma el ritmo rápido de la cuarta y la quinta, en contraposición, al más lento de las otras entregas.
En definitiva, la saga vuelve a ser ofensiva, recuperando el humor negro que le caracterizó en el pasado. Algunos de esos chistes, como los relativos a la homosexualidad que pretende ocultar uno de los personajes (interpretado por Shaw Wayans) están ya gastados, siendo propios de Arévalo en su época álgida, aunque se hacen otros nuevos aprovechando la ola del wokismo, a la que pretenden satirizar, para lo que cuentan con un personaje transexual y se alude a los pronombres utilizados para referirse a las personas autodenominadas no binarias. No obstante, no se les puede acusar de “tránsfobos”, ya que el propio Marlon Wayans tiene un hijo transgénero y precisamente el personaje del policía, padre del chico transexual, se introdujo para representar la relación con su hijo, a lo que se suma que dicho actor interpreta el mismo papel que ya hizo en “Freddy contra Jason”.
Hay chistes que ya se hicieron en la primera película y que se repiten para apelar al espectador nostálgico y hacerle ver que la saga ha vuelto a sus orígenes, algunos de los cuales han sido reformulados, lo que evita que abuse de la nostalgia. En efecto, se hace alusión y se satirizan cuestiones de actualidad: las redes sociales, el trumpismo, la transexualidad, el racismo, los streamer y las nuevas tecnologías, volviendo a ese humor incómodo y desagradable que, sin límites, da palos en todas las direcciones sin una finalidad política, buscando únicamente entretener, motivo por el que los Wayans destrozan la llamada “cultura de la cancelación” y lo políticamente correcto en favor de la libertad creativa.
Es una película valiente frente a la nueva Inquisición del neopuritanismo woke, pues si Scary Movie se caracterizó en sus inicios fue por hacer un humor incómodo e incluso desagradable.
La parte, a mi juicio, negativa de esta nueva entrega es que se introducen algunos sketches inconexos, que se meten con calzador, del mismo modo que, tratando de recuperar a los principales rostros de las dos primeras entregas, algunos como Hanson (el mayordomo de la segunda parte) tienen cameos efímeros y aislados de la trama, lo que contrasta con el mayor peso que se le suponía en base al tráiler de la película.
Cabe añadir que esta es, con diferencia, la más política de las entregas de Scary Movie en base a las referencias que se hacen al respecto en un panorama fuertemente polarizado, algo que se plantea sin una finalidad adoctrinadora, sino que busca divertir sin más. Para ello se alude incluso a los Archivos Epstein.
La primera Scary Movie tiene una indiscutible importancia cinematográfica, ya que revitalizó las parodias, que estaban en declive desde la década de 1980, haciendo que aparecieran en torno a Scary Movie todo un subgénero que trataban de aprovechar dicha ola para emular su éxito. Son muchos los títulos que así lo demuestran: No es otra estúpida película americana, Disaster Movie, Spanish Movie, Casi 300 y Superhero Movie, entre otras muchas.
Este reinicio de la saga supone recuperar un género que, tras su declive, llevaba años desaparecido, volviendo con una gran calidad, y pese a sus fallos, el nuevo producto supone, sin duda alguna, una gran victoria.





