
Las previsiones meteorológicas para la primera quincena del mes de abril[1], en la que se encuadraba los esperados días de la Semana Santa de 1911, no eran nada halagüeñas. Se esperaba una semana llena de sobresaltos debido al mal tiempo pronosticado, y aun cuando curiosamente el Domingo de Ramos amaneció con sol y agradable temperatura, a partir del mediodía del mismo día, al que se había llegado con cielo despejado, se empezó a cumplir lo sospechado, apareciendo nubes y estropeándose una Semana Santa que en líneas generales estaría deslucida por la lluvia.
Fueron muchas las cofradías afectadas por el agua y muchas las decisiones adoptadas por sus responsables con relación a las distintas opciones a tomar, pero si tuviéramos que entresacar algunas de las más damnificadas, habría que fijarse en los días de Domingo de Ramos y Jueves Santo, con las Hermandades de la Estrella y San Bernardo.
La jornada que abría la Semana Santa y tras salir a la calle la Cofradía de San Roque, que también tuvo problemas con la lluvia y que al final se tuvo que proteger en la Catedral quedándose allí los dos pasos y disolviéndose el acompañamiento de nazarenos, músicos y autoridades; de las dos cofradías que tenían anunciada su salida de la iglesia de San Jacinto salió la de la Estrella, a la que le sorprendió la lluvia en su barrio, haciéndole detenerse hasta esperar ocasión de continuar, como así lo hizo a pesar del agua. Recorrió las calles de Triana, como si brillase el sol, pasó el Puente y la calle Reyes Católicos, prosiguiendo su itinerario; pero al llegar a la esquina de la calle Cánovas del Castillo y con la lluvia en aumento, la cofradía tuvo que emprender el regreso por la Plaza Nueva y calles Zaragoza y Reyes Católicos, ofreciendo las imágenes y los pasos el más lastimoso aspecto hasta la entrada en su templo a las diez de la noche[2].
En el ecuador de la semana, hubo un cambio eventual de la situación atmosférica, respetando la lluvia las salidas procesionales de todas las hermandades que tenían anunciada su salida en el Miércoles Santo, y dando al mismo tiempo un rayo de esperanza a todos los cofrades sobre el discurrir del resto de la semana[3]. La mañana del Jueves Santo, siguiendo la tónica del día anterior, hizo que mucha gente saliera a la calle a visitar las cofradías dentro de sus templos. La de San Bernardo llamaba la atención por el gusto y riqueza de su exorno, llevando el paso del Señor flores blancas en el Calvario y canasto del mismo; y la Virgen, luciendo un peto de alhajas confeccionado por su camarera doña Enriqueta Martín viuda de don Francisco Arjona Reyes “Currito”, iba sobre un bonito paso en el que sobresalía entre sus adornos seis velas rizadas[4].
A la hora anunciada de su salida, dos de la tarde, la cofradía con sus dos pasos: el primero con el Señor Crucificado y la Magdalena, y en el segundo la Santísima Virgen bajo palio, se hizo a la calle con el acompañamiento musical de los Lanceros de Villaviciosa, los Ingenieros y la banda de los Salesianos; para hacer su acostumbrada estación a la Santa Iglesia Catedral por el itinerario marcado de Almonacid, Gallinato, San Bernardo, Marte, Industria, San Esteban, Plaza de Pilatos, Caballeriza, Plaza de San Ildefonso, Cabeza del Rey Don Pedro, Alfalfa, Plaza de Mendizábal, Alcaicería, Plaza del Pan, Alcuceros, Plaza del Salvador, Federico de Castro, Pi y Margall, Sierpes, Plaza de la Constitución, Cánovas del Castillo, Gran Capitán, Catedral, Plaza del Cardenal Lluch, Placentines, Francos, Plaza del Pan, Alcaicería, Plaza de Mendizábal, Alfalfa, Cabeza del Rey Don Pedro, Plaza de San Ildefonso, Caballerizas, San Esteban, Industria, Marte, San Bernardo, Santo Rey, Marqués de Estella, Alonso Tello y Almonacid[5].
A la altura de la calle Industria, la cofradía se vio sorprendida por una gran tormenta, con torrenciales lluvias, que hizo que los pasos con las Sagradas Imágenes intentarán refugiarse en la parroquia de San Esteban; pero en vista de que los pasos no cabían por las puertas del mencionado templo y siguiendo la lluvia de forma torrencial, tuvieron que seguir para refugiarse en el Palacio de Casa de Pilatos, desde donde salió una hora después, tras haberse despejado el tiempo y celebrarse un cabildo extraordinario, en el que se acordó seguir su estación a la Catedral con el mismo fervor y entusiasmo con el que había salido y aun cuando los pasos ya presentaban algunos desperfectos.
La cofradía siguió su transitar verificando su entrada a las dos de la madrugada con gran orden y compostura, siendo unánimes los vítores y alabanzas que partían del inmenso público que en los alrededores de la Puerta de la Carne y San Bernardo pugnaban por admirar las Sagradas Imágenes, haciéndose casi imposible el tránsito por las calles a consecuencia del inmenso número de personas que rodeaban los pasos[6].
Aun cuando al terminar la estación de penitencia, el Hermano Mayor recibió entusiastas felicitaciones por el gusto con que iba adornada la cofradía y por la acertada dirección de la misma, no debieron de terminar muy contentos los hermanos del barrio de los toreros. La cofradía entró con muchos desperfectos en sus pasos y enseres, hasta tal punto que en el primer cabildo general que hubo, 9 de julio de 1911, el Hermano Mayor señor Ariza, hizo uso de la palabra y expuso a los asistentes la necesidad de organizar un festival con el fin de recaudar los ingresos necesarios para las reformas que debían introducirse en los pasos, los cuales, a consecuencia del agua que recibieron en su salida del Jueves Santo último, se encontraban en muy mal estado. Al finalizar su exposición, hizo la petición de nombrar una “Comisión” que fuera la responsable de organizar ese festival y llevar a cabo las reformas oportunas.
Los hermanos por unanimidad autorizaron al Sr. Ariza para que nombrase la “Comisión” y ésta, que ya debería de estar trabajando, pronto dio la fecha del 23 de julio para la celebración del festejo taurino, aprovechando inmediatamente la prensa para facilitar pinceladas sobre el mismo: ganadería, matadores, donantes de moñas y banderillas de lujo, e incluso para reseñar el ofrecimiento dado por el ex-matador de toros Emilio Torres “Bombita” de dos de sus magníficos caballos, para que en ellos saliesen a pedir la llave, vestidos a la andaluza, los célebres desbravadores conocidos por Antonio el de Osuna y Carrillo.
Estos mismos medios dieron nota de los precios de las entradas, dos pesetas en centro y sombra, y una en sol, con inclusión del impuesto del timbre; indicando igualmente que además de los despachos de costumbre se establecería uno en la Puerta de la Carne, frente al Matadero, y otro en Triana en calle San Jacinto; así como que las localidades de preferencia se podrían adquirir en el domicilio del industrial don José María Ariza, calle Santa María la Blanca números 9 y 11, de ocho a doce de la noche[7].
La comisión organizadora confeccionó un primer cartel donde haciendo mención que la organización corría a cargo del Barrio de San Bernardo, anunciaba una gran corrida de seis hermosos novillos-toros, desecho de tienta y cerrado, perteneciente a la acreditada ganadería de los señores Moreno Santamaría, vecinos de Sevilla. Con respecto a este ganado se ponía de manifiesto que la víspera de la corrida estaría en los corrales de la dehesa de Tablada, para que los aficionados lo pudieran ver y comprobaran el inmejorable estado de gordura y trapío del mismo.
Resaltaban los diestros intervinientes con sus cuadrillas y su orden en la lidia, figurando en primer lugar el célebre matador de Alcalá, Manuel Martín “Vázquez II”, con su cuadrilla formada por Manuel Sáenz (Alejo) y Rafael Coito (Ratonera) como picadores; José Bazán, Juan Blanco (Blanquito) y Antonio Pérez (Mundito) como banderilleros. En segundo lugar lidiaría José Corzo “Corcito”, de Sevilla, con los picadores Manuel Morales (Gacha), José Sánchez (Caena) y Manuel Pérez (Largo) y los banderilleros José María Calderón, José Ritoré y Fernando Peralta. Y en tercer lugar intervendría el diestro de Castilleja, Fernando Rosales “Rosalito” con Joaquín Trigo, Juan Pinto y José Rivas (Cantares II) como picadores y con Feliciano González (Pilín), Pedro Gil (Cepillero) y Manuel de las Cuevas (Lolo) como banderilleros. Como puntillero para las tres cuadrillas se anunciaba el cachetero de San Bernardo, Juan Mellado (Manteca).
Con el cartel en la calle se puso a la venta un total de 12.900 entradas, distribuidas en: 2.500 localidades de Centro, 3.400 de Sombra, 3.000 de Sol alto y 4.000 del Sol bajo; y a unos precios de 3,60 pesetas las de Delantero de Palco sin entrada, 2,40 ptas. las de Segunda fila de Palco sin entrada, 3,60 ptas. las de Delantero de Sillón de Barrera sin entrada, 2,40 ptas. las de Segunda fila de Sillón de Barrera sin entrada, 2 ptas. las de Centro y Sombra, y 1 pta. las de Sol alto y bajo. Los billetes para presenciar el encierro se establecieron en 2 ptas.[8]
Aun cuando la animación era cada día mayor entre el público y los aficionados elogiaban el cómo había quedado el cartel; la comisión organizadora del espectáculo, sin alterar los precios de las localidades de sombra y sol, y siendo consciente lo deseoso que estaba el mundillo taurino sevillano de ver torear al diestro de la tierra Antonio Rivas “Moreno de San Bernardo”, tras los éxitos obtenidos en diferentes plazas mejicanas; hizo el sacrificio de contratarle para que alternara con los tres anunciados, adquiriendo otros dos cornúpetos a los señores Moreno Santamaría.
Al quedar el cartel compuesto de ocho novillos para cuatro matadores, tuvo que adelantarse la hora de comienzo a las cinco de la tarde[9].
La corrida se llevó a efecto con una presidencia formada por los señores Fragoso, Romero Bennetot y La Bandera y un calor achicharrante de casi 54 grados al sol. La entrada fue un llenazo, presenciando muchos espectadores la lidia en mangas de camisa y hasta en camiseta[10]; valorándose el espectáculo de forma desigual, donde los ocho novillos cumplieron; “Moreno de San Bernardo” estuvo mal en sus dos toros, “Vázquez chico” aplaudido en los dos suyos, “Corcito” regular en el tercero y bien en el séptimo, y “Rosalito” bien en el cuarto y regular en el último[11].
En el aspecto económico, aun cuando no se consiguió el mismo montante de 4.916,43 pesetas que un mes antes había conseguido la Hermandad de la Macarena con una corrida de seis novillos, la comisión organizadora se sintió satisfecha y agradecida por la ayuda ofrecida, alcanzando un beneficio de 2.817, 74 pesetas. De estos datos que se dieron a conocer en la prensa del momento[12], todos se desglosaron en el siguiente cabildo general de fecha 18 de febrero de 1912, dándose cuenta detallada de los gastos de las reformas llevadas a cabo e informándose del acuerdo tomado por la “Comisión” de “la construcción de un palio que igualmente dejarían en beneficio de la Cofradía”, palio que encargan al acreditado bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda y del que aplazaban parte de su importe, suplicando que “para cubrir el importe de los plazos que habría que abonar se formase una suscripción, encareciendo a todos aportasen a ella lo que sus fuerzas o ingresos pecuniarios les permitiesen”.
Tras dar cuenta de haber recibido varios donativos para este fin, el Hermano Mayor hace ver al cabildo “la imprescindible necesidad de proceder este año a la limpieza del manto de la Stma. Virgen, por estar en mal estado y porque sería de buen efecto en el presente año toda vez que ha de estrenarse un lujoso palio”[13]
Muchos fueron los gastos por los desperfectos ocasionados por la lluvia de la Semana Santa de 1911, pagados muchos con lo obtenido en el festival, siendo curioso reseñar que a la suma de todos éstos fue primordial sumar el importe de un impermeable para el palio.
[1] HEMEROTECA MUNICIPAL DE SEVILLA (HMS). Pronósticos del tiempo, en El Correo de Andalucía. Sevilla, 4 de abril de 1911, p. 1.
[2] HMS. Las Cofradías, en El Liberal. Sevilla, 10 de abril de 1911, p. 2.
[3] HMS. Las Cofradías, en El Liberal. Sevilla, 13 de abril de 1911, p. 3.
[4] HMS. De Cofradías, en El Liberal. Sevilla, 6 de abril de 1911, pp. 1-2.
[5] ARCHIVO MUNICIPAL DE SEVILLA (AMS). Sec. Colección Alfabética. Semana Santa, caja 638, exp. de 1911, “Oficio de la Real e Ilustre Hermandad Cofradía y Asociación de Señoras del Stmo. Cristo de la Salud y María Stma. del Refugio de la parroquia de San Bernardo anunciando al Ayuntamiento su itinerario”, de 20 de marzo de 1911.
[6] ARCHIVO HERMANDAD DE SAN BERNARDO DE SEVILLA (AHSBS). Libro nº 53, “Libro de Acuerdos”. 1881 – 1919. Acta de 14 de abril de 1911.
[7] HMS. La corrida de San Bernardo, en El Correo de Andalucía. Sevilla, 12 de julio de 1911, p. 1.
[8] AMS. Sec. Colección Alfabética. Toros y Corridas, caja 803, exp. de 1911, “Cartel y documentación de la corrida del día 23 de julio de 1911”.
[9] HMS. La corrida del barrio de San Bernardo, en El Correo de Andalucía. Sevilla, 21 de julio de 1911, p. 1.
[10] HEMEROTECA DIGITAL DE LA BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA (HDBNE). Toros y novillos – en Provincias, en El Liberal. Madrid, 24 de julio de 1911, p. 4.
[11] HDBNE. Novillada en Sevilla, en El Toreo. Madrid, 31 de julio de 1911, p. 4.
[12] HMS. La corrida del barrio de San Bernardo, en El Correo de Andalucía. Sevilla, 8 de agosto de 1911, p. 1.
[13] LOBO ALMAZÁN, José María. “Corrida benéfica en San Bernardo tras una Semana Santa de 1911 deslucida por la lluvia”, en Boletín de las Cofradías de Sevilla. Sevilla 2018, pp. 557-561.






