La manifestación para reclamar ayudas en el sector de la hostelería y restauración en Sevilla del pasado jueves día 12, nos dejó varias estampas, cuanto menos curiosas.
Acudí para apoyar al sector al que me dedico profesionalmente, asesorando en materia de higiene y seguridad alimentaria, y al que me siento personalmente unida por afinidad y amistad. Son muchos años tratando con ellos, viendo trabajo, esfuerzo, sacrificios, muchas veces beneficios, triunfos, logros…, y también, como en este último año, ruina y desescalabro por donde se quiera mirar.
La hostelería es un sector poco dado a la confraternización, unión o corporativismo. La razón puede estar en la competencia y en la heterogeneidad de sus negocios. Nunca han estado hermanados y eso es una realidad, pero la adversidad hace que las personas se vayan asociando para la consecución de un bien común, ya se sabe que “la unión hace la fuerza”, y la Asociación de Hosteleros de Sevilla intenta por todos los medios aunar al sector, desde el más pequeño a los más grandes, y de esta manera tener más fuerza y representación.
Actualmente están más unidos y son mayoría, sus protestas comienzan a oírse y a dejarse sentir por las calles de Sevilla, y eso, a las autoridades locales y de la Comunidad debe empezarles a dar respeto. Quieren ayudas, quieren ser escuchados, como otros sectores más de la ciudad (taxistas, profesores, aeronáutica, sanitario,…)
El día de la manifestación pasé por la bodeguita Casablanca, un clásico sevillano. Durante la manifestación cerró, dejando a un trabajador “de guardia” vigilando enseres, los compañeros habían ido a la manifestación. Así mismo, observé que el Starbucks de la Avda. de la Constitución permanecía abierto y con servicio del 100% de su cuadrilla.
Está claro que a los de la bodeguita les va en ello su trabajo y su futuro, les abocan a un cierre con ruina para todos, en cambio las grandes franquicias reculan en los franquiciados que no les son rentables, y aquí paz y mañana gloria, tienen un consolidado patrimonio.
Los establecimientos de Sevilla, únicos, originales, particulares, especiales y muy personales, son la idiosincrasia de la Sevilla clásica, la de toda (o casi toda) la vida, díganse como ejemplo: Eslava, Manolo León, Robles, La Moneda, Bodeguita Romero, El Papelón, Ochoa, Sloppy Joe, Azotea, Tradevo… que llevan con nosotros ya años, cada uno en su estilo, pero son únicos. En estos tiempos en donde los establecimientos tipo franquicias ,normalmente americanas, McDonald’s, KFC, Taco Bell, Pizza Hut… nos están invadiendo, debemos ser más conscientes de apoyar lo nuestro, lo inimitable ,el sabor propio de sus platos, la decoración de sus locales, su amabilidad no fingida, en contra de la sonrisa y frases aprendidas por exigencias del marketing.
La restauración nos necesita, ahora más que nunca, y debemos (cosa que en realidad no nos cuesta nada, el sevillano es una animal social/callejero por antonomasia) consumir y apoyar a los nuestros, los bares o restaurantes de barrio, de siempre.
Ojalá esta dichosa pandemia podamos combatirla lo antes posible, y la vacuna que se vislumbra en un futuro no lejano, pueda hacer resurgir a este país, tan dañado ya por los fallecidos y enfermos que nos está dejando, amén por los cierres intermitentes que los negocios están padeciendo, llevándonos a un umbral de crisis sin precedentes en éstos últimos años.
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