Trato hecho
Al fallecimiento del rey Felipe II, acaecido en septiembre de 1.598, fueron organizados funerales solemnes en todas las capitales del Reino de España. En la ciudad del Betis fue de gran magnificencia el catafalco que se erigió en postrero honor al fallecido monarca. Y cómo no sería la riqueza que fluía entonces por la capital hispalense que siendo ésta una obra de arquitectura efímera, en su factura fue empleado mármol con profusión de esculturas de resaltado valor artístico. En cincuenta días fue construida esta magna obra de carácter temporal. Imaginemos una Portada de Feria edificada a maza y martillo con la más rica piedra ornamental. ¿En cincuenta días?
Don Miguel de Cervantes compuso a este fastuoso monumento su más afamado soneto – Al túmulo del Rey Felipe II que se hizo en Sevilla – donde describiría así su opulencia: “Por Jesucristo vivo, cada pieza / vale más de un millón, y que es mancilla / que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!, / Roma triunfante en ánimo y nobleza.” Nuestro universal genio de las letras, tomando la boca prestada del Ingenioso Hidalgo Manchego dijo que “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Cervantes vivió en su juventud cinco años en Italia, conociendo sus más famosas ciudades y quedando admirado de la grandeza y majestad de la Roma antigua. Hasta allí llevaría a uno de los personajes de sus “Novelas Ejemplares”. El Licenciado Vidriera, a quien convertiría en una suerte de alter ego, por medio de quien describiría las excelsas cualidades de la ciudad que fuese cuna de nuestra civilización.
Son Roma y Sevilla dos auténticos museos al aire libre, por lo que caminarlas produce grandísimo placer a los sentidos, tantas son las maravillas que ofrecen su contemplación al paseante. Roma es la ciudad eterna, Sevilla es perpetua dualidad donde pugnan lo eterno y lo efímero. Ambas urbes convergen en una misma materia: adquirieron la cualidad de eternas por sus permanentes obras públicas. Roma es casi tan antigua como Cádiz pero aún no está rematada. Para sus tres millones de habitantes sólo cuenta con tres líneas de transporte en metro y la última, la línea C, aún se encuentra inconclusa. En continuas obras. Ello supone un empate técnico con Sevilla. Pues la capital hispalense mantiene una línea de tren metropolitano para un millón de almas, sumando las romanizadas poblaciones situadas en las colinas del Aljarafe que circundan a Itálica.
El Ayuntamiento de Sevilla, conocedor de la caótica situación del tráfico rodado, en su perpetuo desvelo por el bienestar de sevillanos, visitantes y turistas, ha presentado la Campaña Metrominuto. Se trata de una red de itinerarios, señalados en un mapa al modo y manera de las líneas de metro de ciudades modernas y cosmopolitas. En estos croquis, a propios y extraños nos indican el tiempo que invertiremos en recorrer las distancias más frecuentes. De tal manera que por ejemplo, una pareja de acaudalados turistas canadienses que lleguen a la estación de Santa Justa, sabrán cuánto tiempo invertirán en desplazarse a pie hasta el hotel Alfonso XIII. Y cómo no, una octogenaria abuela de menguada pensión y residente en el polígono San Pablo, conocerá perfectamente los minutos que tardará en recorrer la distancia que media entre su domicilio y el Hospital Universitario Virgen Macarena. El folleto de esta campaña municipal nos propone que “Caminar no contamina, es gratis y ayuda a hacer de la ciudad un lugar más habitable”.
Mi admirado escritor y artista gaditano Fernando Quiñones, estuvo toda su vida enamorado de su tierra y de su mar. Sabiéndose presto a entregar la cuchara, antes de que su barca se fundiera con el sol en un atardecer frente al Castillo de San Sebastián, acompañó a su esposa italiana, Nadia, hasta el borde del océano Atlántico. Y allí le dijo: “Nadia, quiero hacerte un regalo: Te regalo Cádiz”. Así, en el contexto de la Semana Europea de la Movilidad, con alguna menos hondura poética que el recordado Quiñones; Sevilla nos regala a Sevilla, para que la recorramos a pie. En el coche de San Fernando, que para eso es Santo Patrón aunque sin festividad local. Y como buen ejemplo de sevillano adoptivo, si el aguerrido Rey Santo viviera, sería capaz de venir andando desde Zamora para darle a más de uno un mandoble con La Lobera en los mismísimos quiñones.
¿Saben ustedes quiénes saben bien de distancias y tiempos? Las Hermanas de la Cruz. Sea en parejas o en pequeñas bandadas, cual marrones vencejos caminantes. Muy calladamente salen a diario desde el convento casa madre de Santa Ángela, para quitar las espinas de la frente de Cristo. Desde la céntrica plaza de San Pedro las hermanitas llegarán andando hasta el polígono de San Pablo, extramuros. Siempre estarán allí donde haga falta socorrer a un enfermo, asistir a un convaleciente o amortajar a un difunto. Las hermanitas llevan el mismo estandarte que la Centuria Romana Macarena: S.P.Q.R. – Sienten, Padecen, Quieren y Rezan – ¡Que Dios las bendiga!





