Tomo prestado el título del presente artículo trocando su final: “Hambre” en vez del “Cante” del original título de aquel excelente programa televisivo dedicado al Cante Flamenco y emitido por TVE a principios de los años setenta del siglo pasado. Cuántas veces el hambre de épocas pretéritas fue motor de arranque del cante, el toreo y otras actividades artísticas y deportivas. ¿Cuánto arte ha sido generado para salir del hambre? Quien guste de contemplar un retrato de una parte de la sociedad española de mediados del siglo XX puede visualizar los capítulos de “Rito y Geografía del Cante”. Sólo soy un modesto aficionado al flamenco, con alguna afición y escaso conocimiento, por ello no es mi intención adentrarme en los vericuetos de un arte tan excelso y extenso, tan culto y tan popular a la vez como es el “Cante Jondo”. Así gustaban definirlo García-Lorca o Falla.
Mi interés se dirige más hacia la geografía del Centro Histórico de la Ciudad de Sevilla y la rápida transformación que está experimentando. Tan callando… En cierta ocasión un amigo y cliente deseaba adquirir un local comercial para instalar en la capital una sucursal de su negocio familiar. La ubicación había que encontrarla entre las calles típicas del comercio tradicional del centro de Sevilla. Este buen señor me reconoció abiertamente que no dominaba las zonas con mayor influencia comercial de la ciudad. Ante ésta duda inicial, para escoger la localización más acertada, le planteé que existen dos formas posibles de analizar las calles o cruces con más paso. Una, contratar a una empresa especializada en analítica comercial; la otra, caminar mucho y observar los lugares donde aflora la pobreza. Y optamos por buscar la pobreza para encontrar donde hay mayor paso de riqueza.
Existe un sistema métrico universal para distinguir cuáles son las calles de mayor valor comercial y con más paso peatonal. Es allí donde se encuentran los indigentes y tullidos mendicantes, donde atacan sus partituras los músicos callejeros nacionales, eslavos y balcánicos. En los lugares donde escenifican sus números los mimos. En los cruces donde se sitúan los vendedores ambulantes de Lotería Nacional y cupones de la ONCE (léase aquí loteros y cuponeros). Allí donde se apostan cual rapaces del tiempo ajeno los encuestadores y captadores de fondos de las múltiples ONG. En las aceras donde ubican sus exposiciones los manteros subsaharianos y los paisanos vendedores de paloduz e higos chumbos. En los días «señalaítos» allí donde las damas de bronce regalan matitas de romero y leen sus buenaventuras por la voluntad; y allá donde ofertan sus esmerados servicios profesionales los muy ilustres señores betuneros, que aún quedan.
He acuñado un acrónimo a este efecto, el ITP o Índice de Tripas Pegadas. Pues no existe mejor maestra y conductora que el hambre cotidiana. Allí donde estratégicamente se ubiquen los oficiantes citados anteriormente es donde bien pueden centrar sus puntos de mira los veedores de todos los Fondos de Inversión que quieren comprar Sevilla entera a pedacitos para llenarla de hoteles, apartamentos turísticos y restaurantes de comida rápida y para llevar. Veremos a ver a dónde nos llevan rápidamente a nosotros.
Quienes tan solo deseamos caminar en paz, seguiremos intentando atravesar con gran dificultad por el escueto espacio que nos quede entre todos los referidos y el que nos dejen libre los veladores callejeros, el tránsito tranviario, el carril reservado para bicicletas y demás vehículos rodantes y los excrementos caninos. Cuando por ejemplo vamos por la Avenida desde la Plaza Nueva hasta la Puerta Jerez, parece que hacemos un «Slalom Gigante» sorteando los obstáculos. Como vienen proclamando las voces más autorizadas de nuestra ciudad, caminar en Sevilla se ha convertido en deporte de alto riesgo.





