Aunque he comenzado analizando la segunda parte por la fascinación que el componente sobrenatural y apocalíptico me genera, me dispongo a hacer lo propio con la precuela, basada en la novela del mismo nombre, que, a su vez, tiene un enorme simbolismo.
Este filme del año 2000 supone un intento de americanizar el cine europeo, dentro del cual, el francés es el que más se acerca, comenzando con un principio que engancha fuertemente al espectador, logrando mantener el interés al conectar a través de historias paralelas que, en un principio, parecen inconexas. Algo que hace, además, por medio de los tópicos de dos policías de personalidad completamente diferente que se complementan muy bien: uno muy callado y otro, muy chistoso. No obstante, en la novela, la personalidad de ambos está invertida: ya que el comisario Niemans es elocuente y afable, y su compañero, duro y callado.
Para trasladar a la gran pantalla dos personajes de personalidad heterogénea se han servido de dos de los más destacados actores franceses. Por un lado, Jean Reno, que ha participado incluso en producciones norteamericanas como “Godzilla” y de manera posterior, “El Código Da Vinci”, y por otro, Vincent Cassell, protagonista de “El Pacto de los Lobos”, basado en la leyenda de Gevaudan.
La trama comienza cuando en un pequeño y aislado pueblo cerca de la montaña, se produce un crimen de gran magnitud, impropio del lugar y más característico de una ciudad, apareciendo un cadáver colgado a cientos de metros de altura, desnudo, en posición fetal y al que le han arrancado las manos y los ojos, introduciéndole en los mismos agua de lluvia ácida. La víctima era estudiante de la universidad del pueblo.
El otro policía investiga un caso en el que la tumba de una niña de diez años fallecida en 1982 ha sido profanada, pintándole svásticas nazis, siendo asaltada una escuela donde, aparentemente no se ha robado nada. Por curiosidad, pregunta si la niña cuya tumba profanaron, estudió allí, y cuando va a mostrarle su expediente y todos los datos de la fecha en la que estudió, descubre que han sido arrancadas.
Posteriormente descubre que la niña murió atropellada por un camión, y su madre, que únicamente sostenía un dedo de ella, acabó consumida por la locura e ingresó en un convento como monja de clausura, por lo que el agente acude a interrogarla. Ella le dice que en el hospital de la facultad su familia fue atacada por “demonios”, y cuando trataban de huir, fueron arrollados, muriendo su esposo y su hija.
Las siguientes víctimas tienen el mismo patrón, ya que pertenecían a la Universidad, caracterizándose por un sadismo extremo, ya que le fueron arrancadas las manos y los ojos estando con vida, suturándoles los cortes de las manos para que no muriesen como consecuencia de las mutilaciones y prolongar la agonía, tardando cinco horas en morir, en las que el asesino se recreó presenciando la agonía de la víctima.
Todas las víctimas son asesinadas siguiendo el mismo patrón, hasta que una de ellas presenta un rasgo diferencial, y es que, en el vacío de las cuencas oculares, le han puesto ojos de cristal, por lo que el oftalmólogo se convierte en el principal sospechoso.
Cuando llegan para detenerle, lo encuentran crucificado en su consulta, con los ojos extirpados y sobre el cuerpo, escrito con su sangre: “Volveré al manantial de los ríos de color púrpura”.
Encuentran huellas dactilares en el lugar de los hechos, pero no se corresponden con ninguna de las registradas en la base de datos, por lo que el agente tiene un pálpito y le pide que las contraste con las de la niña presuntamente fallecida. Cuando las contrastan, ven que corresponden a ella.
Todo apunta a una estudiante de Geología de la universidad que ha estado ayudando a Niemans en el caso, pero él no quiere creerlo porque ha comenzado a desarrollar sentimientos hacia ella. No le encuentra sentido porque ha estado colaborando en la resolución del caso, pero las evidencias apuntan a que ha adoptado una nueva identidad para ocultar la real.
Con su dilatada trayectoria policial, un Niemans con profundo conocimiento de los perfiles criminales, le ve una humanidad incompatible con el perfil sociópata del asesino, que no sería un asesino en serie, ya que sus crímenes no los perpetra como fin sino como medio para trasladar un mensaje.
Finalmente, la trama es completamente desentrañada. Como estaba previsto, todo nace de la Universidad, que siempre ha hecho gala de haber mantenido altos estándares físicos e intelectuales, practicando la endogamia, de modo que el Centro se ha convertido en un resquicio de poder dentro de la región, fruto de haber alcanzado una situación de autarquía. Contaban incluso con una maternidad donde se producían los nacimientos de la región, pero realmente era un criadero.
Fruto de su aislamiento y encerrarse en sí misma, la Universidad en su conjunto cayó en la endogamia. Como consecuencia, tras varias generaciones, los niños nacieron con malformaciones, pero en los últimos años, la tendencia se estaba revirtiendo, naciendo completamente sanos los hijos de la institución, mientras que los de los aldeanos tenían enfermedades, ya que como se sospechaba, habían sido robados a sus padres y cambiados por otros.
La niña que presuntamente murió tenía una hermana gemela que había sido robada por la Universidad, y cuando tenía diez años fue al hospital, siendo descubierta por sus integrantes, que pretendieron asesinarla a ella y a su familia, ya que, dos hermanas gemelas en familias separadas, era una prueba irrefutable de los niños robados, por lo que trataron de eliminarla. Para tratar de protegerla, su madre le cortó un dedo para que fingiese su muerte y viviera en el anonimato.
Cuando comienzan los asesinatos, la Universidad sabe quién está detrás de los mismos por esta aterradora historia, por lo que tratan de eliminar todas las pruebas de su existencia y asegurarse de que esté realmente muerte. Al no poder penetrar en la tumba (que la Policía comprobará que estaba vacía), pintaron svásticas como signo de desprecio, ya que, aunque a simple vista puedan disimularlo, en la práctica, sus prácticas son eugenésicas, pues pretenden “perfeccionar la raza”, reivindicando en privado el nazismo como modelo.
El cerebro y brazo ejecutor de los brutales crímenes es la gemela que fingió su muerte cuando era niña, quien siendo mayor encontró a su hermana, la cual le escondió, pretendiendo en última instancia provocar una avalancha que destruyese la Universidad.
Se pueden apreciar varios elementos con una fuerte carga simbólica, como es la apelación a los llamados “ríos de color púrpura”, que da nombre a la película, y que, además, titula la tesis de uno de los estudiantes de la Universidad, ya que el color púrpura es una mezcla de rojo (la sangre y la vida) y el blanco (nieve, pureza y perfección), evocando los ríos la continuidad de la sangre a través de la pureza genética, es decir, el propósito eugenésico de la Universidad: la “pureza” a través de la sangre.
El asesinato del oftalmólogo guarda un mensaje de fondo sumamente relevante, ya que se traslada que vio y no quiso mirar, arrancándole los ojos porque viendo la verdad, decidió ignorarla porque le resultaba más cómodo para seguir ocupando un papel destacado dentro de la élite.
Las otras víctimas, además de serles extirpados los ojos, le son amputadas las manos, que representan las acciones que se llevaron a cabo, como la firma de informes o la autorización para perpetrar dichos hechos. No obstante, los primeros asesinados estudiantes, que también son víctimas, y que con gran certeza, no saben que han sido arrancados de sus verdaderas familias, ya que la asesina no distingue entre quien ideó el sistema, lo puso en práctica y lo permitió por omisión. Bajo su perspectiva, todos son igual de culpables, y esos niños robados no es que sean culpables sino símbolos vivos porque, a su juicio, nada de eso debería existir.
Que la parte final del film se desarrolle en la nieve no es casual, y nos devuelve al título mismo de la película, ya que todo nace de la “obsesión por la pureza”, haciendo que cualquier mancha de sangre destaque, además de trasladar la sensación de frialdad moral, puesto que la asesina pretende provocar una explosión en la nieve que destruya por completo la Universidad y a todos sus integrantes. Por tanto, las gemelas están dispuestas a morir en una venganza nihilista y sin salida, ya que ellas han sido víctimas de esas prácticas, y por ello, estiman que también deben desaparecer.
Esta película nos deja importantes enseñanzas morales, ya que, en este caso, el mal nace del sistema, en concreto de aquellos que presuntamente han nacido para ser ejemplares, que, atendiendo a sus aberrantes ideas, son realmente neonazis. No obstante, dentro de la lógica de la película, no se les representa como nazis explícitos sino en la sombra para que el espectador no pueda apuntar fácilmente a quiénes son los villanos, y también para evitar que las culpas se desplacen al pasado, es decir, a la etapa anterior a 1945. Con este doble propósito se consigue algo más importante: mostrar que los nazis contemporáneos se han vuelto más respetables y silenciosos.
La búsqueda de la perfección también está presente en el comisario Niemans, aunque a diferencia de los villanos, representa la otra cara de la misma moneda: ya que esa obsesión por la excelencia la desarrolla dentro de la legalidad y en beneficio de la comunidad en su labor como policía, y prueba de su adicción al trabajo es que no se sabe nada sobre sus gustos, aficiones o su familia, de hecho, él mismo dice que nunca se ha casado.
Otro mensaje implícito en la película y que nunca pierde su vigencia son los límites que debe tener la ciencia y el progreso ante el afán ilimitado de perfección del ser humano, pues precisamente en su nombre se cometen los más atroces crímenes, sólo que en la película los que, en un principio parecen ser víctimas, resultan ser victimarios.
Es cierto que, a diferencia de la novela, la película deja abiertas algunas dudas en el espectador. Se eliminaron algunas escenas que podrían ser explicativas pero más aburridas, decidiendo la dirección, en su lugar, un producto más entretenido aun a costa de que no todo sea inteligible.
Lo que desde luego, constituye un acierto más, tanto en el fondo como en la forma, es el nombre del pueblo en el que se desarrollan los hechos, cuyo nombre no es fruto del azar, ya que Guernon fue escogido porque, precisamente, suena duro y cerrado, como un lugar que no acoge pero tampoco deja salir.





