Rezaré. Rezaré por ti y por mí. Porque nuestro amor no se pierda entre los senderos turbios del olvido. Rezaré arrodillado sobre la madera desgastada de este banco mío. De esta iglesia nuestra, que en penumbras y casi vacía acoge las plegarias que, día a día, mi corazón lanza para ver si otro corazón, encendido y con espinas, las abraza y me las devuelve hechas esperanza.
Rezaré. Rezaré por ti y por mí. Porque nuestro amor no se vaya a morir sediento en ningún páramo de espacio alguno. Aunque me cueste la súplica tener que entresacar palabras de la arena seca, ponerlas a la sombra de un oasis y que crezca y crezca una sonrisa plateada como corriente luminosa y fresca. Aunque el rezo me haga mellas en el lienzo que te estoy construyendo a pinceladas nuevas.
Rezaré. Rezaré por ti y por mí. Porque nuestro amor no se detenga nunca a pesar de estar envuelto en el vaivén de un mar de dudas. Rezaré con el cuerpo echado sobre las baldosas espejadas de este suelo mío. De este oratorio nuestro, que en el hueco de su bóveda ampara las preces que mi corazón derrama para ver si otro corazón, inflamado y dolorido, las estruja y me las satisface culminadas en fe.
Rezaré. Por ti y por mí rezaré.
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