Formentera a diecisiete de mayo de 2024. El cartel de la Semana Santa de Sevilla 2024 cierra, en rojo y en forma de túnica- sudario, la XVI Pasarela de Moda de la localidad, Pasarela que este año estaba dedicada a la naturaleza, el mar, el entorno y sus colores verdes, turquesas y tierras, nada que ver con el rojo del infame cartelito semanasantero – así todo junto y de corrido – que nos coló el Consejo de Cofradías de Sevilla. Sabíamos que los del Consejo eran un tanto cutres, lo que no sabíamos es que tenían la dudosa afición de elevar a los altares el mal gusto y otras cosas inconfesables, como modalidad artística.
La Pasarela de Formentera iba de colores naturales, suaves, terrosos, verdes y turquesas. Todo muy amable y disfrazado de sostenibilidad por aquello de la subvenciones del negocio global – sostenible, de hacerle creer al incauto que vestirse de algodón es absolutamente vanguardista, cuando eso es más antiguo que el andar pa lante. Esto de la sostenibilidad, es decir, la cultura del trapero que te cambia ropa vieja por lebrillos, está muy bien, es muy divertido, pero lo que no tiene gracia alguna es que para hacernos comulgar con ruedas de molino se encumbre a una nulidad a la categoría de artista universal porque defiende unos postulados de muy dudosa moralidad. Ya saben, hoy todo lo guay es woke y otra cosa que me callo por aquello de la censura que sufrimos. Todo es woke y todo se tiñe de rojo, ese color que es símbolo del poder y del pecado.
Hace unos días hemos visto un retrato del Rey de Inglaterra, teñido por completo en rojo y flanqueado en su lado derecho por unas mariposas de colores que le revolotean del hombro a la cabeza. Satán entre mariposas monarca, parece decirnos el artista, Jonathan Yeo, que según me cuentan desde Londres, le ha regalado su obra a un Rey que la miraba entre perplejo y ofuscado. Esto de regalar obra para llegar a brillar en todos los medios, se está convirtiendo en algo así como la manía del pintor mediocre, pero woke a rabiar.
El pintor del cartel de la Semana Santa de Sevilla 2024 también dice que no cobró su «Resucitado en rojo». Solo hubiera faltado que hubiera cobrado cuando lo que entregó no fue la obra – mala de solemnidad – sino algo así como una copia digital, una resurrección, un ectoplasma, o lo que es lo mismo el pintor de Villaverde del Río le entregó un fantasma al Consejo de Cofradías, un resucitado con el que anda comerciando de Miami- el de Villaverde es mucho de Miami, o eso dice él- a Formentera. Las supuestas andanzas internacionales de García no pasan de ser una materia viva de la que no hay evidencia fiable, salvo lo de la túnica «exclusiva» que le ha colado a una «diseñadora» con tienda propia en la isla balear y que ha sido quien ha cerrado el desfile de esa Pasarela puesta sobre una modelo rubia tocada con corona de espinas. No cayeron en la cuenta, ni el de Villaverde ni la de Formentera, que lo super guay divino de la muerte hubiese sido hacer la túnica en una gasa transparente que dejara ver el cuerpo desnudo de la modelo con el resucitado woke mezclado con sus carnes para que todo quedara al natural. Son una cruz.





