Ahora, precisamente ahora, es tiempo de respetar. Pues claro que sí. Para respetar siempre es buen momento. Lo mismo que siempre es malo para acusar y acribillar al contrario. Pues claro que vamos a respetar las 42 muertes del choque de trenes en Adamuz. Faltaría más. Como siempre hemos respetado. Pero ahora y cuando las aguas se van de madre y se llevan por delante lo que se tengan que llevar. O cuando los trenes descarrilan en otras tierras y en otros años. O cuando cae un rayo y se lleva la vida de un inocente por delante. Ahora y siempre.
Mira, sin el respeto no hay sociedad que valga un duro. Sin respeto nada de lo que se diga, por mucho que se sepa, tiene ningún valor. ¿Pero respetar? Siempre. Cuando vienen de un lado o de otro. Porque los que mueren siempre somos los mismos: los que día a día andamos por este mundo sin más futuro que un buen pasar y un buen vivir.
Y si me lo permite usted, además de respeto pediría un rezo, que parece que nos hemos olvidado de rezar por los muertos y por sus familias. Claro que sí, desde aquí va mi oración por todas esas criatruras que se han ido al cielo sin saber qué les ha pasado. A ver si ahora nosotros, que somos tan relistos, damos con la tecla de lo que ocurrió sin faltarnos el respeto.





