De manera que tiendas y bares han de cerrar a las seis… pero el toque de queda es a las diez. Es decir, que de seis a diez será perfectamente lícito y legal comprar toda clase de comestibles y bebestibles en los supermercados y consumirlos alegremente en cualquier espacio público.
Es sabido que los mayores contagios se producen en el interior de las viviendas, y en propiedades privadas, chalets, etc, donde se celebran grandes reuniones a puerta cerrada. Y que es difícil luchar contra eso. Pero, ¿se intenta? ¿Vemos a las fuerzas de seguridad, policías, guardias civiles, patrullando por las calles, con todos sus inmensos y gigantescos medios, y su inmensa y bien probada capacidad, tratando de detectar reuniones privadas? No se le ve ni en las plazas y parques, atestados de jóvenes y no jóvenes que celebran la fiesta por su cuenta. Para evitar esto, las autoridades se limitan a “la llamada a la responsabilidad”. Pero bueno; si “llamar a la responsabilidad” fuera suficiente, entonces no se cometería ningún delito. No habría tráfico de drogas, delincuencia callejera, atracos a casas, agresión alguna ni evasión fiscal. “Ciudadanos, sean ustedes RESPONSABLES, no delincan”. Miren qué fácil – y qué ahorro de medios. Da casi vergüenza decir estas obviedades. Pero eso es lo que hacen con respecto a la mayor fuente de contagios: decir “Sean responsables-responsables, hago una llamada a la responsabilidad, a la responsabilidad hago una llamada” y se quedan tan contentos. Una se apuntaría a gobernante, ministra, alcaldesa, jefa de seguridad durante esta pandemia. Micrófono, discurso de “Sean responsables, la culpa es de los ciudadanos no responsables”, y a disfrutar del sueldo. Nada más cómodo y satisfactorio. Un trabajo seguro, bien pagado, y encima proporcionando una aureola de superioridad y auto satisfacción (todo el día “haciendo una llamada a la responsabilidad”. Huy, qué moral soy, qué altos principios tengo, qué bien me siento. ¿Está ahí el coche oficial…?).
Pues, ¡qué! ¿La policía no actúa, no despliega medios? ¿La Guardia Civil no se moviliza, estoy diciendo que, aparte de “llamar a la responsabilidad”, aquí no se trabaja, no se emplean a fondo? ¡Oh, sí, sí que actúan! Están muy ocupados, muy ocupados, multando y persiguiendo y controlando a los que trabajan y pagan impuestos. Se les ve ir con celo de bar en bar, examinando las minucias, controlando los servilleteros, vigilando el exacto cumplimiento de las mil y una normas añadidas a las que ya tenían, controlando y multando. Ahora de seis a diez ya tienen otra ocupación: verificar que cada tienda y cada bar cierra a su hora, indagar, husmear, multar… En parques y casas, los jóvenes y no jóvenes que hacen la fiesta se sienten más seguros que nunca. Policía nacional, guardia civil, policía local, todos tienen, con el nuevo aluvión de normas y prohibiciones a los comerciantes y hosteleros, trabajo de sobra.
Una de las millones de pérdidas de esta pandemia es… nuestra percepción de la policía. Una será ingenua, o tendrá la fortuna de no haber sufrido nunca multas, pero… he de decir que hasta 2020 las solas palabras “policía, guardia civil” significaban algo muy distinto de lo que representan hoy. En un país con terrorismo, con tráfico de drogas, con leyes a veces desmoralizantes (eso del delincuente capturado 200 veces y siempre vuelto a poner en libertad…) la dificilísima, arriesgada, heroica y casi siempre eficacísima labor de las fuerzas de seguridad despertaba un sentimiento de enorme admiración y respeto.
Los meses de confinamiento nos hicieron percibirla de otra manera. La labor que antes era valiente y heroica (luchar, jugando limpio, contra los peores criminales, que jugaban sucio) se convirtió en una labor mezquina, de acusica de colegio; una labor con cero riesgo, y en la que florecía lo más bajo del instinto humano, el “placer” de aprovecharse de la insólita oportunidad de controlar, lícitamente, los menores movimientos de un ciudadano (“¿A dónde va usted? ¿Que va a la farmacia? ¿Y cómo me lo demuestra? ¿Ah, que su hijo está tosiendo? ¿Y cómo sé yo que es verdad?…).
Ahora, esta “brillante” decisión del Gobierno andaluz (y el anunciarlas con cara contrita, añadiendo “sé que son medidas muy duras”, como eludiendo quejas, en nada merma su increíble injusticia, su obvio efecto benévolo para el delincuente y pernicioso para el ciudadano cumplidor), esta decisión de que de seis a diez se puede estar libremente en la calle, en parques y plazas, pero que se les prohíbe a comerciantes y hosteleros hacer su trabajo, esta medida tendrá aún más ocupadas y más satisfechas en su lado mezquino del poder de multar y de controlar, a unas fuerzas de seguridad que considerábamos amigas por enfrentarse, antaño, a los enemigos de la sociedad.
Como suele suceder, el repasar la Historia se convierte en el único consuelo, lo que da ánimos. En prácticamente todas las épocas de la Historia, las personas se buscaban la vida, y le daban sentido a la misma, por otro lado; es decir, en absoluto contaban con que una administración, un poder político, se ocupara de ellas. Por un momento, en nuestro progresista e iluminado y avanzado siglo XXI, nos habíamos hecho la ilusión de que eran posibles unas leyes medio justas, una cierta justicia social. Bueno, no hay para qué hacer aspavientos. Aceptémoslo. El cobrador de impuestos (el “pecador”, como acertadamente lo describe el Evangelio) va a machacar al pueblo, atemorizado a su vez por la policía (representada en los soldados romanos en las viejas películas de Hollywood), pero así se ha vivido durante siglos, llenando la vida de otra manera, y así hay que seguir viviendo. Tampoco tenemos por qué ser más privilegiados que nadie.
En fin… Réquiem por lo que fue, para un alma ingenua, el concepto de “Policía, Guardia Civil” durante décadas…
Y a partir de ahora, pues nos queda la promesa de “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.






1 Comment
Otra vez es interesante lo que escribes porque sentimos lo mismo acá en Francia. La policía inquisidora que solo busca multar a gente honesta por no tener la «attestation» que es obligatoria para salir… en la cual ¡ uno se otorga a sí mismo el derecho a salir ! Algunos (ancianos) empiezan a afirmar que les recuerda las resticciones de desplazamiento durante la última guerra…
Pero, no sé si entendí bien : en España, ¿uno puede estar en la calle de 6 a 10 con los amigos tomando una copa con tal de que no esté en un bar ?
Acá uno ¡ ni puede estar fuera a deambular por la calles !