Representantes del pueblo (que cobran por ello) que insultan a sus propios ciudadanos. Actividad habitual en el PSOE, hasta el punto de que millones de personas ajenas a la política tal vez ni sepan, ni siquiera lo habrán oído decir ni en teoría, que un aspirante a alcalde o a presidente puede hacer campaña como socialista o como miembro de tal o cual partido, pero que una vez que es elegido por ejemplo alcalde, pues a partir de ese momento es el alcalde de todos los ciudadanos de su municipio, lo hayan votado o no. Algo tan simple como esto juraría que muchos ni lo saben. Para empezar, no parece saberlo ni el Gobierno de España por supuesto, ni los alcaldes de Sevilla desde hace mucho, y ahora pues también parece ignorarlo nuestro gobierno autonómico.
Anteayer Juan Marín se lucía hablando de los ingresados en las UCIs de Andalucía (más despejadas por cierto que nunca en la historia, así como los hospitales. La supresión de asientos y la prohibición de acompañantes, tan sospechosamente cómoda para los que trabajan en centros de salud, aumenta esa impresión de desahogo nunca vista), tachándolos de “negacionistas”. Y uno de los principales diarios titulaba orgullosamente después, sin ni entrecomillar el adjetivo: “El 72% de las UCIS, ocupadas por negacionistas”.
Cuando la indignación alcanza su punto álgido, no es buen momento para hablar ni escribir sobre ningún tema. Las palabras se atropellan, el dolor y la rabia y la acumulación de la sensación de injuria impiden expresarse bien… Pero estamos en una época en que si se deja para después el hablar de un tema, pues las cosas se ponen peor y peor y peor, y en vez de más serena, lo que se está es más dolida… Jamás esperé que el actual gobierno de la Junta de Andalucía imitara al PSOE y Podemos en eso de insultar a sus propios ciudadanos.
¡Por negacionistas! ¿A qué llaman negacionista? “Es que no se quiso poner la vacuna”. ¿Usted sabe por qué?
No hablemos de vacunas eficaces ni no… dejemos el tema. Pero, ¿desde cuándo se juzga a los enfermos graves? ¿Imaginamos que se dijera: “El 70 % de los actuales ocupantes de las UCIS han abusado del alcohol y de las drogas”, o “el 30% de los que ocupan camas de UCI están porque quieren, por haber practicado deportes de riesgo, por haber conducido a demasiada velocidad, por…”? En España atendemos amorosamente a todo tipo de enfermos y heridos, a delincuentes, a terroristas heridos en el curso de sus propios atentados, y los operamos y cuidamos… Y ahora se extiende la salvajada, increíble y primitiva, de juzgar si los que no se han puesto esta “voluntaria” vacuna merecen atención médica, ¡algo que ni a los asesinos se les niega!
Y luego, ¿ya no son confidenciales los datos sobre la salud de cada persona? Bueno, pues que valga esto para todo. A muchas personas no les agradaría que su hija veinteañera intimara con un hombre portador del SIDA; sin embargo, esto no se puede saber, los datos son secretos, para evitar discriminaciones. Si es por el bien de la salud de todos, ¿por qué no acabamos con la confidencialidad de todas las enfermedades? Esa confidencialidad es no poco dañina para los empresarios – no saben si están contratando a un trabajador que le puede dar múltiples problemas. Pero ahí está, el derecho a que a nadie se le discrimine por su salud prevalece siempre.
Menos ahora en un capítulo concreto. No sólo no es confidencial, sino que desde arriba se estigmatiza al que, aun estando sano, no haya querido inocularse una cosa que considera peligrosa (¿para esto no rije lo de “el miedo es libre”?).
¿Por qué? ¿Y por qué llevado al extremo de insultar a dichos ciudadanos, por parte de sus propios gobernantes?
No quiero pensar en los que, en estos momentos tengan a un padre, a una hermana, a un marido enfermo en una UCI. Una recuerda ciertos momentos como los peores de la vida, pero sólo de pensar que a esas circunstancias se añadiera la descalificación pública, bueno…
No, ciertamente en la cúspide de la indignación no se puede escribir bien. Pero más imposible es callarse.





