Hasta hace poco, cualquiera podía predicar una paparruchada, aunque corría el riesgo de chocarse de frente contra la Ciencia, en cuyo caso la mamarrachada firmaba su sentencia de muerte hasta nunca más. Lo extraordinario de este nuevo tiempo que vivimos es que la Ciencia ya no es límite ni barrera de contención de nada, al menos en esta España de gobernanzas progres y de ministras caprichosas, de tal modo que hasta analfabetos instalados en el poder pueden incluso dilapidar el dinero público en boberías desquiciantes y enseñorearse con sus ocurrencias y majaderías de ocasión, que van desde el uso de eso que denominan lenguaje inclusivo a impartir cursos obligatorios sobre violencia género o sobre reeducación de novedosas masculinidades.
Ocurre ahora con el aprendizaje de las matemáticas, tarea a la que pretenden revestir de sesgos emocionales y de género arguyendo que con ello se lograría presuntamente que haya más mujeres ingenieras, así que estamos entrando ya en los chistes de Jaimito y en la categoría de los disparates, porque sí, por las bravas y sin que nadie lo remedie a pesar de las pruebas en contra de semejantes bobadas con asas.
En un documental divulgativo de 7 capítulos de la TV noruega en 2010, titulado “Hjernevask” (“Lavado de cerebro”) y que pueden encontrar con subtítulos en YouTube, dedicaban el primero de ellos a la llamada “Paradoja de la igualdad de género”, conocida a partir de entonces como “La paradoja noruega”.
En dicha serie, el showman y periodista Harald Eia, muy popular en su país, se dirige en primer lugar a una empresa de ingeniería y a un hospital para comprobar que después de casi cien años de intensiva aplicación de las enseñanzas y torsiones igualitarias, los ingenieros son en un 90% hombres y el personal sanitario es muy mayoritariamente femenino.
Lejos de tratarse de un condicionamiento ambiental, el programa demuestra empíricamente y con la contundente opinión de los especialistas que semejante tendencia entre hombres y mujeres se debe en gran medida a fundamentos genéticos en los que no resulta ni medianamente serio inmiscuirse. A mayor libertad de elección, concluye, las personas de ambos sexos tienden a concentrarse en las tareas que mayor satisfacción les producen, siendo el caso que los varones eligen más los trabajos relacionados con la construcción de cosas y de objetos en movimiento (por resumirlo mucho) y las mujeres tienden a dedicarse en una proporción muy superior a las tareas de atención, cuidado y trato con otras personas, cosa que a ambos les sucede desde la etapa de bebé.
La consecuencia inmediata de la emisión de aquellos siete capítulos divulgativos fue que al año siguiente, 2011, el Instituto Nórdico de Género (NIKK) que agrupaba desde hacía muchas décadas los esfuerzos en esa materia de países como Noruega, Islandia, Dinamarca y Suecia para tratar de reducir los roles género en sus sociedades y que contaba hasta ese momento con 56 millones de euros de presupuesto anual, fue clausurado de manera taxativa ante la evidencia y el sonrojo que producía toda la farsa teórica en la que habían basado sus imposiciones y teorías durante casi cien años.
Lo que resulta increíble es que con todos esos antecedentes y ante la obviedad de los datos, la izquierda siga empeñada en expandir sus mamelas e incluso el Estado recurra a ocultar los datos reales que derribarían todo el falaz argumentario del que viven ya cientos de miles de personas en una industria atroz que sólo causa daño, dolor y muerte muy por encima del victimario al que dicen defender.
Si ni siquiera la Ciencia les vale como argumento, entonces todos podemos tener por cierto que el verdadero objetivo de las patrañas ministeriales que manchan toda la acción de gobierno de cualquier Ministerio no es otro que robar, sólo que ahora, además, se disponen a condenar a una o a varias generaciones al analfabetismo matemático y científico. Acabaremos contratando técnicos, arquitectos e ingenieros de Corea del Sur o de Singapur habida cuenta el desastroso panorama curricular de esta clase política llena de descerebrados que permite que en una emisora pública una individua afirme que “no hay mujeres que maten a sus maridos” y en otra se aplaude que un supuesto psicólogo proclame que a Hitler hay que lanzarle “muchos rayos de amor”. Locas y locos de atar.
He dicho.





