El Avangelio.
Que el hombre no puede vivir sin Dios, es la mayor de las certezas y seguridades que se logran declarar; pero, ojo, entendiendo por Dios algo que nada tiene que ver con la espiritualidad (vamos, eso del yoga, la relajación, la meditación, la autoayuda, el taichí, los zumos naturales, la comida asiática o la bisexualidad, etc.), lo que pasa es que Dios es facha y por ello, y para calmarse a modo de la metadona, la ciudadanía (nada que ver con el pueblo) suele sustituirLo por “diosecillos” del tres al cuarto con su democrática liturgia, donde nada apeste a religión católica o Fe.
Si a la casa de Dios se le llama “iglesia” (como lugar o inmueble suntuoso y antisocial con lo que se podría remediar tanta el hambre como hay), para los correctos, la iglesia es la calle, el jardín, la playa, la glorieta y sitios de esos (que resultan gratis y son de todos); si la música de Dios era la de Bach, Haendel, Mozart (fachas los tres) o,las fracasadas de mi COU, de guitarras, banyos y panderetas sin pellejo –a lo Mocedades
o Nuestro Pequeño Mundo- (si no fueron perseguidos y censurados por Franco, también eran fachas), ya saben, “Kumbayá”, “Soy yo soy yo Señor” y algunos espirituales negros de América adaptados al Vaticano II, ahora con un ukelele, una armónica o una flauta, se interpreta “Imagine” de John Lennon, “My Sweet Lord” de George Harrison o un “Blow in the Wind” de Dylan y que tiemble el misterio, porque son mucho mas emotivas y populares; si la oración que Dios no enseñó era el “Padrenuestro” (¡que cosssa más rancia!!), se “guarda” un minuto de silencio, verdadero Padrenuestro civil o laico, y eso sí que es democrático y “a-ofensivo”, eso sí que es una oración apolítica y universal. Los asesinatos, desapariciones y muertes de seres, inocentes, queridos o populares, (víctimas, creo que lo llaman) especialmente si eran jóvenes, se celebran o
conmemoran con Quinarios (cinco días) laicos, donde las velitas, lamparillas y candiles, iluminarán el lugar, dando emotividad popular y nada elitista al entorno; donde algún peluche –un osito, un conejito con lo que jugaba el o la mártir- rememorará lo buena, cándida y pacifista persona que era; donde las flores (mejor que claveles y rosas, objetos producidos por especuladores de la botánica, las silvestres, ya saben, margaritas,
amapolas, jaramagos, etc., todo vale) constituirán una ofrenda mas sincera (y mas barata) que las coronas (¿corona?, lagarto, lagarto) con mensajes carcas; y, por último, donde las estampas del Gran Poder, la Macarena, el Cautivo de Medinaceli o la Virgen del Rocío (ojú, que antiguas) son sustituidas por fotos del finado de niño o de muy joven, disfrazado de pirata o frankestein en Carnavales o Hallowin de hace unos años. También se suele ofrendar, (queda la mar de correcto) alguna foto de Joan Báez o Nelson Mandela, una ballena o una paloma, salpicadas con banderitas de la nacionalidad del estado al que pertenezca el paraje (jamás la nacional).
Como verán, no cabe más conjunción serena de ternura, en el desnudo suelo transgredido, ni tampoco más cariño y más dulzura, para una víctima de un sistema tan podrido. Eso sí que es un Quinario de verdad, eso sí que es una liturgia verdadera, adecuada a los tiempos, democrática, libre y despojada de tanto prejuicio de una Iglesia de privilegios y de los poderosos, eso sí que es un baño de paz para que el cuerpo de los
fallecidos (el alma es un invento fascista de los curas para someter a los pobres) vaya a ese lugar donde estará aparcado el carro de Manolo Escobar y que antes se llamaba “cielo” (que no existe, está claro), y ahora se le denomina “dondequieraqueesté”.
Perdónanos Señor, porque no sabemos lo que hacemos.





