La tendencia de una gran organización política es la de extenderse territorialmente. Si decimos “los imperios tienden a invadir otras zonas” esto suena hoy tremendo, injusto y demás, y la simpatía está siempre con el pueblo “invadido”… pero en fin, de otro modo no hubiera existido civilización alguna, seguiríamos siendo tribus aisladas salvajes… tribus a su vez muy idealizadas desde nuestro ignorante punto de vista urbano y digital…
El imperio romano fue extendiéndose. Dejemos aparte ahora la maravillosa obra de España en América, tan única y tan objeto de calumnias. En un curioso pasaje del Evangelio se comenta de pasada, como cosa obvia, algo que para nosotros suena extrañísimo: pagaban tributos sólo los pueblos conquistados, no los ciudadanos conquistadores (esto en palabras de Jesús, en Mt 17, 25-26. No dice que sea algo bueno ni malo, sólo constata el hecho de que las cosas funcionaban así).
Los “conquistadores”, por decirlo con simplicidad de cartilla, iban asimilando a pueblos en un estadio cultural menos avanzado (hoy esto suena muy mal, siempre hay que subrayar: Oye, que no eran ni mejores ni peores como personas, pero podremos decir, convencionalmente hablando, que los pueblos que no conocían los metales, ni la escritura, ni la rueda, ni la organización política, ni otras mil cosas, estaban en un estadio menos avanzado que los que sí, ¿o no se puede decir esto?). Actualmente, a muchos les han enseñado a pensar que la única superioridad de un pueblo conquistador era la del armamento (y además, como si “el armamento” fuera un elemento aislado de todo lo demás, que cayera del cielo – e ignorando todo el esfuerzo humano que tiene que haber detrás de un ejército).
Pero en fin, una gran organización política normalmente conquista a otros pueblos, les impone sus leyes y costumbres y los asimila.
Dicen que no hay nada nuevo bajo el sol. ¿Es cierto? Que no hay casi nada nuevo, puede ser. Pero algunas cosas…
En la actualidad, el pueblo conquistado no sólo no se resiste, sino que le paga el traslado al invasor, lo mantiene y asiste, todo con los impuestos y limosnas del conquistado. (Durante el estricto confinamiento de España de 2020, las únicas excepciones, secretas, fueron los traslados de inmigrantes de unas zonas de España a otras). Permite y aun fomenta el mantenimiento de su cultura, la del invasor, con todas sus costumbres (tan ajenas a las del invadido). Pone sus leyes al servicio del invasor, al que regala asistencia sanitaria y legal sin contraprestación alguna. Aun espiritualmente, el invadido se pone a su servicio: desde la primera enseñanza inculca a los niños del país invadido el deber de “acoger al inmigrante”, el horror a la discriminación, y hasta desde el ámbito confesional, lo primero que aprenden los que asisten a clases de Religión Católica es que “todas las religiones son iguales”.
En fin. La Historia da para mucho y hasta los más sabios, si siguen leyendo, se llevan sorpresas acerca de las muchísimas cosas que han pasado en siglos y milenios pretéritos. Multitud de pueblos se han dejado invadir, sí, sin oponer mucha resistencia. Pero, ¿costeando la invasión? ¿promoviéndola, económica, legal y hasta espiritualmente?
Decía que sonaban muy raras las palabras del Evangelio dando por hecho que los conquistadores no pagaban impuestos, sólo los conquistados (porque hoy estamos habituados a que “los Ricos” son los que más impuestos deben pagar, y suponemos que los conquistadores, como pueblo más avanzado, serán más ricos). Pero de repente con un sobresalto, vemos que nada ha cambiado. Efectivamente, hoy como entonces, los invasores no pagan; pagamos los invadidos. Como siempre, las palabras del Evangelio, aun referidas a cosas menores y dichas de pasada, siempre resultan ciertas.
Lo llamábamos tolerancia y era endofobia… Nos odiamos a nosotros mismos, a nuestra lengua, religión, leyes, costumbres, Historia…





