Según cuentan las crónicas del Congreso Andaluz del PP de este fin de semana —que no seré yo quien se acerque a saludar—, Juanma se ha instalado en un pasillo para hacer caja con su libro. Al parecer, el muy “moderado” —llámame sultancito— montó un pequeño “food truck”, con un nombre tan cuqui como La librería de Juanma. Eso sí, en realidad, eran los puestos de comida rápida de toda la vida, para los que salen cargaditos de la discoteca. Y cargaditos tenían que ir todos.
Cargaditos de ilusiones, como niños tras la cabalgata: la ilusión de que el sultancito te renueve como secretario general con rango de viceconsejero, o que te nombre por fin director general, después de siete años sacándole brillo a las botas del gran visir Sanz. Y claro, ¿quién se resiste, entre perrito caliente y pincho de pollo, a ponerse en la fila para que el jefe te deje una dedicatoria “asín de grande”? Dicen que los 650 ejemplares que mandó la editorial salieron firmados del recinto, junto a los catorce mil y pico euros correspondientes. Ya me imagino al gran visir, junto al sultancito, de pie, lista en mano, marcando los nombres de cada delegado territorial que se ha retratado tras la cola pertinente.
No podía creerlo cuando me lo contaron, pero sí: incluso lo he visto publicado en otros medios. Hay que tener muy poca vergüenza para, el mismo día que pides a los tuyos que se enfrenten a una campaña electoral en plena crisis, la mayor de las dos últimas legislaturas, exigirles además que se rasquen el bolsillo para comprarte el librito si quieren salir en la foto.
Y si hablamos de poca vergüenza, habrá que preguntarse cuándo escribió el libro el sultancito. Consulté a ChatGPT —que lo carga el diablo— y me dice que: “En un caso como el de Juanma Moreno, lo más razonable es asumir que no escribió el libro completamente en solitario, sino que contó con apoyo editorial (redactores, asesores de comunicación y un editor de Planeta). En total, el proyecto completo probablemente llevó entre 4 y 6 meses”.
¿Que nuestro sultancito le ha dedicado entre 4 y 6 meses a escribir un libro? ¿Quién ha presidido entonces la Junta de Andalucía este tiempo? Aunque, repasando su agenda de paseos campestres —quiero decir, actos oficiales—, es evidente que no le quedan horas para trabajar ni en el libro ni en el buen gobierno de los andaluces. Pero el sultancito no deja de ser un gran fraude: si lo ha escrito, ha dejado su gobierno sin gobernanza; si no lo ha hecho, solo ha intentado engañar a todos los andaluces.
Lo cierto es que lo único que sabe hacer bien es sonreír mientras salta de un acto a otro, tanto como decir pamplinas ñoñas —tal como sugiere el título del libro—. Parece que la escuela se la dio el maestro Zapatero. Pero no se relaje: convertirse en el bambi del PP solo augura acabar como el bambi del PSOE. Es bipartidismo en estado puro: tan iguales que fenecerán de la misma forma, en la alternancia, si un juzgado no lo remedia.
Sobre todo, después de cómo marcha Andalucía. No quiero ser frívolo y pido disculpas si alguien así lo interpreta, pero la negligente gestión de los cribados —que veremos si acaba con alguien en prisión—, la contratación de emergencia para obras y servicios por el SAS, o los sobresueldos de dirigentes con las cuentas del partido en el notario, son solo el resultado de su gobernanza en solitario. Una mayoría absoluta dedicada a la foto, a la sonrisa y al manual de convivencia.
No hemos visto, en las últimas dos legislaturas, ese supuesto gran equipo de gestión del PP. Lo único que ha hecho en casi ocho años, aparte de aumentar la nómina de apesebrados —llegamos a más de 300.000 empleados públicos con el plan de estabilización—, ha sido traer menas a las calles andaluzas, llenar los pisos vacíos de ocupas y plantar latifundios de placas solares, mientras votan en Bruselas el exterminio del campo. Casi se me olvida, decretaron el día de la bandera: algo al estilo del día de la raza, pero a lo sultancito. Y, por supuesto, con el dinero de todos los andaluces.
Un director comercial amigo me recordaba asiduamente lo bien que se come con la tarjeta de otro. Eso es lo que hace el sultancito, dando saltitos sonriente, mientras los andaluces se rascan el bolsillo para llegar con dificultad a final de mes. Él nos sangra con impuestos para financiar su festín de políticas de convivencia, ecológicas, inclusivas y arabizantes, para darse otro atracón “asín de grande”.





