Con el desdichado uso que se le viene dando a esta palabra, Tolerancia, desde hace muchos años (recientemente nos suena más lo de “Tolerancia Cero”) sucede lo mismo que con muchos otros conceptos manoseados por los psicólogos en los últimos decenios.
Es decir: primero desmontan un concepto, lo ridiculizan, lo aniquilan, lo declaran obsoleto y dañino… Y treinta años después, lo recuperan, bajo otro nombre, y dándoselas de grandes inventores. Sucedió con el concepto de duelo, con el de perdón; con la gratitud; con la famosa “resiliencia” (la fortaleza ante la adversidad de toda la vida, y por añadidura uno de los dones del Espíritu Santo. Pero ahora se la han inventado los psicólogos…).
Pero centrémonos en la Tolerancia. Aquí el proceso es a la inversa. Si en el caso de “duelo”, “paciencia”, “perdón”, esos conceptos, de resonancia cristiana, eran ridiculizados y abolidos, y luego la misma realidad de las cosas les obligó a aceptarlos, pero, eso sí, dándoselas ellos de descubridores (por ellos entiéndase… no sé: una mezcla de psicólogos, pedagogos, políticos “innovadores”, pedantes de todo tipo. En suma, los que mandan, los que dirigen la opinión), pues en el caso de otros, como Tolerancia, sucedió al contrario: primero una exaltación de este concepto fuera de toda mesura… y años después, visto el resultado, pues, como si de valientes se tratara, ¡a enarbolar lo de “Tolerancia Cero”!
Tal vez alguien podría decirme: ¿por qué te irritas? ¿Acaso no estás conforme con que haya “Tolerancia Cero” para los violadores, los graves infractores de tráfico, en fin, los terribles criminales a quienes esto normalmente se aplica?
Pues sí. Claro que deseo que recaiga la justicia sobre los crímenes, especialmente los más graves… como lo han deseado los buenos ciudadanos durante toda la Historia. La irritación no se dirige contra esa obviedad, sino contra la presunción de quienes se creen los más listos del mundo por darle la vuelta a una tortilla que ellos mismos volvieron del revés. Es decir: los que exaltaron la idea de Tolerancia no pueden tener la humildad de reconocer que se equivocaron, o que se excedieron. No. Con la misma arrogancia con la que proclamaban Tolerancia a todas horas, ahora se erigen en adalides de la Tolerancia Cero.
Pero si no hubieran exaltado esta relativa virtud, no tendrían ahora que volverse atrás.
¿Nadie admite, ahora que se habla tanto de autocrítica, el error cometido años antes? Muchas personas con sentido común se extrañaban, hace decenios, ante cosas tan descabelladas como un “monumento a la Tolerancia”. Pues la tolerancia, por definición, es una virtud menor.
Si hacemos una lista de virtudes (palabra pasada de moda, pero en breve inventarán, y patentarán, otra equivalente), podemos hablar de honradez, de valentía, de sinceridad, de fortaleza… pero la tolerancia, ¿qué es? Un jefe exigente a lo mejor tolera que un empleado llegue tarde; pero esto es más bien flexibilidad y sentido de la proporción. Pero si lo tolerara siempre, o tolerara además que nadie trabajara bien, y que en la empresa se hurtara a placer… pues no sería un buen jefe. Es decir, un poco de tolerancia es como decir un poco de sentido común y de benevolencia. Por eso como máximo es una virtud menor, una virtud relativa, ya que si se lleva al extremo (si se tolera todo), equivale a caos, crimen y exaltación del delito (mientras que en verdaderas virtudes –valor, sinceridad, fortaleza – uno no puede excederse, porque son cosas buenas de por sí). El mero hecho de exaltar el concepto en sí mismo, y no digamos erigirle una estatua, era una aberración monumental.
Cuando enarbolan, como desafiantemente, el concepto de “tolerancia cero”, parecen estar como riñéndonos a los buenos ciudadanos de toda la vida, como diciéndonos: “Mirad, con este tipo de crímenes no me vengáis con la tolerancia”. Habría que responderles: “¿Cuándo hemos dicho que con el crimen hay que ser tolerante, cuándo hemos exaltado esa palabra?”.
Los exaltadores habéis sido vosotros (la simbiosis de psicólogos, políticos progres, demagogos, pedagogos…). Los que ahora inventáis lo de “tolerancia cero”.
El crimen es intolerable, sí. Desde los albores de la Historia.





