Seguramente somos pocos los andaluces que no nos indignamos en exceso cada vez que oímos la noticia, repetida regularmente cada año, de la asignación de grandes cantidades de dinero patrio a comunidades o ciudades que se sienten poco españolas, siempre en detrimento de las que nunca dan problemas en ese sentido.
“Algunos no nos indignamos en exceso…”. Expliquémonos. Algo de indignación siempre hay (alguna o mucha, claro. Decimos “algo” porque parece que ya la indignación se aletarga a fuerza de costumbre. Cuando la injusticia se hace crónica, ya parece que no tiene remedio, no nos llama la atención…) debido al derroche, a lo tremendo que es el padecer una política fiscal terrible para luego ver cómo ese dinero es derrochado, desperdiciado, con una alegría y despreocupación como un bebé al que le regalaran un fajo de billetes y los fuera rompiendo y tirando por la ventana… La inaudita prodigalidad de nuestros gobernantes con unos bienes que no son suyos sin duda es algo que nunca debe dejar de indignar y doler.
(Es curioso cómo la imaginación popular no acaba de percibir cómo la actuación de nuestros gobernantes es infinitamente más abusiva de lo que pudo ser en ninguna de las monarquías absolutas ni en imperios ni en épocas faraónicas… Creo que es una cuestión de estética. No vemos carrozas doradas ni mantos de armiño ni lacayos con librea –algo por cierto que se ofrecía a la vista del pueblo para que los disfrutara también. Entonces no acabamos de comprender que esos nuevos archimillonarios que vemos, vestidos con vaqueros rotos, bien ocultas y secretas sus privadas vidas y propiedades disimuladas en entornos remotos, no acabamos de identificarlos como tiranos, cuando lo son en un grado, y con un poder de control y de confiscación que el ufano Luis XIV, posando con su peluca y sus tacones, no pudo ni soñar…)
Indignación ante el derroche hay, sí. Pero ante el hecho, comentado por algunos titulares de que “de nuevo Cataluña se lleva tanto y tanto” y en cambio para Andalucía parece que “no hay nada”, pues… habría que meditar si realmente, uno por uno, los ciudadanos de una comunidad y de otra salen ganando o perdiendo. Si nos dicen que en los bolsillos de cada catalán, por puro regalo gubernamental, va a haber mil euros extra, y en los nuestros, en el de cada uno, mil euros menos, pues.., sí que sería como para protestar. Pero la realidad es otra.
¿Qué quiere decir “tantos millones van para Cataluña?” Seguramente algo parecido a lo que, hablando de ciudades, sería el que “tantos millones van para Sevilla”. Infinidad de antiestéticas rotondas nuevas, monumentos que nadie ha pedido, estadios “olímpicos” de gasto millonario y casi nula utilidad, bosques de setas y torres de Babel… más lo que no vemos: nuevas secretarías, consejerías, concejalías, asesorías y cargos mil… ¿Gana algo el sevillano medio con eso?
Alguien dirá que cada rotonda o torre monstruosa “crea puestos de trabajo”, pero eso es un flaco consuelo. Hay que decidir si algo es bueno o malo antes de aferrarse a que “crea puestos de trabajo”. Si vamos a eso, el tráfico de drogas “crea” un cierto tipo de puestos de trabajo también.
Imaginemos que a Andalucía, o por precisar un ejemplo más concreto, a Sevilla, a nuestra ciudad, le cae una asignación millonaria como “regalo” del Gobierno (y, ¡qué prodigalidad se tiene regalando lo ajeno!). ¿Se solucionaría alguno de nuestros problemas? El titular rezaría “a Sevilla”. Pero la realidad es “a los políticos de Sevilla”.
¿Se solucionaría uno solo de nuestros problemas? Lo dudo mucho. Cito los dos primeros que se me ocurren:
-El transporte público entre Los Remedios y el centro, y, más notoriamente aún, entre Triana y el centro, que antes era fluidísimo y siempre muy concurrido, prácticamente ha desaparecido. Lo han eliminado queriendo, voluntariamente, expresamente. Han creado un problema donde no lo había, con un gasto millonario remodelando entornos en lo que eran las antiguas paradas de autobús. ¿Para qué queremos más dinero? ¿Para demoler el transporte también hacia otras zonas?
-Y más notoriamente aún: la ciudad esá plagada de antiguos kioscos vacíos y sin uso, que obstaculizan el paso y la vista. Algunos, grotescamente ubicados en donde más pueden estorbar (pensemos en el que hay al final de la calle Bobby Deglané, obstaculizando el paso y la vista de la calle San Pablo, lo que esto supone en plena Semana Santa. Un mamotreto inservible y lleno de grafitti, una pura basura fija, ahí en pleno centro durante años y años… Quitarlo de ahí supondría unos minutos de trabajo de cualquiera de las mil grúas municipales. Y no se hace). Frente a la desidia, el desinterés absoluto, ¿para qué queremos que a los que administran la ciudad les lluevan más millones?
“Tanto dinero extra para Cataluña”… a administrar por sus políticos. Que con su pan se lo coman. (¿qué harán? ¿Rotondas nuevas, embajadas, torres, setas…cómo lo tirarán?)
Hay que indignarse de que el dinero que hemos ganado nos lo quiten de nuestros bolsillos; eso sí. Pero que lo derrochen políticos de aquí o polítcos de allá… no creamos que nuestra vida va a cambiar mucho por ello. Igual sale ganando el de la provincia “desfavorecida”. En criminalidad, limpieza, etc, estará igual de mal, pero su vista no tendrá que soportar rotondas nuevas o paneles absurdos.





