“Esencial”. Servicios “esenciales”. A multitud de personas les viene chirriando esta palabra, y, aparte de las razones obvias (esto de un poder superior decidiendo qué es necesario y qué no… Un alma libre anhela gritar: Prohíbame cosas si quiere, pero no pretenda decidir lo que para un ser humano es o no esencial), creo que el error principal, más allá de las prohibiciones, es la elección de la palabra. La esencia de las cosas es un concepto filosófico. Es demasiado elevado. ¿No hubiera sido mejor decir “se permiten sólo los servicios de primera necesidad”?
Para un empresario obligado a cerrar su tienda, y que ve otras abiertas, hubiera sido seguramente menos irritante ese último concepto. El que los alimentos o los productos de higiene se consideren cosa “de primera necesidad” se comprende mejor que el calificativo excelso y excesivo de “esencial” aplicado a una perfumería…
Una vez más comprobamos que el uso de esta o de aquella palabra tiene consecuencias; el comentarlo no es un pasatiempo de filólogos aburridos.
Ya otra pérdida de la pandemia es el sabor de esta hermosa, profunda palabra, “esencia”, la esencia de las cosas. Casi nos hemos resignado a la pérdida de sentido de la palabra española “evidencia” (mal utilizada como “prueba”) y al de muchas otras. Pero, ¿podremos conservar otras, la corrupción de cuyo sentido está aún en proceso incipiente, reversible tal vez?
Una persona puede tener “buenos contactos”. Contactos, no conexiones. Conexiones son las de los aviones, o los teléfonos. Las personas, las empresas, tienen contactos. “Tiene contactos en Alemania”, por ejemplo.
Expresión típica castellana es “un día sí y otro no”. Si malo es traducir literalmente “every other day” como “cada segundo día”, mucho peor resulta el emplear esa última disparatada expresión ya no al traducir algo, sino al expresarse espontáneamente en español, por influencia de haberlo oído mal traducido, como si eso contara más que las miles de veces que oímos decir “un día sí y otro no” (con la variante popular de “un día sí y otro también”).
Pero eso de hablar como si estuviéramos traduciendo mal del inglés es algo cada vez más frecuente. ¿Por qué se oye esa rara, chirriante frase de “Lo ha vuelto a hacer”, no ya al traducir algo, sino dicho por las buenas? ¿Tiene algo de malo el decir sencillamente, si hablamos de un campeonato, “Ha ganado de nuevo”, “Una vez más ha triunfado”, “Ha vuelto a triunfar” o cualquier otra frase de sintaxis española sin afectación?
Es verdad que “condolencias” se puede emplear, es un vocablo existente. Pero ¿siempre, siempre tiene que sustituir al castizo , espléndido “pésame”? Se da la paradoja de que en inglés esta palabra de origen tan latino, “condolences” es la habitual. Pero es triste que un español la emplee no por hallarla en su vocabulario, sino por efecto de las malas traducciones literales, como si eso pesara más que nuestra experiencia propia.
Y también se ha extendido la expresión, para poner punto y final a algo, de “fin de la historia” (traducción literal, claro, de “end of story”). Por ejemplo: “Pues el que se equivocó fue Fulanito. Fin de la historia”. Pero, ¿no nos resulta chirriante? ¿No es más lógico decir “Fulanito se equivocó y punto”? O bien, aún mejor, lo que siempre hemos dicho: “Pues pasó esto, y aquí se acaba la historia”.
“No hay evidencia de algún rebrote”, indica un locutor. ¿Por qué habla así? Querrá decir: “No hay constancia de rebrote alguno”. Insistimos: malo es traducir mal, pero peor, mucho peor, lo que ahora sucede, es decir el expresarse directamente en castellano como si se estuviera mal traduciendo del inglés.
Así, una maestra pone en sus anotaciones: “Luisa debería estudiar más”. ¿Por qué debería? ¿No es “debe” o “tiene que”? “Debería” estaría bien para referirse a un proyecto más remoto o utópico (“Esta niña es muy inquieta, debería… ir a boxear”)
Pero vayamos a palabras aún poco corrompidas, por si se salvan; como siempre, las que en forma se asemejan al inglés, y sólo por eso su matiz y su esencia (esta vez sí) peligran.
Ser una persona “agradable” sabemos lo que significa. Pero si leemos en inglés “Tom is a very agreeable person”, esto quiere decir que Tom es alguien complaciente, que no pone problemas. Incluso más concretamente se puede decir: “We’ll do that if Tom is agreeable” (Haremos esto si Tom está de acuerdo).
“A very exacting timetable” quiere decir un horario exigente.
“Conflagration” significa “incendio”. Pero en español, una conflagración alude más bien a una pelea.
En inglés, una persona “genial” significa cordial, casi cordial en exceso.
¿Perderemos el sentido, aún en vigor, de vocablos como agradable, exactitud, conflagración, genialidad…?
El remedio para conservar nuestra lengua (y hasta para preservar también las otras, manteniendo la belleza, el valor expresivo de cada una) no es tan difícil: contenerse un instante antes de copiar la expresión del último titular, y hablar como nos saldría más natural a la mayoría.
Le di el pésame. No hay pruebas de esto. Y se acabó la historia.





