He esperado estos tres días de luto oficial por respeto a los fallecidos y a sus familiares para pronunciarme. No sólo por ese respeto, sino porque para decir según qué cosas hay que tener la cabeza muy fría y no perder la razón que se pueda tener por las formas.
He esperado tres días. No sé si seré capaz de mantener la premisa anterior. Si así fuese, les pido disculpas de antemano.
Ha vuelto a ocurrir. Pocos meses después de la tragedia de Adamuz un AVE choca contra un Iryo por alcance. Muchos muertos. Demasiados. Y muchos familiares condenados al sufrimiento y a la impotencia para siempre.
El señor “menistro” de transportes, un ser vil, ruin, bellaco, grosero, bajo, indigno, despreciable, sinvergüenza, abyecto, canalla, granuja, alevoso, infame, mezquino, villano, pérfido, cicatero y miserable, fiel a las enseñanzas de su amo, el César, se escabulle entre los datos y convierte el relato de tal manera que si hay una víctima real es él.
De manera torticera, despreciable, con premeditación y alevosía filtraron los audios entre los maquinistas y los trabajadores de Adif, unos audios sesgados de manera sibilina y cruel, para, cómo no, construir un relato basado en la culpa a los técnicos e intentando virar la mirada de la responsabilidad que les corresponde.
Hace un año en sede parlamentaria el eslabón perdido de la evolución humana hablaba de la sustitución del sistema LZB por otro más moderno, afirmando que estaban en la fase final. No seré yo quien plantee algún tipo de conspiración paranoica, pero ¿no les llama la atención que el único trazado que mantiene el sistema que ha fallado, el LZB, sea el de Madrid a Sevilla?
Un sistema, por cierto, que no recomienda la UE, esa misma que ha entregado a España, el país europeo con más kilómetros de alta velocidad, 160 mil millones de euros en ayudas para modernizar el país, esa con la que el gobierno se comprometió a cambiarlo antes del pasado verano. ¿Saben dónde está la trampa?, en que el 84% se dedica a construir nuevas infraestructuras, con lo que ello conlleva de contratos y demás y sólo el 16% está destinado a mantenimiento.
Que los técnicos avisen, que el responsable de la compañía Iryio advirtiese en sede parlamentaria del riesgo que había con este sistema, que hace un mes la agencia estatal de seguridad ferroviaria avisase o que los maquinistas eleven la voz, no sirve para nada, bueno sí, para que mueran personas.
Una vez más la culpa no ha sido suya, ni de los que ocupan puestos de responsabilidad en Adif aunque no tengan ni puñetera idea de donde están, teniendo la única certeza de que están porque son “de”. Doce, doce puestos técnicos de los cuales echaron a los técnicos para colocar a personas con capacitación dudosa o sin experiencia ferroviaria, pero con el aval de un carnet político.
Es el modus operandi del César, colonizar las instituciones y amenazar a quienes no le son fieles ideológicamente, ya saben volverle la espalda al César es mayor delito que desarrollar correctamente las funciones de manera profesional.
Mientras tanto el eslabón perdido dice que no dimite porque así se lo ha pedido el César y porque debe terminar su proyecto. Afirma, además, todo compungido, que va a vivir un calvario de aquí a que se arregle todo.
¿Calvario, tú? ¡Calvario el de las familias que han perdido, no, que les has arrebatado a sus seres queridos! ¿Qué calvario les espera a ellos o a esa niña que llegará a este mundo y no conocerá a su padre?
Señor “menistro”, es usted un esbirro perteneciente a un gobierno criminal que tiene sus manos llenas de sangre; un gobierno criminal que se dedica a bailar y dar besitos mientras la gente muere; un gobierno criminal que ha constatado que su preocupación por el buceo o el descanso están muy por encima de las vidas humanas, un gobierno criminal cuyas hordas convierten los errores humanos en horrores humanos.
¡Qué Dios os confunda! A ti, al César, a vuestras hordas y a todos y cada uno de los que os votan con la nariz tapada para evitar inhalar el hedor putrefacto de vuestros actos.
Ha llegado el momento. Es ahora o nunca. Está en nuestra mano, a golpe de urna, ejerciendo nuestro derecho democráticamente el daros el pasaporte para viajar durante muchos años a un retiro forzado detrás de unas rejas y, si es posible, cerrando y perdiendo la llave, aunque, ni así, pagareis por todo el sufrimiento que estáis causando.
¡Ya está bien! No debemos permitir un exceso más, ni de los que están, ni de los que lleguen.
Dejemos de ser ovejas y empecemos a morder. Al principio nos costará, pero luego le cogeremos el gusto y nos alegraremos de habernos convertido en leones.
Sólo así podremos decir que es el inicio de una era y el renacimiento de un país. Mi más sincero pésame a todos y cada uno de los familiares y amigos de las víctimas.
Fin de una era. Fin de un país.
…¿Ven?, siempre hay algo que decir





