¡Sí que van rápidos los cambios, la destrucción de todo lo que nos queda de identidad propia! Ayer aún podíamos decir “menos mal que en España nos quedan los Reyes Magos”, como contrapeso a la liquidación total de la Navidad a partir del día 24 (cuando debía empezar). Pues ya se han terminado.
¿Qué podemos decir? Cuando el despropósito es tan gigantesco, no se sabe por dónde empezar…
El chantaje emocional que se emplea para acallar toda protesta, “la ilusión de los niños” (no se puede suprimir la Cabalgata porque esa es “la ilusión de los niños”, y por supuesto, cualquier actividad con la amenaza de una gota de lluvia de repente se ha vuelto inimaginable, ¡pobre Humanidad!), pues ese no sirve. La pérdida de raíces, de ritos, de fechas clave, es tan dura o más para los niños que para todo el mundo.
Cómo esta pérdida se efectúa, esto lo podemos constatar a veces contemplando acciones en apariencia inofensivas… En una familia llamémosle tradicional, un niño de tres años un día 2 o 3 de enero se echaba a llorar por cualquier razón o sinrazón. Tradicionalmente, esto no tenía nada de particular (¿hay algo más normal que un niño pequeño llorando?). Pero, ¡oh!, ¡ahora estamos en la época de la sobreprotección, de los superpadres! Inmediatamente los superpadres, para consolarle, le dijeron, “Mira, ya han venido los Reyes Magos”, y le entregaron los paquetes que estaban guardados para el día 6.
El niño se calló (lo que hubiera hecho de todos modos con otra distracción cualquiera). Pero le quitaron algo enorme, valioso, referencial. Se habla de “matar moscas a cañonazos”; aquí el refrán se queda chico. Por un “consuelo” banal, le quitaron el concepto de los Reyes Magos para siempre, con su fecha, con su parafernalia, con su sentido.
Ahora esto se hace a nivel institucional, y despreciando, como siempre, a los ciudadanos. El día 5 es el día 5, unos de los días en que tradicionalmente hay más multitud en la calle; sea para ver la Cabalgata o para evitarla, es un día en el que todos se ha organizado de un modo u otro. Van implicados billetes de tren, de avión, de hotel; planes familiares, horarios laborales, taxis, autobuses… hasta citas médicas, todo se ha organizado en función de las peculiaridades de ese día ¡Qué más da!
¿Qué intereses oscuros mueven el mundo? Está todo tan relacionado, que a veces se encuentra la clave, o al menos se encuentra una descripción acertada de lo que no atinamos, de puro atónitos, ni a describir, en el sitio más inesperado. En este caso, en un curioso libro, comprado por pura casualidad para leer en el tren hace años: “Fever Pitch”, del novelista británico Nick Hornby (luego traducido al español como “Pasión en las gradas”).
Cómo tiene que ser una sociedad para que lo único que le diera una identidad, un sentido de pertenencia de algún tipo, fuera el seguir a un equipo de fútbol… esto convierte este libro, publicado por primera vez en 1992, en algo de interés mucho mayor de lo que su título indica. “¿Cómo te puede interesar el relato de un fan siguiendo unos partidos de fútbol?” Pues dicho así no parece atractivo; pero resulta que sin querer, este escritor, que por entonces tenía unos treinta años, simplemente al describir con sinceridad y capacidad de observación su experiencia,y sus múltiples frustraciones, pues… pues viene a ser útil para explicar cómo funciona el mundo. Un sevillano frustrado con la reciente procesión Magna, y ahora con la Cabalgata, halla en las páginas de Hornby párrafos que podía haber escrito en su diario íntimo.
El joven Hornby empezó a ser fan de su equipo antes de que los partidos se televisaran (esto suena a Prehistoria, pero al parecer así era). Cuando la televisión empezó a tener protagonismo… entonces los fans pasaron a ser completamente ninguneados. “La fecha y hora marcada en tu billete no quiere decir nada: si a la BBC le conviene otra fecha, la cambia a última hora”. En una ocasión, el cambio de hora en el último momento implicó que el último tren para regresar a Londres ya había salido antes de que terminara el partido. Los miles de aficionados que se habían desplazado se quedaron literalmente sin techo. “Who cared? Just us, nobody important”. Los fans, los hinchas, los seguidores apasionados y de verdad.
“Who cared? Just us. Nobody important”.
Magistral frase, en su amargura; describía la realidad de unos pobres aficionados ingleses (será grotesco, tal vez, el que miles de personas vivan para seguir a su equipo – la única identidad que pudo proporcionarles una sociedad árida y desarraigada- pero ya que están, ¿cómo no las tiene en cuenta… su propio equipo?), pero sirve para describir al ciudadano de Sevilla y acaso del mundo.
La Magna, la no Magna, los Grammy, ahora cambio de fecha y de referencia y de hito vitalicio (se tambalea toda una vida, ya el día 5 de enero no es nada), más los trastornos organizativos… Pero ahí está la televisión (la Magna fue un evento para ser retransmitido), y no sabemos qué otros intereses ocultos.
“Who cared? Just us. Nobody important”. Con perdón de la cita, nosotros los fervientes defensores del castellano cuando hablamos en español, pero podemos permitirnos el admirar estas palabras escuetas.
Cuando se habla desde la sinceridad del corazón, las palabras resultantes tienen validez universal. “¿Cómo te interesa una historia futbolística?”. Pues sí: en la amargura de un joven pisoteado por la entidad que más amaba (¡y seguía amando!), puede verse reflejado un sevillano de a pie al que excluyen de lo que más ama. Las procesiones son para los VIPs y para la tele. Y los ritos y sus fechas te los escupo a la cara.
“Aprended flores, en mí /lo que va de ayer a hoy/ que ayer maravilla fui/ y sombra mía aún no soy” (Góngora).
Ayer aún teníamos los Reyes Magos.
Lo que va de ayer a hoy





