El gobierno de Sánchez sigue imparable hacia la consecución de la implantación de la dieta cero. Cero carne, cero dulces, cero helados, cero pescado, cero lácteos, cero refrescos, cero vinos, cero tabaco. Se empezó por prohibir fumar en lugares públicos y once o doce años después ya vamos hacia la prohibición de las cuñas de chocolate y el petisú.
De momento el ministro Garzón, ese muchacho nacido en la misma cuna que los caramelos de café con leche más famosos de España, los de la Vda de Solano, quiere prohibirles los dulces, galletas, zumos y helados a los niños de cero a dieciséis años y ya tiene aprobado el texto para un Decreto Ley – ya saben que este gobierno es el de los decretazos – que prohíba la publicidad de esos productos si va dirigida a los niños y adolescentes. El amargo decreto entrará en vigor en 2022. El ministrito dice que esta prohibición es por el bien de la salud de los niños españoles que según él y los expertos de la amargura están muy gordos. Un 40% de los niños españoles son gordos, según ellos. Esto de velar por la salud del ciudadano es una justificación que no se sostiene, porque sabemos que la realidad no es otra que seguir los planes fijados desde la ONU para salvar la Tierra poniendo a dieta al ser humano. Es decir, matándolo y neutralizándolo con dietas de ortigas y escarabajos, sin sal y sin azúcar para así conseguir una mortalidad similar a la que había antes de la revolución industrial y por supuesto un número de nacimientos controlados y reducidos al mínimo.
Frente a todo esto lo que más me llama la atención es ver como nadie se enfrenta a estos gurús de la destrucción de la sociedad. Los fabricantes solo han hablado para proponer auto regulaciones de su publicidad que no son más que los prolegómenos de su suicido. Nadie les contesta airadamente con el irrebatible razonamiento de que desde mediados del siglo XIX y entre el siglo XX y lo que va del XXI la esperanza de vida en España ha aumentado en más de 40 años. En 1850 no se llegaba a una media de cuarenta años de vida, y hoy nuestra esperanza de vida va de los ochenta y cuatro años de las mujeres a los setenta seis de los hombres, y sobrepasamos la media europea.
Este crecimiento lo hemos logrado comiendo de todo, carnes, pescados, verduras frutas, legumbres, tocino, chorizos, morcilla y embutidos varios, guisando con aceite de oliva, bebiendo vino y tomando dulces. No es cierto que en España haya un 40 % de niños gordos como asevera el ministro Garzón. Y aunque lo fuera, el Gobierno no tiene derecho alguno a impedir que los fabricantes de dulces, zumos, chocolates y helados anuncien sus productos en donde y a la hora que les dé la gana, como tampoco lo tienen a dirigir la dieta de los niños ni la de nadie, eso es cometido de las familias y en algunos casos de los pediatras.
Como esto siga por donde va veremos pedir el D.N. I a los clientes de los puestos de algodón de azúcar y de turrón de las ferias y para permitir la entrada en las confiterías y pedir un palo de nata o un petisú. Las generaciones que nazcan de 2022 en adelante van a ser pocos y van a ser adoctrinados para ser muy agresivos contra los subversivos a estos planes que hemos ido naciendo desde 1950 hasta 1975, tres generaciones criadas con sal, azúcar y todo lo que hay que tener para que el cerebro funcione correctamente sin dejarnos pisotear por este nuevo comunismo global que amenaza nuestras vidas. Al ministro Garzón y a su jefe Sánchez les recomiendo una buena fuente de huevos fritos con morcilla, con mucha morcilla, de postre una fuente de fardalejos y con el café, con cafeína y su cucharadita de azúcar blanco, una pastilla de nata y fresa de caramelos Solano.
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