Movidas que en el siglo pasado surgieron como denuncias para corregir reprobables actitudes machistas, excesos y discriminaciones, a inicios de éste han ido adquiriendo una preocupante deriva contra el hombre y la masculinidad en general, cuya imagen se encuentra en un interesado sometimiento a la deformidad, por la presión ejercida desde diferentes frentes. Por supuesto que a ello han ayudado mucho la complicidad de muchos hombres y el temor a ser tachados de ultras, cavernícolas y machistas; así como otros factores mediáticos (programas de televisión, series, películas y parcelas de la cultura dominados por la propaganda progresista),
Por un lado, desde el extremo de un idealizado y buenista homosexualismo, y con el pretexto de normalizar la imagen del homosexual, nos los han estado presentando como los más guapos, fuertes, cariñosos,
Al mismo tiempo, y desde el extremo de la parte del feminismo más rabiosamente anti masculino (pero que, paradójicamente, pretende masculinizar a la mujer y aborrece de su femineidad), también nos han estado presentando al hombre como un ser primario y brutal, regido por los instintos más bajos y en permanente actitud de agresión a todo lo que se menee, principalmente a las féminas. Una sesgada visión que ha tenido sus efectos legales, consiguiendo sentar la presunción de culpabilidad de los hombres cuando entran en conflicto de pareja con las mujeres; algo que, aun resultando notoriamente enfrentado con el principio de igualdad del artículo 14 de la CE, y la presunción de inocencia del artículo 24, no ha sido rechazado por el Tribunal Constitucional, demostrándose quién domina los vientos de la interpretación de la realidad social.
Por último, la ya distorsionada imagen del malhadado y malévolo varón, ha vuelto a sufrir una nueva vuelta de tuerca con la irrupción de esa disparatada doctrina de la Ideología de género que, con tanto ahínco, persiguen inculcar en las mentes infantiles desde sus más tiernas edades, con la innegable gravedad que ello implica. Una nueva doctrina en la que, con su fantástico mundo de tropecientos géneros en continua ebullición, también el hombre -heterosexual, por supuesto- vuelve a resultar el presunto culpable de casi todos los males genéricos, genéricamente y en general.
De este modo tan progresivo y con el necesario impulso y protección de influyentes voces y gestos progresistas, hemos llegado a que hoy ya sea reo de la peor sospecha, quien ose abiertamente manifestar que a la inmensa mayoría de los hombres nos gustan las mujeres; y a las mujeres, los hombres. Y como tan contundente arma de destrucción masiva contra la biología y el sentido común apenas encuentra ya oposición, es lógico que sigan avanzando y creciéndose en sus posiciones de criminalización del varón, y ya hasta pretendan penalizar al
Y toda esta desatada locura recogida en leyes, dicen hacerla en defensa de la normalización y el derecho a la diversidad (?). Una tremenda deriva que tendrá sus efectos.





