Bashar Al Asad, presidente dictador de Siria, en cuestión de pocas horas vio como colapsó su régimen de casi 25 años; lo que sólo se explicaría admitiendo la traición de las fuerzas y países que hasta entonces le apoyaban en la complicada casilla que ocupaba en el escenario internacional. Tras su derrocamiento, el dictador huyó a Rusia, siguiendo la tradición de este país que durante muchos años acogió, produjo y reprodujo, impuso y sostuvo a dictadores por todos los puntos del planeta; aunque parece que hoy estas cosas no debieran recordarse…
Pero lo verdaderamente poco serio, y muy preocupante, de lo que está sucediendo en Siria es que, siendo los yihadistas los actores protagonistas del derrocamiento del dictador (es decir: los que imponen la ley de la sharía asesinando, encarcelando y persiguiendo a troche y moche, incendiando iglesias y cortando cabezas, especialmente de cristianos), la reacción mayoritaria, incluso en Occidente, ante el asalto al poder de estos criminales haya sido un generalizado alborozo. Un optimismo que recuerda demasiado el ánimo con que se acogieron aquellas denominadas «primaveras árabes», que tan terribles sangrías desataron y en nada mejoraron lo que había.
Y es que resulta cada vez más difícil desentrañar la identidad e intereses de las fuerzas que aparentemente mueven las fichas del tablero internacional. O quizá es que percibamos sólo aquellos movimientos que nos muestran.






2 Comments
Ninguna duda a lo que expone Miguel Àngel Loma: las fichas del tablero internacional son movidas por «intereses inconfesables». La ¿Primavera árabe en Siria? es ejemplo de ello.
Desentrañarlos exige la atenta vigilancia de Rusia, Ucrania, Israel, el Islam, Corea, China, U.S.A y la OTAN. Particular responsabilidad en la hecatombe le cabe al yanqui sionismo.
Saludo al autor y acompaño deseos de Feliz Navidad y Año Nuevo.
Muchas gracias. ¡Feliz Navidad y feliz año!