Andan los de apellido compuesto y los compuestos por el apellido, muy preocupados por la deriva del PP en Sevilla. Resulta que ahora los dirigentes son los de las bases, unos simples Pérez, a secas. Asombra que los que dejaron la organización hecha unos zorros, los que despreciaron la mayoría en el Ayuntamiento hispalense como si eso fuera a durar para siempre, los que hicieron la maleta para la capital en cuanto vieron la más mínima oportunidad de progresar, políticamente hablando se entiende, quieren buscar una alternativa al actual y único candidato que existe por ahora. El problema es que no está el horno para bollos. Desde dentro saben que Beltrán tiene apoyos más que suficientes en los distritos. Y desde fuera el caballo blanco que buscan no aparece. Porque claro, ¿quién quiere ir de potro viejo si sabe que la carrera en el hipódromo está ganada?
El Partido Popular necesita una profunda transformación. Pierde votos y presencia arrollado por el partido atrápalo-todo de moda, los naranjitos, que se han crecido gracias a la espectacular labor, todo hay que decirlo, en su Cataluña natal. Pero como desde arriba oyen llover cada vez que se habla de cambios, resulta que los que aguantan el tinglado lo están haciendo desde abajo. Hartos de dar la cara en las asambleas de vecinos, de poner el callo en las asociaciones de barrio, de preparar elecciones, ahora quieren reservarse ellos el derecho de elegir a su candidato y no que lo hagan otros, ajenos al partido, en los reservados de los restaurantes sevillanos. ¿Qué desde Madrid la poderosa secretaria general decide que no es Beltrán Pérez el elegido? Pues que vaya contratando personal para vender el muñeco o la muñeca porque habrá huelga de militantes con los brazos caídos. Y si no, al tiempo. La democracia es así, que si crees en ella es con todas las consecuencias.





