Soy Funcionario y me encanta trabajar en la Dirección General de Administración Local de la Junta de Andalucía.
En una ocasión atendí con mi compañero Carlos a un puñado de Concejales de tres municipios de Granada.
Tenían una iniciativa ejemplar y acorde a la colaboración entre municipios para solventar problemas comunes: crear una mancomunidad en defensa de la infancia.
Únicamente, al llegar al apartado de los datos financieros, los dos Funcionarios comentamos que se hallaban enormemente engrosados, sin la concreción que el asunto requería.
En ese momento, los hasta entonces amables Concejales cambiaron de registro, mostrándonos su versión más chunga, obviando el código de respeto mínimo para atizarnos improperios de todo pelaje.
En un instante pasamos a convertirnos en los malos de la película. Insensibles a los sufrimientos de los niños más vulnerables. Corruptos de la administración pública. Vagos de siete suelas. Mafiosos que seguro que cederíamos en nuestras exigencias si nos dejábamos untar manteca colorá en billetitos de 500 euros.
Encajamos con deportividad injurias y lenguas viperinas, intentando hacerles comprender que, debido a nuestra condición de servidores públicos, teníamos que salvaguardar la sostenibilidad de las entidades locales. No podíamos, no queríamos, ni debíamos avalar, en nombre de la administración andaluza, la anunciada crónica de una mancomunidad fracasada, con las cuentas del Gran Capitán sin definir.
Les ofrecimos todas las facilidades del mundo para subsanar sus deficiencias presupuestarias, de modo que el proyecto se acogiera a la legalidad. Pero no hay peor sordo que quien oír no quiere. Todo fue inútil ante la Fuenteovejuna de los ediles en su iniciativa, deseosos de lincharnos y arrojarnos al Guadalquivir.
En la prensa local de tales municipios salieron en primera página el careto de mi compañero y el mío, diciéndonos de todo menos bonito. Personas non gratas, golfos y demás.
Él y yo optamos por lo más inteligente: carcajearnos del tema a mandíbula batiente. Bromeando en el desayuno con el Halloween de nuestras carreras funcionariales, echando un vistazo a los cafés por si algún sicario por encargo nos daba el cambiazo de la sacarina por cianuro.
Unos meses después, cuando la mancomunidad quebraba, asfixiada por deudas y pésima gestión, no nos alegramos en absoluto. No éramos tan malvados. Sentimos de veras que tan fabuloso proyecto naufragara por la actitud cerril de quienes (supuestamente) representaban a los vecinos en sus respectivos pueblos.
Salvando distancias de asuntos y tiempos, he percibido el parangón que guarda la anterior historia con una noticia reciente, referida a la «Fundación contra el terrorismo y la violencia Alberto Jiménez -Becerril», que me ha hecho sentir una sincera empatía hacia Cristina y Gonzalo, protagonistas por su buen hacer.
La Fundación se creó en 1998, tras el cobarde asesinato por ETA de nuestros siempre queridos vecinos Alberto y Ascen.
Inmediatamente se adhirieron a ella el Ayuntamiento, el Colegio de Abogados y el de Procuradores, la Universidad, la Diputación Provincial y las dos cajas de ahorro de Sevilla; el Parlamento de Andalucía; el Senado y una representación familiar del matrimonio que nos espera en el cielo, creando un Patronato para su adecuada gestión.
Evidentemente, cualquier ciudadano de bien alberga todo el respeto y toda la admiración hacia la Fundación y el Patronato, incluyéndose entre ellos, por supuestísimo, Cristina Peláez (miembro por derecho del Patronato) y Gonzalo García de Polavieja, Concejales del Ayuntamiento y los primeros que participan, en primerísima línea, en todos los actos de homenaje a Alberto y Ascensión.
Pero sucede que Cristina y Gonzalo, conscientes de su condición de representantes públicos servidores del pueblo, no pueden, no quieren, ni deben comulgar con las ruedas de molino de una dotación presupuestaria del Patronato claramente deficiente, con chapuceros desgloses de partidas hechos a brocha gorda y ojo de mal cubero, con el riesgo que ello conlleva de fracaso y de vergüenza, máxime tratándose de una entidad tan emblemática para Sevilla.
Nuevamente ciertos buitres han oteado a sus presas. Valiéndose de medios de comunicación sobornables y paniaguados, de periodistas capaces de vender su alma a Belcebú antes que perder su nómina, así como (¡ay!, ¡lo que más duele!) de los afectos de buenas personas fácilmente manipulables por su escaso nivel cultural, han tachado a Cristina y Gonzalo de indignos, de extremistas, de insolidarios, de … de terroristas. Que todo ello me suena y me recuerda a algo.
¿Y por qué esa cruel inquina, esa manipulación sin escrúpulos, ese mentir con naturalidad? Los que estamos en el ajo de la participación social conocemos a la madre del cordero: por ser vos quien sois. Es decir, por ser vos, ambos dos, del partido VOX.
Porque hace falta tener muy poca vergüenza para ser Concejal de VOX. Poquísima vergüenza y un viaje de redaños para llamar al pan pan y falta de transparencia a la opacidad económica.
Con las verdades del barquero, VOX está dando la batalla cultural a favor de la dignidad del ser humano. Batalla cultural ineludible que otros se han negado a acometer, enarbolando bandera blanca en aras del buen rollito tolerante y rédito electoral. Y claro, cuando los representantes de VOX hablan, las vergüenzas quedan al aire. Y eso no agrada al estatus quo de muchos intereses creados.
Cristina y Gonzalo han sido los únicos Concejales que se han enfrentado a la perversa ideología de género que encorseta a los hombres como potenciales violadores sin presunción de inocencia. Sólo Cristina y Gonzalo recordaron públicamente el 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad, a los millares de niños que no vemos jugar en nuestros parques, tras haber sido dejados fuera de juego en la vida en clínicas de eliminación de embarazos, por el hecho de venir, precisamente, con alguna discapacidad. Ella y él son los únicos que fiscalizan con rigor cualquier entidad municipal, sin conformarse con una patente de corso, ni con hacer la vista gorda, ni aceptar que ancha deba ser Castilla en función de las empresas o fundaciones que sean.
No. Justamente porque en estos organismos se invierte el dinero de contribuyentes que se levantan a las 6 de la mañana para currárselo y para mantener el entramado local, la verificación presupuestaria debe acentuar su rigor, que no estamos disparando con pólvora del rey.
¿La petición de Cristina de que se le faciliten ciertos datos contables de desglose presupuestario debe convertirla en diana de la ira de quienes se instalan en su pasividad? Evidentemente no. Con esta verificación cumple con su grave deber de velar por la buena gestión de los dineros de los sevillanos.
«Cuestionar la evidencia resulta tan absurdo como bañar a un pez», que dice un proverbio chino; o «in claris non fit interpretatio», como dijo el filósofo». La trayectoria de VOX desde sus inicios, uno de cuyos fundadores fue Ortega Lara, que fue secuestrado por ETA en un zulo; las amenazas de muerte que vertieron los terroristas sobre Santiago Abascal y familiares; su apuesta por incorporar en cargos de responsabilidad a víctimas del terrorismo; su iniciativa de ilegalizar a partidos independentistas o de modificar la ley electoral para que el voto de un español valga lo mismo en cualquiera de sus regiones, sin vernos condicionados por parlamentarios con lacitos amarillos y tontos abertzales, convierten a este grupo político en ineludible referencia en la lucha contra el terror y la violencia. Evidente. Claro como el agua clara.
De modo que las críticas a Cristina y Gonzalo por mantener una actitud ética y no bizcochable con cuentas municipales, sólo pueden provenir de la atrevida ignorancia de quienes se mueven por inconfesables intereses y dinero calentito.
Y es que, compadres de periodismo prostituido, mientras os cebais con ellos dos, guardáis un silencio cómplice de claustro conventual con el hecho de que el Alcalde Juan Espadas sea Presidente de Honor del Patronato de la Fundación Jiménez-Becerril. Es decir, la Presidencia y el Honor para quien representa a un partido que pacta con Bildu, los que piden prebendas para los asesinos de Alberto y Ascen. Todos lo sabemos. No cuela.
Así que uno que ya libró su particular guerra de Vietnam contra ciertos políticos granadinos a quienes el cochino les salió mal capado, desea trasladar su más sentida enhorabuena a Cristina y a Gonzalo, animándoles en su empeño de servicio a la vecindad y a que se rían a mandíbula batiente de buitres, cuervos y demás carroñeros que pervierten el periodismo.
Porque arrieritos somos y en las elecciones nos encontraremos.
Noticia relacionada: VOX se plantea la retirada definitiva de la Fundación Jiménez-Becerril tras confirmar oscurantismo en sus cuentas





