Todas las figuras del toreo han tenido quien les escriba. Aquí no podemos decir lo del Coronel de García Márquez, a quien se le fue la vida de tanto esperar que le pusieran unas letras desde el gobierno, con noticias de su pensión, mientras se moría de hambre y ausencias acumuladas. Manuel Chaves Nogales escribió sobre Juan Belmonte y la leyenda del Pasmo de Triana se desparramó por el mundo, aportando la visión del torero que se codea con “la crema de la intelectualidad”. José Carlos Arévalo y José Antonio del Moral sacaron a la luz “Nacido para morir”, dedicado a Francisco Rivera Paquirri, y en él bebimos varias generaciones de aficionados.
Por su parte, el madrileño Paco Aguado le ha escrito —así, como el que no quiere la cosa, como en un pase del desprecio— a Joselito Gómez Ortega y a José Antonio Morante Camacho. Dos libros diametralmente opuestos. El de José es un recorrido minucioso por su vida y su obra, levantando las alfombras para que salieran a la luz datos inéditos del Rey de los Toreros y pudiéramos atisbar la grandeza del hijo de Gabriela Ortega. El de Morante, por el contrario, está más cercano y arrimado al filosofar y al describir con palabras el toreo del de la Puebla del Río. Como Corrochano hiciera con el de Gelves en “¿Qué es torear? Introducción a la tauromaquia de Joselito” (Imprenta Góngora, 1953). O Felipe Benítez Reyes con Rafael de Paula en el “Rafael de Paula” (Ediciones Ulises, 2019) —y es que aquí sobraban los títulos, ¿verdad?—. O José Bergamín con el del barrio de Santiago en “La música callada del toreo” (Ediciones Turner, 1981).
En “Por qué Morante (antes y ahora)” (Ediciones El Paseillo, 2024) —una edición ampliada de lo escrito hace doce años— Paco Aguado desenmaraña la tauromaquia, —las mil y una tauromaquias— que se reúnen en la figura mítica de Morante. Y lo hace, además, de una forma magistral. Nos muestra un Morante extemporáneo, clásico a más no poder, “bien arrematao”, que decía El Gallo…. Un Morante extemporáneo dentro y fuera de la plaza. No hay dobladillos en sus muletas, en sus capotes y en su forma de ser.
Aguado torea escribiendo, que se puede torear de muchas maneras. Hasta los mozos de espadas torean. Como Caracol el del Bulto cuando vestía a su primo José. Como cuando Gonzalo le dijo a Curro Romero, cuando este fue a la barrera a por el estoque de verdad, el de los aceros que parten en dos el bacalao del toreo eterno, aquello de “a dos manos me encanta, me encanta, me encanta”. Y así, a dos manos, cerró el de Camas al toro para afrontar la suerte suprema.
“Por qué Morante (antes y ahora)” es un libro —un ensayo amenísimo, que nos responde mil interrogantes de los por qués de Morante— que hay que cerrarlo cada dos por tres para darle vueltas a la perola. Cada párrafo es un muletazo, un capotazo, sobre el que hay que discernir, embeberse con el qué dice y en el cómo lo dice. Cuando empecé a leerlo, mediodía de un domingo de azules cielos en la campiña sevillana, le escribí al autor: “Que tiemble la tauromaquia de José en las palabras de Corrochano”. Él me contestó: “No será para tanto”.
Pues sí, Paco. Sí lo es. Es para tanto y para más. Porque escribes siguiendo al dedillo la máxima belmontina del “se torea como se es”. Llevas las ideas muy toreadas y —desde el comienzo del muletazo (digo… del párrafo)— vas desgranando milímetro a milímetro, con un compás exacto y un temple envidiable, lo que dices, que siempre está a la altura del cómo lo dices. En estas páginas, señoras y señores, el fondo es importante. Y la forma no se queda atrás, no le va a la zaga.
Creo que el autor, sin pretenderlo —porque el libro no es para nada pretencioso— ha conseguido dibujar el toreo de Morante, ha logrado acercar el candil al negro misterio de su toreo. Por eso, Aguado atisba la luz del secreto torero de Morante. Paco deja muy claro que su tauromaquia ha evolucionado desde aquel adolescente delgado a este marajá del toreo eterno, a este egipcio de perfil romano que ha roto moldes sin romper un plato. Entre otras cosas, porque José Antonio pone el arte al mismo nivel del valor, basamento de su tauromaquia. Porque el toreo de Morante está criado en el laboratorio de esa alquimia imposible que no deja ver la linde entre el arte y el valor. Un valor que no se muestra, sino que hay que buscarlo. O saber verlo. Y es que hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto leyendo sobre toros. Tanto, como disfruté viendo torear al de la Puebla del Río.
Pst: Este humilde juntador de palabras llevaba un tiempo pergeñando algo sobre la tauromaquia de José Antonio Morante. Después de leer el libro de Paco Aguado se me han quitado las ganas porque no soy capaz de hacerlo ni parecido.






